La terrible presencia de Dios en el Monte Sinaí se mostró con truenos, relámpagos y una espesa nube: Estas señales de poder y gloria indicaban la presencia de Dios. Todo el entorno hablaba de la presencia de Dios en un sentido aterrador. Lo que Israel vio y sintió en el trueno, el relámpago, la nube, el humo y el terremoto fue terrible; pero cada uno de ellos es un fenómeno natural (aunque aterrador). Sin embargo, el sonido de bocina no salió del campamento, sino del mismo cielo. No es de asombrarse que se estremeció todo el pueblo que estaba en el campamento. Al sonido de la bocina, Moisés dirigió al pueblo al límite de la barrera, al pie del Monte Sinaí, donde pudieron ver, oler, oír y virtualmente probar el fuego que cubría toda la montaña, y también sintieron que la tierra temblaba bajo sus pies cuando todo el monte se estremecía en gran manera. En medio de todo esto, el sonido de la bocina iba aumentando en extremo, hasta que Moisés hablaba con Dios, y Dios le respondía con voz tronante. Israel, colectivamente, oyó a Jehová Dios hablar desde el Monte Sinaí de una manera audible con voz tronante. Dios descendió, y Moisés subió. Mientras el pueblo temblaba de terror al pie del monte, Moisés necesitó valentía para subir en medio de todos los truenos, relámpagos, terremotos, fuego y humo. Sin embargo, Moisés conocía a Dios no solo en términos de este asombroso poder, sino también en términos de Su misericordiosa bondad.

Aquellos que, por rebelión, curiosidad, o por simple osadía se tomaran la libertad de subir al monte morirían. La gloria y la grandeza de Dios no debían ser un asunto sujetas a investigación científica ni como una forma de probar la propia hombría. El hecho de que Dios llamara a Moisés y Aarón a subir no significaba que había una invitación abierta para que toda la nación se reuniera con Dios en el monte Sinaí. Éxodo 19 describe la admiración y temor que cada Israelita debió sentir en el Monte Sinaí. Es fácil pensar que esto le inspiró a un estilo de vida de santidad. Hoy en día, muchos sienten que se necesitan más truenos, fuego y temblores como las del monte Sinaí para que las personas se mantengan alejadas del pecado. Sin embargo, dentro de cuarenta días, toda la nación tendría una orgía alrededor de un becerro de oro, alabándolo como el dios que los sacó de Egipto.

El escritor de hebreos en el capitulo 12: 18-24 nos dice claramente que bajo el Nuevo Pacto llegamos a un monte diferente, que nuestra salvación y relación con Dios se centra en el Monte Sión, no en el Monte Sinaí. En Sinaí habla de temor y terror, pero Sion habla de amor y perdón. Sinaí está en un desierto seco, pero Sion es la ciudad del Dios Viviente. Sinaí, con todos sus temores y poder, es terrenal; pero el Monte de Sion al que vamos es celestial y espiritual. En el Sinaí sólo Moisés podía ir y encontrarse con Dios; en Sion hay una innumerable compañía, una asamblea general. Sinaí tenía a hombres culpables con temor, pero Sion solo tiene hombres justos perfeccionados. En el Sinaí Moisés es el mediador, pero en Sion Jesús el mediador. El Sinaí presentó un Antiguo Pacto, ratificado por la sangre de animales; Sion tiene un Nuevo Pacto, ratificado por la sangre del precioso Hijo de Dios. Sinaí se trataba de barreras y exclusión; Sion tiene que ver con la invitación. Sinaí se trata de la Ley, Sion se trata de la gracia. Por lo tanto, no deberíamos venir a Sion como si fuéramos al Sinaí.

Debemos dejar de lado nuestras dudas y ser valientes para acercarnos a Dios. Aun así, tenemos mucho que aprender sobre el Monte Sinaí. Aprendemos de los santos requisitos de Dios y de lo que tenemos que hacer antes de poder acudir a Él. De manera similar a las del Monte Sinaí, hay cosas que debemos hacer para encontrarnos con Dios. Debemos recibir la palabra de Dios, santificarnos, ser purificados, venir después del tercer día, respetar los límites de Dios, refrenar la carne y saber que venimos ante un Dios santo.

Pregunto: ¿estás todavía bajo la influencia y el poder condenatorio de esa ley de fuego que procedió de su mano derecha? ¿Aún estás lejos? Recuerda, solo puedes acercarte con la sangre rociada; y hasta que seas justificado por su sangre, estás bajo maldición. Considera la terrible majestad de Dios. Si tienes su favor, tienes vida; si su ceño fruncido, la muerte. Reconcíliate instantáneamente con Dios, porque, aunque has pecado profundamente, él es justo, sin embargo, él es el que justifica al que cree en Cristo Jesús. Cree en él, recibe su salvación; ciertamente OBEDECE su voz, y GUARDA su pacto, y ENTONCES serás rey y sacerdote para Dios y el Cordero, y finalmente serás salvo con todo el poder de una vida eterna. Amén

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.