En el quinto día de la creación, Dios hizo las aves y las criaturas del mar, pero ahora Dios pone su atención creativa en animales terrestres de varios tipos. Cuando vemos la variedad infinita del reino animal (vivos y extintos), no podemos hacer otra cosa sino impresionarnos con el poder creativo de Dios, y con su sentido del humor. Cualquier ser que hace la jirafa, el ornitorrinco, y al pavo real, es un Dios de gozo y humor. Otra vez el escritor bíblico enfatiza la importante frase. Según su género, pero un “género” nunca se convertirá en otro género.

El uso del plural “Hagamos” es consistente con la idea de que existe un Dios en tres personas, lo cual conocemos como la Trinidad. Un entendimiento de quién es el hombre comienza intelectualmente, y espiritualmente. Esto significa que también hay una brecha insalvable entre la vida humana y la vida angelical. En ningún lugar se nos dice que los animales son hechos a la imagen de Dios. Los ángeles no pueden tener el mismo tipo de relación de amor y convivencia con Dios que nosotros. Esto significa que la encarnación fue verdaderamente posible. También significa que la vida humana tiene valor intrínseco, muy aparte de la “calidad de vida” experimentada por un individuo, porque la vida humana es hecha a la imagen de Dios. Hay varias cosas específicas en el hombre que le muestran que es hecho a la imagen de Dios. Solo el hombre tiene un rostro que naturalmente mira hacia arriba, una variedad tan grande de expresiones faciales, un sentido de la vergüenza que muestra al sonrojarse. Solo el hombre habla y posee personalidad, moralidad, y espiritualidad. El hombre está hecho para tener una comunión íntima con Dios. Es a nivel espiritual que podemos comunicarnos con Dios.

El hombre es diferente a cualquier otra clase de ser creado, porque ha sido creado de una manera consistente con la naturaleza de Dios. Esto significa que hay una cima intransitable entre la vida humana y la vida animal. Aunque biológicamente somos semejantes a ciertos animales, somos distintos en nuestras capacidades morales. Los términos imagen y semejanza son un poquito diferentes. Imagen tiene que ver más con la apariencia, y semejanza con una similitud abstracta; pero los dos tienen, esencialmente, el mismo significado en este contexto. El mandato de señorear indica la preeminencia del hombre entre lo creado y su capacidad de afectar su ambiente no es un accidente, es parte del plan de Dios para el hombre y para la tierra. En este sentido, es un pecado si el hombre no usa este dominio responsablemente; es decir, si no tiene un aprecio apropiado por la mayordomía de la tierra. Dios creó al hombre según su plan. Varón y hembra los creó. En nuestros días, muchos dicen que no hay diferencias reales entre el hombre y la mujer. Esto tendría sentido si fuéramos el resultado de una evolución sin inteligencia, pero no si es verdad que varón y hembra los creó Dios. Para Dios, las diferencias entre el hombre y la mujer no son accidentes, porque él los creó, y las diferencias son buenas y significativas. Los hombres no son mujeres, y las mujeres no son hombres. Una de las señales más tristes de lo depravada que es nuestra cultura, es la cantidad de confusión de género hoy día.

Lo primero que Dios hizo por el hombre fue bendecirlo. Sin la bondad de la bendición de Dios, la vida humana habría sido no solamente insoportable. Dios también le da al hombre un trabajo: cumplir el propósito de Dios del dominio sobre toda la tierra. Inherente al mandato es que el hombre debe ser fructífero y multiplicarse y llenar la tierra. El hombre no puede cumplir el plan que Dios tiene para él si no se reproduce. En adición, Dios le dio a la humanidad un deseo sexual, que haría que el poblar la tierra fuese rápido y probable. Sin embargo, muchos han pensado que el fructificar y multiplicarse era el único propósito que Dios tenía para el sexo, pero no es así. La razón primordial por la cual Dios creó el sexo era para contribuir a la unión de una relación de una sola carne. Solo los humanos demuestran una disponibilidad e interés constante por el sexo, en contraste al período de “celo” en los animales. En los humanos, la duración del intervalo sexual es más grande y la intensidad del placer del sexo es más fuerte, y solo los humanos siguen participando del coito después de la edad fértil. Ninguna de estas dimensiones, específicamente humanas, se requieren para la reproducción, pero todas ellas son útiles para el sexo como herramienta para unir.

Dios le dio al hombre dominio sobre toda la tierra, pero sola la vegetación se menciona como para comer. Al parecer, antes del diluvio, la raza humana era vegetariana, pero después del diluvio, al hombre le fue dada la autorización para comer la carne de animales (Génesis 9:3). El análisis final de Dios de su trabajo de creación fue que era bueno en gran manera. Dios estaba complacido con su creación, ¡y nosotros también!

En el séptimo día Dios no reposó porque estuviera cansado. Él descansó para mostrar que su trabajo en la creación estaba terminado, para darle una pauta al hombre en cuanto a la estructura del tiempo (en semanas de siete días), y para darle un ejemplo de la bendición del descanso en el séptimo día. A través de la historia algunos han tratado de cambiar la semana de siete días (se intentó crear una semana de diez días durante la Revolución francesa), pero esos intentos han sido en vano. Estamos en un ciclo de siete días, porque Dios está en un ciclo de siete días.

A pesar de que estamos libres de la obligación legal del sábado, no debemos ignorar la importancia del día de descanso. Dios nos ha construido lo que se necesita. Pero también se nos manda a trabajar seis días. “El que se pasa el tiempo holgazaneando durante los seis días, ante los ojos de Dios, es igualmente culpable que el que trabaja en el séptimo” dijo Clark. En nuestro mundo moderno las semanas de trabajo son de 4 o 5 días y un generoso tiempo de vacaciones, seguramente más “tiempo de ocio” que se puede dar a la obra del Señor.

Dios no toma el sábado como día libre. Jesús mismo dijo: “Mi Padre hasta ahora trabaja y yo trabajo” (Juan 5:17). Dios no necesita un día libre, pero el hombre necesita ver el descanso de Dios y saber que puede entrar en él por la obra terminada de Jesús. La descripción de cada uno de los días de la creación termina con la frase: “y fue la tarde y la mañana el día”. Sin embargo, este séptimo día de la creación no tiene esa frase, esto es porque el descanso de Dios por nosotros no se limita a un día literal. En Jesús, Dios tiene un sábado eterno de reposo para su pueblo. Dios, habiendo completado su trabajo de creación, descansa, como diciendo: Este es el destino de aquellos que son mi pueblo, descansar, como Yo descanso, descansar en mí.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.