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La palabra de Dios diagnostica la condición del hombre con la precisión de un cirujano. Cuando ella expone nuestras debilidades y nuestra incredulidad de esta manera, muestra su poder inherente, intensidad y precisión. Nos recuerda constantemente que a medida que nos sometemos a la palabra, lo hacemos por mucho más que el conocimiento intelectual o para aprender hechos bíblicos. Lo hacemos por el ministerio de la Palabra, porque Dios se encuentra con nosotros en su palabra, y el Espíritu Santo obra poderosamente a través de ella. Esta obra espiritual de la Palabra de Dios va mucho más allá del valor educativo básico de aprender la Biblia.
Entendiendo esta naturaleza espiritual de la Biblia, el escritor de hebreos podía decir esto con seguridad. La Biblia no es una colección de historias viejas y mitos. Ella tiene vida y poder inherentes. El predicador no hace que la Biblia cobre vida. La Biblia está viva, y le da vida al predicador y a cualquier otro que la reciba con fe. Eficaz nos recuerda que algo puede estar vivo, pero al mismo tiempo inactivo. Pero la palabra de Dios es viva y eficaz, en el sentido de estar activa. Además, nos alcanza con sorprendente precisión, y el Espíritu Santo le da poder al ministerio de la palabra para que obre profundamente en nuestros corazones. Una espada de dos filos no tiene lado desafilado: corta por aquí y por allá. La revelación de Dios que se nos da en las Sagradas Escrituras tiene filo por todas partes. Está viva por todas partes, y en todas partes lista para cortar la conciencia y herir el corazón. Puedes estar seguro de que no existe un versículo superfluo en la Biblia, ni un capítulo que sea inservible.
El autor de hebreos hace una distinción entre alma y espíritu, indicando que se puede hacer una división entre ellos. El uso de la palabra pneuma en el Nuevo Testamento para referirse al espíritu humano se enfoca en el aspecto espiritual del hombre, es decir, su vida en relación con Dios, mientras que la palabra psyche se refiere a la vida del hombre independientemente de su experiencia espiritual, es decir, su vida en relación con él mismo, sus emociones y pensamiento. Hay una fuerte antítesis entre los dos en la teología de Pablo. La Biblia nos dice que las personas tienen una naturaleza “interior” y una “exterior. Estos dos términos son usados con frecuencia como si fueran sinónimos, como referencia general al hombre interior. Pero este no es siempre el caso. A veces se hace una distinción entre el alma y el espíritu. Podemos decir que alma parece enfocarse más en la individualidad con respecto a la vida interior (a menudo definida como la mente, la voluntad y las emociones). El espíritu parece enfocarse más en el contacto y el poder sobrenatural en la vida interior. No hay nadie escondido ante Dios. Él ve nuestro corazón y sabe cómo tocarlo, y debemos dar cuenta por cómo respondemos a su toque.
La idea de que Jesús es nuestro sumo sacerdote ha sido mencionada antes. Pero ahora el escritor de hebreos desarrollará la idea más ampliamente y quiere llamar la atención al carácter específico y único de Jesús como nuestro gran sumo sacerdote. Ningún otro sumo sacerdote fue llamado gran, ni traspasó los cielos. Saber que tenemos un sumo sacerdote, y que es único y glorioso, es maravilloso. Es aún más increíble saber que Él traspasó los cielos, que ha ascendido al cielo, y que ahora ministra ahí para nuestro bien. Estás cosas deberían alentarnos a retener nuestra profesión. Hasta ahora, el escritor de hebreos ha tenido cuidado de documentar tanto la deidad de Jesús como de recordar también su humanidad compasiva. Significa que Jesús, Dios el Hijo, con su trono en el cielo, nuestro sumo sacerdote, puede compadecerse de nuestras debilidades. Jesús sabe lo que es ser tentado y luchar contra el pecado, a pesar de que nunca fue manchado por él. Su falta de pecado fue; por lo menos en parte, una falta de pecado merecida al ganar victoria tras victoria en una batalla constante con la tentación que la vida en este mundo conlleva.
A veces pensamos que como Jesús es Dios, nunca podría conocer la tentación de la misma manera que nosotros. En parte esto es cierto: Jesús enfrentó la tentación de una forma mucho más difícil de lo que nosotros lo hemos hecho o lo haremos. Aquel Sin-Pecado conoce la tentación de una manera que nosotros no, porque solo aquel que nunca cede a la tentación conoce toda la fuerza de la tentación. Es verdad que Jesús nunca enfrentó la tentación en un sentido interno como nosotros lo hacemos, porque nunca hubo una naturaleza pecaminosa empujándolo hacia el pecado desde su interior. Pero conocía la fuerza y la furia de la tentación externa de una forma y en un grado que nosotros nunca podremos conocer. Él sabe por lo que pasamos y ha enfrentado cosas peores. Sin embargo, soportó triunfalmente toda forma de prueba que el hombre pudiera soportar, sin debilitar su fe en Dios ni relajar su obediencia a él. Tal resistencia implica más, no menos, que el sufrimiento humano ordinario. Debido a que tenemos un sumo sacerdote que es omnipotente y misericordioso, podemos acercarnos confiadamente a su trono. Hacernos creer que no tenemos acceso a esto es una estrategia de Satanás. Algunas veces el diablo quiere hacernos pensar que Jesús es inaccesible, tal vez alentándonos a acercarnos a María o a los santos en vez de a Jesús. Algunas veces el diablo quiere que pensemos en Jesús como alguien que no puede ayudar, y no como alguien que se sienta en un trono en el cielo. El trono de Dios es el trono de la gracia. Cuando nos acercamos, podemos alcanzar misericordia y hallar gracia cuando necesitamos oportuno socorro. Los rabinos antiguos enseñaban que Dios tenía dos tronos, uno de misericordia y uno de juicio. Ellos decían esto porque sabían que Dios era ambas cosas: misericordioso y justo, pero no podían conciliarse estos dos atributos de Dios. Afortunadamente, Dios provee socorro en nuestros tiempos de necesidad. No hay petición demasiado pequeña, porque Él quiere que por nada estemos afanosos, sino sean conocidas nuestras peticiones.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse
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