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Como era la tradición para un anfitrión hospitalario de aquellos días, Abraham acompañaba a sus huéspedes en su camino por un rato mientras se despedían. Dios mismo se hizo una pregunta. Él no hizo esto porque no supiera qué hacer o porque necesitara procesar su pensamiento. Dios se hizo esta pregunta para revelarnos su pensamiento, a los lectores de Génesis. ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer?: Por lo que Dios hará de Abraham (una nación grande y fuerte), y porque Abraham tenía que ser un gran líder (mandará a sus hijos y a su casa después de sí), Dios le revelaría a su siervo lo que iba a hacer con Sodoma y Gomorra. Las razones escritas en este pasaje son importantes. El propósito de Dios no es “chismear” con Abraham sobre lo que va a hacer, y tampoco es satisfacer la su curiosidad; sino que Dios quería hacer algo en la vida de Abraham a través de lo que le estaba revelando. La ofensa de estas ciudades fue grande, su pecado fue muy grave, y podemos suponer que este clamor vino de muchas fuentes: Dios y su santa justicia clamó contra Sodoma y Gomorra. Seres angelicales que miraban clamaban contra Sodoma y Gomorra. La multitud de las víctimas de la depravación de Sodoma y Gomorra clamó contra estas ciudades. La creación misma fue afectada por su transgresión antinatural, y clamó contra ellas.

Vemos en Génesis 19, que los dos hombres eran ángeles que visitaron Sodoma. El tercer “hombre” es, en realidad, Jehová mismo. Abraham se acercó a Jehová. La intercesión eficaz involucra acercarse a Dios para que podamos orar según su corazón. Discutiendo la pregunta Abraham le “recordó” a Jehová su propia naturaleza y principios (El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?). Abraham pensó que Dios, como Juez justo, no podría castigar al inocente de la misma manera que castigaba al culpable. Quizá nos parece increíble que la gente de Sodoma y Gomorra le importara a Abraham. Él podría haber pedido: “Señor, permite que mi sobrino Lot salga primero”, pero no lo hizo. El corazón de Abraham estaba lleno de tristeza y compasión hasta por los pecadores de Sodoma y Gomorra. Cuando Abraham se acercó a Jehová y oró según la revelada naturaleza y voluntad de Dios, Dios estuvo de acuerdo con él. Jehová dijo que perdonaría a la ciudad si hubiera 50 justos en ella.

El principio se había establecido, Dios no destruiría a los justos con los pecadores; ahora, es solo una cuestión de números. ¿Por cuantos justos perdonaría Dios a la ciudad? La intercesión de Abraham fue eficaz porque fue específica. Él hablaba con Dios usando números específicos, no en términos generales. Muchas veces nuestras oraciones son ineficaces porque realmente no pedimos que el Señor haga algo. En vez de eso, solamente tiramos nuestros deseos hacia el cielo. Abraham siguió con su intercesión con una “humildad valiente”. No fue orgulloso ni arrogante ante Jehová, pero siguió pidiendo. La humildad de Abraham se hizo evidente en que en ninguna parte de su oración preguntó: ¿Por qué?, y tampoco demandó que Dios le explicara sus acciones. Abraham era un hombre con destreza en cuanto a los negocios y convenció a Dios a que bajara el número de justos necesarios para perdonar a la ciudad. Primero, por cantidades de cinco, después de diez, hasta que el número llegó a diez. Es imposible no ver la persistencia de Abraham en su intercesión. ¿Por qué no se dio por vencido a los 40 o 50 y sencillamente dijo: “Están en las manos del Señor” o “El Señor hará con ellos lo que Él disponga”? Porque un mediador o intercesor tiene que sentir, al momento de orar, que el destino eterno de los hombres depende de su oración. Este es el tipo de corazón que Dios quiso desarrollar en Abraham; un corazón al cual le importa tanto la gente hecha a la imagen de Dios que trabajará duro para interceder por una ciudad que merecía juicio. Este era el corazón que necesitaba tener el líder de una nación grande y fuerte.

Recordemos que, de cierta manera, todas estas negociaciones fueron inútiles. No había diez personas justas en la ciudad, solamente cuatro. Las ciudades fueron destruidas. Pero Dios quiso revelarle a Abraham el destino de estas ciudades para desarrollar en él el corazón de amor de un intercesor, para que aun antes del tiempo de Jesús Abraham pudiera ser “conforme a la imagen de su Hijo”.

Nos preguntamos qué hubiera sucedido si Abraham no hubiera seguido negociando porque solo había cuatros justos en la ciudad. ¿Hubiera Dios perdonado a la ciudad por el mérito de los cuatro justos si Abraham se lo hubiera pedido? Quizás Abraham pensó que, seguramente, Lot había traído más de seis personas a Dios además de su propia familia en todo su tiempo en Sodoma.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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