Aparentemente el pan del cielo debía de ser recolectado y preparado muy de mañana. Esta fue la manera bondadosa de Dios de imponer una ética de trabajo a la nación de Israel. Dios prometió proveer doble porción en el sexto día, y así lo hizo. Quizás esto llegó por sorpresa al pueblo de Israel, porque sintieron que debían de reportarlo a Moisés (vinieron y se lo hicieron saber a Moisés). Esta fue la primera vez que Dios habló a Israel sobre el día de reposo. Dios prácticamente forzó al pueblo a honrar el día de reposo al no proveer pan del cielo en el día de reposo. (hoy no hallaréis en el campo).

A pesar de lo que Dios dijo, algunos fueron a buscar pan del cielo cuando Él dijo que no habría ninguno. Algunos solo aprenderán por experiencia personal. La palabra de Dios fue verdadera, y no encontraron nada. Esta fue una lección poderosa, que le enseñaba a Israel a confiar en lo que Dios decía, antes de que lo hubieran probado por experiencia. Hoy en día, la gente todavía busca vida y satisfacción en lugares que Dios ha dicho que no habrá.

Dios le dio a Israel alimento con buen sabor. Él no les dio avena pastosa ni engrudo sin sabor. Puesto que podía ser horneado como pan o pastel (Éxodo 16:23), comer maná era como comer pan dulce cada día. Dios les dio la orden de llenar un gomer y guardadlo para sus descendientes: Esta olla llena del pan del cielo se puso más tarde en el arca del pacto, al que se hace referencia aquí como el Testimonio en hebreos 9:4.

Tan importante como era para Dios proveer este pan del cielo, también era importante que Dios dejara de proveerlo. Era esencial que Israel volviera a estar en condiciones de recibir la provisión más normal de Dios, a través del trabajo arduo – que en sí mismo es una bendición de Dios. Los que seguían la nube siempre estaban seguros de su sustento. Donde la nube se cernía, el maná caía. Este maná, este pan del cielo, es una poderosa imagen del mismo Jesús. Después de alimentar a los 5,000, Jesús tuvo una discusión con personas que querían que siguiera alimentándolos con Su milagroso poder. Querían que Jesús les proveyera tal y como se le proveyó a Israel de maná en el desierto. Esto es lo que Jesús contestó De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo (Juan 6:32-33).

Jesús es el pan del cielo, y tenemos que recibirlo como Israel recibió el maná. Conscientes de nuestra necesidad, hambrientos. Cada uno para sí mismo, familia por familia. Cada día. Humildemente; quizás incluso de rodillas. Con gratitud, sabiendo que no lo merecemos. Comiéndolo, llevar el regalo por dentro, hasta lo más íntimo de nuestro ser.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.