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Jacob pretende hacer una salida rápida, viajando tan rápido como fuera posible. Jacob era lo suficientemente rico como par que su familia completa pudiera viajar en camellos. Dios ya le había dicho que se fuera y le había prometido un viaje seguro. Jacob, claramente, está actuando en la carne; porque no tiene que tenerle miedo a Labán ni irse a escondidas. Podía haber anunciado su partida y haber salido con la gloria de un ejército con sus banderas, pero el miedo le hizo imposible cosechar la bendición completa. Entró a escondidas en la voluntad de Dios, en vez de irse en triunfo.

Raquel se llevó los ídolos de su padre (terafím es la palabra hebrea para ídolos). Hay muchas razones potenciales por las que Raquel hizo esto: Quizás los quería porque adoraba a estos ídolos y no quiso estar sin ellos.  Quizás no quiso que su padre los consultara, usando sus ídolos como herramientas de adivinación para atraparlos, como posiblemente lo había hecho antes. Quizás era porque los ídolos comúnmente se usaban como títulos de las propiedades y ella pensaba que tomando estos ídolos podría tomar cualquier herencia que se les dejara a los hijos de Labán. Quizá Raquel robó los ídolos, simplemente, por revancha contra su padre, quien (ella sentía) la había maltratado a ella, a su esposo, y a su familia entera.

Las tradiciones judías dicen que Raquel se llevó los ídolos porque quiso guardar a su padre Labán de la idolatría. Había casi 300 millas (482.7 kilómetros) entre Harán y los montes de Galaad, pero el viaje era más largo y duro psicológicamente para Jacob más que cualquier otra cosa. Estaba saliendo del lugar de seguridad, donde había vivido en servidumbre confortable, para ir a un lugar donde Dios lo había llamado a ir, pero donde había muchos enemigos peligrosos (como su hermano Esaú, quien había jurado matarlo).

Y al tercer día fue dicho a Labán qué Jacob había huido: Esto muestra que Jacob y su familia vivían a alguna distancia de Labán. Él no se enteró de su partida hasta el tercer día. Dios habló a Labán en un sueño, muestra que él tenía intenciones malas en contra de Jacob. Dios está protegiendo a Jacob. En este punto, Jacob no estaba lejos del río Jordán y la tierra prometida. Esto muestra que él viajó rápidamente y que Labán estaba determinado a perseguirlo hasta allí. La expresión “mis hijos y mis hijas” en este contexto significa los nietos y las nietas de Labán. Labán empezó intentando hacer que Jacob se sintiera culpable, mostrándose amable (no me lo hiciste saber para que yo te despidiera con alegría y con cantares, con tamborín y arpa). Cuando esto no le funcionó, hizo lo que la mayoría de los matones hacen, se jactó de su capacidad de dañar a Jacob.

Labán terminó sus palabras con una pregunta acusadora. Él sabía que sus ídolos estaban perdidos y tenía razones para creer que Jacob los había robado. La pregunta de Labán muestra la necedad de la idolatría. Es triste y extraño tener un dios que puede ser robado. Jacob respondió con una explicación para su salida secreta (Porque tuve miedo), y con la firme creencia de que él y su familia no habían tomado los ídolos de Labán.

Jacob, al no saber que su esposa amada Raquel había robado los ídolos, proclamó su inocencia y pronunció una maldición dura sobre el ladrón, desconociendo que, de hecho, había maldecido a su propia esposa. Labán estaba confiado de que sus ídolos habían sido robados. Él hizo una búsqueda exhaustiva en la tienda de Jacob.

Raquel aprendió bien los caminos del engaño de su padre. Ella logró engañar a su padre acerca de los ídolos. Entre mucho que es triste y aun mezquino en esta historia entre la decepción, y las mentiras en casi cada lado, no podemos dejar de ver la mano de Dios haciendo que aun la ira del hombre lo aplaque.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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