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Después de la destrucción de Sodoma y Gomorra, Abraham se mudó. Quizás, ya no quiso vivir en las montañas viendo la región destruida, ni estar recordando a las personas y el juicio hecho sobre ellas. La preocupación de Abraham, probablemente, no era porque Sara parecía una hermosa joven a los 90 años de edad. Ella, hasta cierto punto, había sido rejuvenecida físicamente, para concebir, dar a luz, y dar de mamar a Isaac, y es posible que esto también se haya manifestado en una renovación de su hermosura. Podemos suponer que lucía bonita a esa edad, pero lo más importante era que estaba conectada a uno de los hombres más ricos y con más influencia de aquella región. En aquel entonces, un harén era más bien un estado político que algo romántico.
Abraham tropieza en algo en que había tropezado antes. En vez de confiar en que Dios mantendría a su familia unida, inventó su propio plan; pero su plan fallaría completamente. La edad no nos hace santos automáticamente. Si no estamos sometidos al Espíritu de Dios, se repetirán en nuestra vejez los mismos patrones de pecado que tuvimos en nuestra juventud. Dios amenaza a Abimelec con juicio por haber tomado a Sara. Escuchar esto de Dios fue aterrador, aun en un sueño. Pero esto tenía que estar claro para Abimelec, aun si podía decir: “Con sencillez de mi corazón y con limpieza de mis manos he hecho esto”. Supongamos que Abimelec hubiera tomado a Sara y Dios no hubiera intervenido. La simiente de dos personas diferentes hubiera estado en el vientre de Sara, y hasta el día de hoy habría una sombra de duda acerca del linaje de nuestro Señor.
Abimelec estaba limpio en cuanto a esto, Dios lo guardó de cometer peores pecados. El poder de Dios para proteger puede guiar aun a un rey pagano.
De aquel vientre saldría el hijo de la promesa, de quien eventualmente vendría el Mesías. Dios no iba a dejar esto en las manos del hombre. Aunque Abraham está en pecado, sigue siendo un profeta y un poderoso hombre de oración. La misericordia de Dios no dejó a Abraham, a pesar de que él no confió en Dios como debía. Es triste ver que Abimelec (el rey pagano) está haciendo lo correcto, y que Abraham (el hombre de Dios) está haciendo lo incorrecto; y Abimelec se lo dijo a Abraham. ¿Qué pensabas, para que hicieses esto?: No era lógico que Abimelec le hiciera a Abraham esta pregunta. Seguramente, Abraham no estaba mirando a Jehová cuando mintió y no confió en Dios.
Ciertamente no hay temor de Dios en este lugar: Esta fue la excusa de Abraham por su engaño pecaminoso; pero el verdadero problema era que no había temor de Dios en Abraham. Si realmente hubiera respetado a Jehová, sus mandamientos, sus promesas, y su protección, entonces Abraham nunca hubiera confiado en sus propias fuerzas para mantener unida a su familia. Se defiende también afirmando: es mi hermana: Esto es otro intento de Abraham de justificar su mentira, diciendo que realmente era la verdad; pero era una verdad a medias, dicha con el propósito de engañar, lo que la hace una mentira completa. Esto es una manera indirecta de culpar a Dios por el problema. Abraham dice que Dios lo envió en este viaje peligroso en el cual se tenía que proteger. Hay un significado terrible en el verbo “errar” que Abraham usa. La palabra hebrea se usa exactamente cincuenta veces en las Escrituras y nunca con un buen sentido. Se usa para hacer referencia a animales apartándose, a un borracho tambaleando, a la seducción pecaminosa, a las mentiras de un profeta que hacen errar a la gente, al camino de un corazón mentiroso. Otras seis palabras se traducen como errar, y Abraham podía haber usado cualquiera de ellas, pero escogió la peor palabra disponible.
Abraham hubiera podido decir: Perdóname Abimelec, por haberlos deshonrado a ti y a mi Dios. Mi cobardía egoísta me sobrecogió, y negué a mi Dios por temer que el que me llamó no me podía cuidar. Él no es como tus dioses de madera y piedra. Él es el Dios de gloria. Él es el Dios viviente, el Creador, el Dios Altísimo, poseedor del cielo y de la tierra. Él me dijo que sería mi escudo y mi galardón sobremanera grande, y el que supliría todas mis necesidades, pecando contra Él, he pecado contra ti. Perdóname, Abimelec. Ahora, por mostrar generosidad a Abraham, Abimelec esencialmente está como dijo Pablo, amontonando ascuas de fuego sobre la cabeza de Abraham.
Abraham debía haber dado regalos a Abimelec, porque él era el que había actuado mal. También, es interesante ver que Abraham acepta estos regalos, cuando antes había rechazado regalos de un rey pagano (Génesis 14:21-24), porque no quiso que nadie pensara que un hombre le había hecho rico. Aquí, debido al compromiso de Abraham, le resultó difícil reclamar un estándar moral elevado. Podemos imaginarnos la ironía en la voz de Abimelec cuando se refiere a Abraham como el hermano de Sara.
La palabra antigua del hebreo traducida como vindicada es “yakach”. Transmite la idea de “corregir”, así que es posible que Sara fuera «corregida» por la reprensión de Abimelec, o que ella haya sido encontrada “justa” por su sumisión humilde en esta ocasión. De cierta manera, los dos significados son correctos.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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