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La promesa de Dios para Abram se dio cuando aun estaba en Mesopotamia, antes de hubiera habitado en “Haran”. Ahora que su padre estaba muerto y que él se sentía movido por una obediencia más completa, Dios repite la promesa. Podemos decir que estaba “en espera” hasta que Abram estuviera listo para hacer lo que el Señor le dijo que debía hacer. Él, ciertamente, se convertirá en un gigante de la fe, hasta llegar a ser el padre de los creyentes; aunque no comenzó como un héroe de la fe. Veremos a Abram como ejemplo de crecer en fe y en obediencia. Más importante que la fe de Abram, era la promesa de Dios. Note que con frecuencia Dios dice en estos versos “Yo lo haré”. Génesis capítulo 11 trata acerca de los planes del hombre. Génesis capítulo 12 trata acerca de los planes de Dios. Dios prometió a Abram una tierra, una nación y una bendición. Él tendría suficientes hijos, nietos y futuros descendientes para poblar toda una nación.

Además, Dios prometió a Abram engrandecer su nombre. Probablemente no existe otro nombre tan honrado en la historia como el nombre de Abram, quien es honrado por judíos, musulmanes, y cristianos. Dios también hizo la promesa de bendecir, la cual es aún verdad hoy día, y es la razón de la declinación y la caída de muchos imperios.
Cuando los griegos invadieron Palestina y profanaron el altar en el templo judío, fueron rápidamente conquistados por Roma. Cuando Roma mató a Pablo, a muchos otros más, y destruyó Jerusalén bajo el mando de Tito, Roma cayó rápidamente. España fue reducida a ser una nación de quinta categoría después de la Inquisición en contra de los judíos; Polonia cayó después de los linchamientos antijudíos; la Alemania de Hitler cayó después de sus orgías antisemitas; Britania perdió su imperio cuando rompió su fe con Israel. Esta, también, es una de las razones por las que Estados Unidos ha sido tan bendecido. Estados Unidos fue una de las primeras naciones modernas en otorgar ciudadanía completa y protección a la gente judía. Esta promesa también afectó a la iglesia. Los tiempos en que la iglesia tomó sobre sí la persecución de la gente judía, fueron tiempos de oscuridad, no solo para los judíos, sino que también para la iglesia. No solo a Abram se le prometió bendición, sino que Dios también prometió “convertirlo” en una bendición, incluso al punto en el que todas las familias de la tierra serían bendecidas en Abram. Esta increíble promesa fue completada en el Mesías, que vino del linaje de Abram. La bendición de Dios a Abram no fue para su propio bien, ni incluso para el bien exclusivo de la nación judía que emergería. Fue para todo el mundo, para todas las familias de la tierra a través de Jesucristo. Esto también indicó una visión misionera que Dios quería que los descendientes del pacto de Abraham tuvieran. Ellos debían de mirar más allá de sí mismos a todas las naciones, a todas las familias de la tierra.

Reconocemos que la obediencia de parte de Abraham fue parcial. Dios le ordenó que se fuera de “su parentela”, y él se llevó a su sobrino Lot. El cual no sería una bendición para Abram, le causaría problemas e inconvenientes. Abram entró a la tierra de Canaán con una edad avanzada. Engendrar un hijo a través de Sarai parecía una esperanza olvidada hacía mucho tiempo. Él abandonó Ur de los caldeos con su padre y su sobrino Lot, deteniéndose en Harán el tiempo suficiente para adquirir muchas posesiones y personas. Y llegó a Canaán como un extraño, para vivir en una tierra poblada por tribus que se establecieron en la violencia y el pecado, pero se volverían aún peor. La primera parada de Abram fue en Siquem. Llegó a un árbol notable (hasta el encino de More). El nombre Siquem significa “hombre”. Es probable que haya obtenido su significado por la geografía del área. La idea puede ser que los montes Gerazim y Ebal parecían “hombros” con Siquem en el medio de ellos. Siquem no solo estaba en el medio de dos montañas, sino que estaba verdaderamente en el medio de Canaán. Y este lugar fue el escenario de muchas cosas.

Aquí fue donde Jacob llegó sano y salvo cuando regresó con sus esposas e hijos de su morada con Labán. Donde compró un pedazo de tierra a un canaanita llamado Hamor, por 100 piezas de plata. Aquí construyó un altar al Señor y lo llamó “El Elohe Israel”. Aquí se estableció la conexión entre Jacob y lo que se conoció como el “pozo de Jacob”. Siquem fue el lugar donde Dina, la hija de Jacob, fue violada y los hijos de Jacob masacraron a los hombres de la ciudad en represalia. Esta fue la parcela de tierra que Jacob dio a su hijo José, la tierra que Jacob tuvo que conquistar de los amorreos con su espada y con su arco en una inolvidable batalla. Aquí fue donde los huesos de José fueron eventualmente enterrados cuando fueron traídos de Egipto. También fue donde José hizo un pacto con Israel, renovando su compromiso con el Dios de Israel y proclamando: “yo y mi casa serviremos a Jehová”. Es llamado Sicar en el Nuevo Testamento —donde Jesús encontró a la mujer samaritana en el pozo.

Abram vino a la tierra prometida por Dios, pero los canaanitas aún estaban en la tierra. Ellos no tenían la intención de darle la tierra a Abram, y no se la darían hasta que fueron forzados a salir unos 400 años después. Una vez que Abram estaba en la tierra, Dios le recordó su promesa. La tierra que Abram estaba viendo le pertenecía a él y a sus descendientes. Abram nunca poseyó ni un pedazo de esta tierra con excepción del lugar de su sepultura (Génesis 23:14-20). Pero la promesa de Dios era suficiente para asegurarle que, sin duda, él era el dueño de todo el país. Y edificó allí un altar a Jehová: El altar era importante para Abram porque era el lugar en el que se podía encontrar con Dios para ofrecer sacrificio por el pecado, para mostrar sumisión, y para adorar a Dios. Los cristianos también tienen un altar hebreos 13:10. Nos encontramos con Dios en el lugar donde recordamos el sacrificio que Jesús hizo por el pecado, donde nos sometemos a Dios como sacrificios vivos, y donde ofrecemos el sacrificio de la alabanza.

En la tierra que Dios le dio, Abram nunca vivió en una casa —vivió en una tienda. Las tiendas son el hogar para aquellos que solo están de pasada y no establecen raíces permanentes. Nosotros, debemos de vivir como gente que tiene su morada permanente en el cielo, no en la tierra. Muchos cristianos quieren construir mansiones en la tierra y piensan que serían felices con las tiendas en el cielo. Un peregrino es alguien que deja su hogar y viaja a un lugar específico. El peregrino no es un vagabundo; el peregrino tiene una meta. La meta de Abram (y nuestra meta) era la ciudad celestial de Dios.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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