Un mes después de salir de Egipto, ya que salieron el día quince del mes anterior. Ellos salieron de Elim, un oasis de descanso y confort y se dirigieron hacia el Sinaí, un lugar para encontrarse con Dios y para recibir su ley. Entre Elim y Sinaí estaba el desierto de Sin. En el texto original, el nombre de “desierto de Sin” no tiene nada que ver con pecado (sin, en inglés, se traduce como pecado) y podría traducirse fácilmente como Desierto de Zin. Sin embargo, a medida que se desarrolla la historia, vemos que este desierto tuvo mucho que ver con el pecado. Toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en ese desierto: Se quejaron porque no tenían suficiente comida. Las provisiones que llevaban con ellos desde Egipto empezaban a acabarse, y ellos tenían que sostenerse en el desierto. Parecería que la debilidad por el hambre fue más anticipada que experimentada. En otras palabras, ellos no vivieron semanas y semanas de hambruna, ni vieron morir a sus familiares y amigos por desnutrición, ni siquiera tuvieron que matar todo su ganado para alimentarse. Más bien empezaron a sentir hambre y anticiparon la debilidad, pasaron de cantar a murmurar con mucha rapidez.

Israel recordaba selectivamente el pasado y consideraban su tiempo en Egipto como un buen tiempo. Perdieron de vista el futuro que Dios tenía para ellos, y también tergiversaron el pasado para respaldar su murmuración. Esta forma de pensar es común entre los que murmuran. Se quejaron que Dios los había sacado a este desierto para matarlos de hambre. Esta es otra práctica común entre los que murmuran. Ellos insistían en que Moisés y Aarón tenían malas o perversas intenciones. Por supuesto, Moisés y Aarón no tenían interés en matar al pueblo de Israel, y esta era una horrible acusación. Sin embargo, un corazón murmurador a menudo encuentra fácil acusar de los peores motivos a la persona de la que se queja.

La naturaleza humana nunca puede ser reducida a un estado más vil en este mundo que aquel en el que el cuerpo es cautivado por la esclavitud política y el alma degradada por la influencia del pecado. Estos pobres hebreos eran esclavos y pecadores y, por lo tanto, eran capaces de los actos más viles y vergonzosos.

Dios anuncia a Moisés la llegada del pan del cielo. Esta era una promesa extraordinaria. El pan normalmente no llueve del cielo. Sin embargo, Dios prometió que proveería para Israel de esta manera inesperada. Esto nos recuerda de que Dios puede proveer recursos que nosotros no sabíamos que existían. Algunas veces provee de recursos conocidos, y algunas veces de recursos inesperados. Dios prometió enviar pan del cielo, pero no prometió ponerlo en sus bocas. Aún tenían que salir y recoger lo que necesitaban para cada día. La bendición del pan del cielo venía con la responsabilidad de la obediencia. Esta responsabilidad sería una prueba para Israel y mediría su obediencia. La prueba venía en el sexto día, ya que debían recolectar el doble, para que el séptimo día pudiera recibirse como un día de descanso.

Uno podría pensar que la experiencia de las plagas, la Pascua, y la liberación en el Mar Rojo harían que Israel supiera que Jehová los sacó de Egipto. Sin embargo, las experiencias, incluso las grandes experiencias, no cambian el corazón tanto como solemos pensar. Ellos no verían la gloria de Dios en Su trono de gloria radiante; sino en Su gran y amorosa provisión para Su pueblo. Esa es una verdadera demostración de la gloria de Dios. Una forma en que Dios mostró Su gloria fue a través de esta muestra de misericordia y bondad. Dios no les mandó castigo del cielo; en lugar de eso les mandó pan. Tampoco exigió que dejaran de quejarse antes de comer. Tal como Jesús nos ordenaría más tarde, Dios amó y alimentó a aquellos que actuaban como sus enemigos.

El pueblo pensó que estaban murmurando en contra de Moisés y de Aarón. Pero en realidad estaban murmurando en contra de Jehová. Dios prometió dar pan del cielo en la mañana, pero también promete dar carne para comer en la tarde. Es difícil saber si todos escucharon a Jehová hablar con Moisés, o si solamente Moisés lo escuchaba. Ciertamente, todos sabían que Dios le hablaba a Moisés debido a la exhibición de gloria, pero no sabemos si podían escuchar lo que el Señor le decía.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.