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No parece haber nada de contienda y competitividad rodeando el nacimiento de este último hijo, posiblemente, debido a que los otros son mayores en este momento; pero, más aún, porque ahora están en la tierra prometida y eso no es tan importante ya. No sabemos cuánto tiempo permaneció Jacob en Betel, pero es posible que este último hijo haya sido concebido en este lugar donde Jacob volvió a su primer amor por el Señor.
Raquel nombró a este último hijo Benoni, que significa “hijo de mi dolor” —quien antes habría sido visto como un motivo de alegría y de victoria en la competencia con su hermana. En última instancia, esto demuestra la futilidad de la competencia de Raquel con su hermana Lea. Ahora, en el momento de su última “victoria”, todo lo que encuentra es sufrimiento. Jacob, sabiamente, nombra al niño Benjamín, que significa “hijo de mi mano derecha”. Probablemente, sintió que Dios tenía un lugar especial para este niño; o tal vez, simplemente, apreciaba a Benjamín tan grandemente porque era el vínculo final entre él y la mujer que más amaba. El lado derecho se asocia con una mayor fortaleza y honor, porque la mayoría de las personas son diestras. La idea se expresa en pasajes como Éxodo 15:6: “Tu diestra, oh Jehová, ha sido magnificada en poder; tu diestra, oh Jehová, ha quebrantado al enemigo”. Jesús se sienta a la diestra del Padre, la posición de fuerza y honor, ¡y nosotros nos sentamos allí con Él! Si pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Dijo el apóstol Pablo.
La muerte de Raquel fue un cumplimiento trágico de la maldición que Jacob pronunció sobre el que robó los ídolos de Labán. En Génesis 30:1, Raquel le rogó a Jacob: “¡Dame hijos, o si no, me muero!”. Ambas cosas se convirtieron en realidad: tuvo hijos y murió como consecuencia de ello. Jacob levantó un pilar sobre su sepultura: Esto también muestra que, estar bien con Dios y volvernos a nuestro primer amor, no significa que la vida se convierte en un lecho de rosas. Hay constantes desafíos para que nosotros confiemos en Dios.
Rubén era el primogénito. Podríamos esperar la más alta conducta de él y que seriamente recibiera el pacto de sus padres. Sin embargo, aquí pecó de la manera más ofensiva en contra de su padre y de toda su familia. No obstante, no tenemos que preguntar acerca de dónde fue desarrollada esta conducta pecaminosa. En esta casa tan llena de conflictos, contención, competencia y búsqueda de la carne, era casi de esperarse.
Por sus pecados, Rubén, Simeón y Leví se descalificaron a sí mismos del supremo llamamiento de la bendición de Abraham. Sería el cuarto hijo, Judá, el que traería al futuro Mesías. Por lo que hemos visto en los últimos capítulos, esto no es una colección de increíbles hombres espirituales. Estamos muy sorprendidos al reflexionar sobre el evento en su conjunto y notar que los descendientes del digno patriarca Abraham, casi inmediatamente después de su tiempo, ya se han hundido hasta el nivel en el que los hijos de Jacob se encuentran en este capítulo. En realidad, es una familia bastante disfuncional. Dios va a usar a esta familia; pero no porque sean grandes candidatos, sino porque Él los ha elegido por su gracia solamente.
Veinte años atrás, Jacob salió de su casa pensando que la muerte de su padre estaba cerca. Ahora, inesperadamente, él tiene la oportunidad de ver a su padre por última vez antes de su muerte. Hay que recordar que nuestros tiempos están en las manos de Dios. Podemos esperar una vida larga o corta para los demás o para nosotros mismos, pero estar muy equivocados. Solo Dios sabe el tiempo que tendremos cada uno. No parecía haber nada dramático entre Isaac y Jacob en esta reunión. No se registran más palabras ni bendiciones. Es posible que Isaac estuviera incapacitado por la edad. Los hijos ya habían sido reunidos por la mano de Dios. Ahora, trabajan juntos de nuevo, unidos por la muerte de su padre.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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