Los hermanos de José, temían que tal vez José se volviera contra ellos después de la muerte de Jacob. Conociendo la naturaleza humana, esto no era una preocupación infundada. Aquí reconocieron libremente todo el mal que ellos le hicieron. Lo que les preocupaba era la justicia. José, con su alto estatus y prestigio en Egipto, era sin duda capaz de darles esta retribución.

La historia es, probablemente, inventada. Ellos no sienten que tienen el derecho moral para pedirle a José misericordia, ya que pecaron tanto contra él. Así que ponen la solicitud de clemencia en la boca de su muerto y honorable padre. José lloró, probablemente, porque sus hermanos pensaban tan mal de él y dudaban tan grandemente de su carácter. Respaldaron su petición de clemencia con una genuina demostración de humildad. José fue el primero en comprender que no estaba en el lugar de Dios. No era su trabajo darles el castigo merecido a sus hermanos. Si el Señor decidía hacerlo, el instrumento no sería José. Desde una perspectiva humana, José tenía el derecho y la posibilidad de darles el castigo merecido a sus hermanos; pero él sabía que Dios era Dios, y él no lo era.  Él no idealiza el mal que sus hermanos le hicieron. Él claramente dijo: “Ustedes pensaron hacerme mal”. A pesar de que esto era cierto, la verdad más grande era que “Dios lo encaminó a bien”. Cada cristiano debe ser capaz de ver la mano absoluta de Dios en su vida, de saber que no importa el mal que el hombre pueda hacernos, Dios puede usarlo para el bien. En última instancia, nuestras vidas no están en manos de los hombres, sino en las manos de Dios, quien gobierna todas las cosas para su gloria.

Si esta gran familia no llega a vivir en Egipto, habría muerto en la hambruna. Si la familia hubiera sobrevivido a duras penas, hubiera sido asimilada por los cananeos que la rodeaban. Solo llegando a Egipto podían ser preservados y convertirse en una nación distinta. Como se dijo antes, si los hermanos de José no lo hubieran vendido a los madianitas, entonces nunca hubiera ido a Egipto. Si José no hubiera ido a Egipto, nunca hubiera sido vendido a Potifar, la esposa de Potifar nunca lo habría acusado falsamente de violación, nunca hubiera estado en la cárcel, nunca se habría encontrado con el panadero y el copero del faraón, nunca hubiera interpretado sus sueños, nunca hubiera llegado a interpretar el sueño del faraón, nunca habría llegado a ser primer ministro, nunca se habría administrado con prudencia para la gran hambruna que venía sobre la región, entonces la familia al regresar a Canaán hubiera perecido a causa de la hambruna, el Mesías no habría podido salir de una familia de muertos. Si el Mesías no vino, entonces Jesús nunca vino, entonces estamos muertos en nuestros pecados y sin esperanza en este mundo.  Estamos muy agradecidos por el grande y sabio plan de Dios.

El amor de José por sus hermanos no se manifiesta solo en sentimientos y palabras, sino también en la acción práctica de proveer para sus hermanos y sus familias. Su larga vida fue una evidencia más de la bendición de Dios sobre José, como lo fue ver a los hijos de Efraín hasta la tercera generación. Las dificultades de su vida no disminuyeron la máxima bendición de Dios sobre él. José fue el agente humano responsable de traer a esta familia a Egipto. Sin embargo, él sabía que por el pacto que Dios había hecho con Abraham, Isaac y Jacob, este no sería su lugar de descanso. Irían, finalmente, de vuelta a Canaán. De acuerdo con este pasaje y con hebreos 11:22, José nunca fue enterrado. Su ataúd se puso sobre el suelo y permaneció así aproximadamente 400 años, hasta que fue llevado de vuelta a Canaán. Fue un testigo silencioso durante todos estos años de que Israel iba a volver a la tierra prometida, como Dios dijo. José vivió una vida de dramática fe.

Al final, así es como es recordado en hebreos, el Museo de la Fe: “Por la fe José, al morir, mencionó la salida de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos”. Esta promesa se cumplió 400 años más tarde, cuando Israel salió de Egipto. Esta orden demostró que el corazón de José se encontraba en la tierra prometida. También demostró que era un hombre de gran fe, que confiaba en cosas que aún no se veían. Durante todo ese tiempo, si un niño de Israel veía el ataúd de José y preguntaba por qué estaba allí y por qué no había sido enterrado, podrían responderle: “Porque el gran hombre José no quería ser enterrado en Egipto, sino en la tierra prometida, a donde Dios algún día nos llevara”. Algunas promesas de Dios tardarán mucho tiempo para cumplirse y tenemos que perseverar en la confianza en Dios. George Mueller era un hombre notable de fe que recorrió los orfanatos en Inglaterra. En un sermón predicado cuando tenía 75 años de edad, dijo que 30.000 veces en sus 54 años como cristiano recibió la respuesta a su oración en el mismo día en que oró. Pero no todas sus oraciones fueron escuchadas con tanta rapidez. Habló de una oración que trajo a Dios cerca de 20.000 veces a lo largo de más de 11 años y todavía confiaba en Dios por la respuesta. José murió esperando el desarrollo del plan de redención de Dios, y ahí es donde el libro de Génesis —el Libro de los Comienzos— termina. Concluye esperando la continuación del eterno, amoroso y sabio plan de Dios.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.