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El pueblo edomita desciende de Esaú, el hijo de Isaac y el hermano gemelo de Jacob. Abraham había determinado que Isaac no tomara una mujer de entre las hijas de Canaán. El matrimonio de Esaú con mujeres canaanitas les causó mucho dolor a Isaac y a Rebeca. El grito de Esaú a Isaac: ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío?, resultó infundado. Dios bendijo a Esaú porque era un descendiente de Abraham, y lo bendijo en la única forma que realmente le importaba: lo material.

Seir era la tierra al sur y este del mar Muerto, y se convirtió en la conocida como la tierra de Edom. Edom y los edomitas se mencionan unas 130 veces en la Biblia. Ellos eran un importante grupo de vecinos de Israel. Cuando los israelitas llegaron a través del desierto a la tierra prometida, en la época de Moisés, los edomitas les negaron el paso por su tierra. Esto fue causa de gran desaliento para la nación. Aun así, Dios ordenó tener una consideración especial hacia los edomitas que estaban entre los de Israel: “No aborrecerás al edomita, porque es tu hermano” Deuteronomio 23:7. En los días de Saúl, Edom fue sometido a Israel, y David estableció guarniciones allí. Pero más tarde, en los días de Joram, hijo de Acab, los edomitas se independizaron de Israel. Varios de los profetas hablaron sobre y en contra de Edom, incluyendo Jeremías y Ezequiel. Herodes el Grande —el que trató de matar al niño Jesús— fue un edomita. Desde el momento en que el islam conquistó el Medio Oriente, la región ha sido prácticamente desocupada, a excepción de unos nómadas errantes y unos pocos puestos militares. Se han reducido a la nada, como Abdías había profetizado (todo el libro de Abdías registra una profecía contra Edom).

Los edomitas también tenían la ciudad de piedra de Petra —o por lo menos su versión temprana— que solo podía ser alcanzada a través de una garganta estrecha y sinuosa. Petra era tan defendible que se decía que una docena de hombres podría proteger a Petra contra todo un ejército. Cuando observamos a los reyes y los jefes de entre los descendientes de Esaú, vemos con más claridad lo que Dios quiso decir cuando dijo: “amé a Jacob y a Esaú aborrecí” (Malaquías 1:2-3). Obviamente, Esaú fue un hombre bendecido, pero también fue odiado y rechazado en lo que respecta a ser elegido para jugar un papel fundamental en el plan de la redención de Dios. Si, Dios bendice tan abundantemente a quienes no son elegidos, ¿cuál es la magnitud de sus bendiciones para aquellos que sí son elegidos? Si las personas no espirituales experimentan efusiones de la gracia meramente común, ¡cuán grande debe ser la gracia especial de los regenerados!

Se destaca de entre esta lista a Amalec. De él vinieron los amalecitas, enemigos notables de Israel. Además, los nombres de los descendientes de Esaú no reflejan un corazón piadoso:

·Disón significa «gacela».
·Alván significa «malvado».
·Itrán significa «ventaja».
·Arán significa «cabra de montaña».
·Baal-Hanán, su nombre abraza al dios falso Baal.

Muchos han hecho la suposición de que Jobab era Job, tan notable por sus aflicciones y paciencia; y que Elifaz, era el mismo que en el libro de Job es llamado uno de sus amigos. Pero no hay ninguna prueba real de esto, y hay muchas consideraciones en contra.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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