Rama fructífera esto es una descripción de la vida de José y, al mismo tiempo, una bendición personal concerniente a su descendencia. Las tribus de José fueron bendecidas cuando sus hijos recibieron su bendición en Génesis 48. Esta descripción de José habla de estar bien sustentado y provisto en su profunda y real relación con Dios. “El punto principal en el carácter de José era que tenía una clara y constante relación con Dios y, por lo tanto, Dios lo bendijo grandemente. Él vivió para Dios, y era siervo de Dios; él vivió con Dios, y era hijo de Dios”. Aunque José fue tirado en una cisterna y odiado, era una rama fructífera. Esto se debe a que los brazos de sus manos se fortalecieron por las manos del Altísimo Dios de Jacob. La idea es que las manos de Dios estaban sobre las manos de José, dándole fuerza y habilidad para manejar el arco de manera experta.

Dios estaba allí, aun cuando José no lo sabía. José fue bendecido, sin duda, en su posteridad. Sus tribus fueron de las más pobladas. En este sentido, recibió la “bendición material”, el aspecto de la doble porción de la herencia del primogénito. Jacob ahora, al final de sus días, vio lo bueno y justo que Dios era con él. Fue muy perdonado y muy amado. En sus palabras acerca de José, Jacob enumeró cinco grandes títulos para Dios. Estos títulos demuestran que Jacob llegó al entendimiento de quién es Dios: El poderoso Dios. El Pastor. La Roca de Israel. El Dios de tu padre. El Todopoderoso. Esto es mucho mejor que cuando Jacob se refirió a Dios como el Dios de Abraham o aquel a quien temía Isaac su padre. Ahora, él por sí mismo, sabe quién es Dios.

Benjamín se trata de una tribu con una reputación de fiereza. Por la mañana comerá la presa: Para ver el alcance de esto, la crueldad de la tribu, en general, se ve en Jueces 19 y 20. Algunas de las cosas mencionadas en relación con estas tribus pueden parecer un poco ambiguas, pero solo porque no podemos saber exactamente su cumplimiento hasta el siglo venidero. Cada hijo y cada tribu que vendría de ellos tenía su propio llamado y destino. Sin embargo, la notable promesa se mantuvo: que cada uno sobreviviría y se convertiría en tribus importantes, sin que ninguno pereciera durante los siglos venideros en Egipto.

Jacob estaba confiado de que su padre Isaac y su abuelo Abraham continuaron viviendo en un estado eterno, y que se reuniría con ellos. A pesar de que Jacob se encontraba en Egipto, él sabía que no era un egipcio. Él era un hijo de la promesa, el heredero del pacto de Dios con Abraham y sería sepultado en la tierra prometida a Abraham por el pacto. Egipto estaba lleno de magníficas tumbas, y por el respeto que se le tenía a Jacob pudo haber sido enterrado como un faraón. Pero él quería ser enterrado en una cueva oscura en Canaán, ya que Canaán era la tierra prometida. Con esto termina la vida del último de los grandes patriarcas (Abraham, Isaac y Jacob). Pero el trabajo y el plan de Dios aún no terminó. Continuará, aunque pasen hombres y generaciones.

Jacob no entregó su espíritu hasta que hubo dado la última frase de amonestación y bendición a sus doce hijos. Fue inmortal hasta que su trabajo no estuvo terminado. Mientras Dios tuviera otra sentencia que hablar por él, la muerte no podría paralizar su lengua. Se dice que hay tres actitudes básicas hacia la muerte. Entre los antiguos griegos, sostuvieron lo que puede llamarse el punto de vista de la aceptación de la muerte. Nuestro mundo moderno se vende a un enfoque que niega la muerte. El enfoque bíblico es la actitud que desafía a la muerte.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.