La novena plaga: Tinieblas. Una plaga de tinieblas llega sin advertencia. Este era el patrón con las plagas anteriores, la tercera plaga de cada trío llegaba sin advertencia. Esta no era una oscuridad normal, tenía un elemento sobrenatural la cual la hacía palpable. La luz no es solamente una propiedad física; es un aspecto del carácter de Dios (Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él, 1 Juan 1:5). En el juicio, Dios puede retirar Su presencia tan significativamente que el vacío que queda es las tinieblas que cualquiera puede palpar.

¿Has estado alguna vez en algún lugar donde la oscuridad era total y tan impenetrable que hasta parecía que se podía sentir o palpar? En una situación así, en el mejor de los casos permaneceríamos inmóviles, aunque podríamos perder el control y ser presas del pánico.

Aparentemente, Dios no permitió que ni si quiera las luces artificiales funcionaran. Los egipcios intentaron usar velas y lámparas, pero no fueron capaces de producir luz. Esta era una demostración prominente de grandeza sobre el dios egipcio Ra, quien se creía que era el dios del sol. Por increíble que parezca todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones: No sabemos si esto era debido a que Dios los libró de esta plaga o porque Dios les permitió Su presencia única, la cual les trajo una luz sobrenatural.

Aquí aparece el último intento de Faraón de comprometerse con Moisés. Su última oferta a Moisés fue: Todos los hijos de Israel podían ir camino tres días al desierto a ofrecer sacrificio ante Jehová Dios, pero ellos debían de dejar atrás su ganado. Sin duda, Faraón sintió que Dios era un comerciante muy duro y él hizo la mejor oferta que pudo hacer a Dios. Faraón aún miraba las cosas como alguien que piensa que puede negociar con el Creador. Esto muestra que él aún no sabía como era Jehová Dios, debido a que él aún no se sometía a Él.

Pero Dios, y Su profeta Moisés; quien era Su representante, no aceptaría a comprometerse en estos términos. Dios quería libertad para todo Israel y para todo lo que le pertenecía a Israel, y no estaba dispuesto a negociar en este punto. Esto refleja la respuesta de Dios en cada intento que hacemos para rendirnos menos en lugar de todo a Él, o el de dejar ciertas cosas sin rendírselas. Él dice, “No quedará ni una pezuña.”

Ante la respuesta de Moisés ya exasperado, Faraón le ordena a Moisés que se fuera y le dijo que nunca volviera. Moisés le aseguró a Faraón, “Bien has dicho; no veré más tu rostro” – pero esto no eran buenas noticias para Faraón. Él estaba más haya de su razonamiento, y Dios no quiso razonar más con él. Aquí termina la cuenta de las nueve plagas, y aunque aún falta una por venir – la plaga sobre los primogénitos – es tan única que debe de considerarse por separado. La Biblia nos dice de que hubo diferentes razones por la cual Dios trajo estas plagas sobre Faraón y Egipto.

Para contestar a la pregunta de Faraón, ¿Quién es Jehová? (Éxodo 5:2). En las plagas Dios se mostró a Si mismo más grande que cualquiera de los dioses falsos de Egipto. Para mostrar el poder de Dios a través de Moisés (Éxodo 9:16) Para dar testimonio a las futuras generaciones de los hijos de Israel (Éxodo 10:2) Para juzgar a los falsos dioses – en realidad demonios – de Egipto (Éxodo 12:12, Números 33:4) Para advertir a las naciones – más de 400 años después, los Filisteos recordaron a Jehová Dios de Israel como a aquel que envió las plagas sobre Egipto (1 Samuel 4:8) Como un testimonio de la grandeza de Dios a Israel (Éxodo 15:11, Deuteronomio 4:34.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.