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Aquí Pablo contestó una preocupación de los Filipenses. Él quería que ellos supieran que la bendición y el poder de Dios aún estaban con él, aún en el hecho de que él estaba en prisión. Él no estaba fuera de la voluntad de Dios, y la obra de Dios aún continuaba. Cuando Pablo estaba con los Filipenses hubo ejemplos asombrosos del poder soberano de Dios, el cual culminó en un escape divino de la prisión y en su vindicación ante los magistrados civiles. No es de sorprenderse de que los Filipenses se preguntaban en donde estaba el poder de Dios durante el actual encarcelamiento de Pablo. Nosotros también sabemos de qué todo esto se convirtió para el progreso del evangelio porque durante este tiempo él escribió los Efesios, Filipenses y Colosenses.

Pablo no mencionó si él ya tenía una resolución o que estaba avanzando en su caso, debido a que a él no le importaba eso y él asumió que a los Filipenses tampoco le importaba. Su pasión en común era el progreso del evangelio, y el evangelio continuaba avanzando. Las circunstancias alrededor de las prisiones de Pablo y su manera de conducirse en medio de todo aquello puso en claro para todos los que observaban que él no era solamente otro prisionero, pero que él era un emisario de Cristo Jesús. Este testimonio condujo a la conversión de muchos, incluso a algunos del pretorio.

Pablo sabía que algunos predicaban debido a que querían “sobrepasar” el ministerio de Pablo, y para promover sus propios nombres y colocarse por encima de Pablo. Estas personas estaban contentas de que Pablo estuviera preso, debido a que sentían que esto les daba una ventaja competitiva sobre él en lo que ellos consideraban un concurso de predicar el evangelio. Ellos estaban motivados – o al menos en una parte – por un espíritu competitivo, el cual es común, muy a menudo, entre los predicadores. Pablo no era tan crítico o cínico de creer que cada predicador tenía motivos equivocados o malos. Él sabía que algunos predicaban de buena voluntad.

Aquellos que predicaban a Cristo por los motivos equivocados lo hacían para añadir aflicción a las prisiones de Pablo. Sus corazones competitivos no solamente querían ganar para ellos mismos; ellos querían que Pablo perdiera. Ellos no entendían de que a Pablo honestamente no le importaba esto, debido a que él no tenía un espíritu competitivo en el ministerio. Entonces, las personas predicaban el evangelio más enérgicamente, siendo motivados por el encarcelamiento de Pablo. Algunos fueron motivados de una buena manera y algunos fueron motivados en una mala manera; sin embargo, estaban motivados – ¡Y Pablo tenía gozo en eso!

Recuerden que la preocupación de Pablo no era con el contenido del evangelio el cual era predicado, sólo con los motivos de aquellos que predicaban. Pablo se opondría si el llegara a saber que un evangelio falso o distorsionado era predicado, aún si se predicaba con el mejor motivo.  La actitud de Pablo era como sigue: “Si predicas el verdadero evangelio, a mí no me importan cuales sean tus motivos. Si tus motivos son equivocados, Dios tratará contigo – pero al menos el evangelio es predicado. Pero si predicas un evangelio falso, no me importa que tan buenos sean tus motivos. Tú eres peligroso y debes detenerte de predicar tu evangelio falso, y los buenos motivos no excusan tu mensaje falso.”

Pablo sabía que el Señor estaba en control de todos los eventos, aun cuando sus prisiones y su próximo juicio ante Cesar Nerón hacía que la situación se mostrara tenebrosa. Pero Pablo estaba tan confiado debido a que él sabía que los Filipenses oraban por él. Su liberación en su situación actual estaba conectada a la oración de los Filipenses. Sin embargo, no era la oración de los Filipenses en sí misma la que satisfacía la necesidad de Pablo. Era la suministración del Espíritu de Jesucristo la cual venía a Pablo por la oración de los Filipenses. Las necesidades de Pablo quedaron satisfechas por el Espíritu de Dios, pero esa provisión hacia Pablo fue traída por las oraciones de los Filipenses.

A pesar de que él estaba en prisión y estaba esperando el juicio delante de Cesar, Pablo tenía la confianza de que él estaba en el centro de la voluntad de Dios. Él sabía que Dios no le estaba castigando a pesar de la adversidad que estaba sufriendo en ese tiempo. Pablo sabía que la muerte no era una derrota para el cristiano. Es meramente una graduación para la gloria, una ganancia neta para el cristiano. La muerte de Pablo en su debido tiempo sería una ganancia en dos sentidos. Primero, su muerte por la causa de Cristo glorificaría a Jesús, y eso era una ganancia. Segundo, el estar en la inmediata presencia del Señor era una ganancia para Pablo.

Pablo no temía a la muerte. A pesar de que algunos hombres tengan temor de morir, ningún cristiano debiera temer a la muerte. Cuando los hombres le temen a la muerte no es certeza de que ellos sean malvados, pero es cierto que, si tienen fe, entonces están en una condición débil y enfermiza.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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