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La esposa de Potifar sabía que José estaba evitándola, así que elaboró un plan para atraparlo. Sin duda, fue ella la que hizo que no hubiera nadie de los de la casa allí. José se resistió a este momento de tremenda tentación cuando salió. Él hizo lo que todos debemos hacer cuando enfrentamos este tipo de situación: “huyó y salió”. Si no estamos corriendo hacia el pecado, tenemos una tendencia a por lo menos quedarnos en su presencia. Pero se nos manda a que hagamos la única cosa segura: huir de los deseos de la carne y correr tan rápido como podamos.
La idea no es que se escapó desnudo, sino que se le quitó su prenda exterior. En esencia, se fue con su ropa interior puesta. José tenía que saber que tomar esta posición de pureza le iba a salir muy caro, pero consideraba que valía la pena. En una época en la que el castigo era brutal y la vida no tenía mucho valor —especialmente la vida de un esclavo— la esposa de Potifar sabía que su acusación podría significar una sentencia de muerte para José. Esta es la razón por la que ella no dijo su nombre; ella no quería pensar en él como una verdadera persona. Debió haber ofendido y entristecido a José ser acusado con una mentira tan escandalosa e indignante. Sin embargo, no parecía defenderse de esta falsa acusación, así como Jesús se quedó en silencio ante sus acusadores.
A veces hay un precio que debe ser pagado por resistir la tentación. Hacemos esto en fe, confiando en que Dios hace que todas las cosas obren para bien en aquellos que lo aman y son llamados conforme a su propósito. Potifar fue misericordioso con José porque sospechaba el papel de su esposa en la situación. Quizá la ira no se haya dirigido en contra de José, sino en contra de la mujer por haberlo manipulado, poniéndolo en una situación en la que para no denigrarse tenía que despedir al hombre que hacía que todo le fuera bien. ¡Pobre Potifar! Se quedó con su esposa y sin José, quien hizo que toda su casa funcionara bien. La muerte era la única sanción que José razonablemente podría esperar. Su aplazamiento, presumiblemente se debió en gran parte al respeto que se había ganado. La mezcla de ira y moderación en Potifar, podría reflejar un leve recelo acerca de la exactitud total de la acusación.
Él nunca dijo una palabra, que yo sepa, sobre la esposa de Potifar. Parecía necesario para su defensa, pero no acusaría a la mujer; dejó pasar el juicio, y la abandonó a su propia conciencia y a la consideración más fría de su marido. Esto mostraba gran poder; es duro para un hombre apretar sus labios, no diciendo nada cuando su carácter está en juego. Tan elocuente fue Josué en su silencio que no hay una palabra de queja a lo largo de todo el registro de su vida.
¡Pobre José! José pasó del privilegio en la casa de su padre, a la cisterna en la que sus hermanos lo lanzaron y a ser propiedad en el mercado de esclavos. Del privilegio de administrar la casa de Potifar, a la posición de principios contra la tentación. Del perjurio de la falsa acusación, a la prisión del faraón. Podemos ver la misericordia en esto, porque si Potifar le había creído a su esposa, ciertamente, habría tenido que matar a José. Podemos ver la injusticia en esto, porque José sufrió por el pecado de otro.
Como cristianos, recordamos a alguien que resistió completamente todas las tentaciones, quien mientras defendía la justicia fue despojado de sus vestiduras, y fue castigado por los pecados de otros. Podemos ver la mano de Dios en todo esto. Todo esto mueve la historia de Dios hacia delante, poniendo a José en el lugar donde pudiera salvar a su familia y al mundo entero de la hambruna venidera, y preparar un lugar para que ellos vivieran con él. Sintió que era algo cruel, estar bajo tal calumnia y sufrir por su inocencia. Un hombre joven tan puro, tan casto, debió sentir que era más afilado que un látigo de escorpiones ser acusado como estaba; sin embargo, mientras se sentaba en la penumbra de su celda, el Señor estaba con él.
Si Dios bendijo a José en el pozo, si él bendijo a José el esclavo, no debemos sorprendernos en ver la bendición de José en la cárcel. Ninguna de estas circunstancias terribles, descarriló el plan de Dios para la vida de José. El tema dominante aquí es que José tuvo éxito por la bendición de Dios.
Incluso después de que José es acusado falsamente y encarcelado, Dios todavía lo bendice. En realidad, es de poca importancia en cuales circunstancias se encuentra un siervo de Dios; como José, siempre estará en el servicio de su amo y Dios lo honrará y prosperará su trabajo.
Como pasó antes en la casa de Potifar, José llegó a la cima, convirtiéndose en el principal administrador de la prisión. A través de su experiencia en ambos lugares, Dios desarrolló las capacidades administrativas que José necesitaría un día para salvar a su familia y salvar al mundo entero. El Señor estaba con José cuando fue echado en la prisión. Él sabía que Dios estaba con él en la prisión, y por eso no se sentó malhumorado en su dolor, sino que se apresuró para sacar lo mejor de su condición de afligido.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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