Faraón se arrepiente falsamente y su corazón se endurece más. Entonces Faraón envió a llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: He pecado esta vez; Jehová es justo, y yo y mi pueblo impíos: Esto suena como las palabras perfectas de arrepentimiento por parte de Faraón, pero un verdadero arrepentimiento aún no había obrado en su corazón. Faraón estaba apenado por las consecuencias del pecado, pero no del pecado en si.

El Yo he pecado de Faraón es una de las ocho confesiones similares en la Escritura, 5 como no sinceras y 3 como sinceras.

· Faraón – un duro pecador (Éxodo 9:27) · Balaam – un hombre con doble ánimo (Números 22:34) · Acán – un penitente dudoso (Josué 7:20) · Saúl – un hombre insincero (1 Samuel 15:24) · Judas – desesperado de arrepentimiento (Mateo 27:4) · Job – arrepentimiento piadoso (Job 6:20) · David – arrepentimiento después de un contratiempo (2 Samuel 12:13) · El Pródigo – la bendita confesión de pecado (Lucas 15:18)

La plaga del granizo hizo una impresión mayor sobre el rey que cualquiera de los castigos previos. Fue la primera plaga que produjo la muerte de hombres, y fue la más llamativa y terrible manifestación del poder divino que él había experimentado hasta entonces. Por eso Faraón pareció más humilde que antes, y aunque dos veces había llamado a Moisés y le había pedido que eliminara las plagas, esta fue la primera vez en que el orgulloso rey admitió el error de su proceder.

Aunque fue notable una confesión tal, sin embargo, no representó un sincero arrepentimiento, como lo indica la limitación “esta vez”, más se debió al efecto del terror ocasionado por los terribles relámpagos y el granizo destructor que a un genuino pesar por el pecado.

Moisés sabía que ni Faraón ni sus siervos temían todavía a la presencia de Dios: La respuesta de Moisés a Faraón muestra que él esta empezando a aprender y a discernir. Moisés sabía que la promesa de tocar al primogénito de Faraón aún no había sido cumplida. Moisés no cree que Faraón vaya a cumplir su palabra, él le concede la petición para que Faraón no tenga excusa.

Y el corazón de Faraón se endureció: Endurecer el corazón en contra de Dios es un pecado; el fallar a arrepentirse cuando Dios responde en misericordia nuestra petición es el ignorar Su rica gracia el cual nos lleva a pecar más.

La información concerniente a las cosechas que sufrieron indica aproximadamente el tiempo del año en que ocurrieron las plagas. Los egipcios cultivaban lino porque preferían las vestimentas de lino. Los sacerdotes solo se vestían del lino mejor, estaba en floración. Esto seria hacia el fin de enero o los comienzos de febrero. La cebada estaba ya espigada aproximadamente por ese mismo tiempo; generalmente se la cortaba en marzo. Por regla general se cultivaba cebada para la preparación de cerveza, bebida común entre los antiguos egipcios. También se usaba para alimentar los caballos y con ella se preparaba pan para las clases más pobres. En Egipto la cosecha de trigo comenzaba más o menos un mes después que la de cebada, y continuaba hasta la primera parte de abril.

El centeno no crecía en Egipto, y generalmente se acepta que la palabra hebrea aquí traducida “centeno” en realidad era espelto, una calidad inferior de trigo que actualmente se cultiva en Egipto como una segunda cosecha. Como lo muestran los monumentos, se cultivaba con más profusión en tiempos antiguos que hoy en día. Se sembraba simultáneamente con el trigo, y también maduraba por el mismo tiempo: a fines de marzo.

La observación de que el lino y la cebada habían sido destruidos, pero que el trigo y la espelta se habían librado de un daño mayor, muestra que la plaga de granizo debe haber ocurrido a fines de enero o a principios de febrero. Eso seria dos o tres meses antes del éxodo. Como algunas de las plagas precedentes, la séptima otra vez demostró la inutilidad del arrepentimiento proveniente del temor. Así Dios podría conseguir la sumisión de todos los humanos, pero ese dominio se invalidaría porque no se ganarían los corazones de los hombres. Se encuentra a Dios, no en la tempestad ni en el fuego del temor, sino en la suave vocecilla que habla dentro del pecho del hombre. Muchos pecadores han pasado por los portales del temor, donde oyen la voz de Dios, reconocen el poder divino y su propia indignidad; pero solo en el silencio del alma se entiende esa voz, y entonces los hombres son transformados en carácter.

Podemos imaginarnos la situación desastrosa del país, con una gran parte del ganado destruidos por las plagas precedentes y el resto, diezmados por la violencia y efectos de esta tormenta. Dios estaba golpeando a los egipcios en un intento de sacudirles y despertarles de su estado de idolatría y cultos falsos. Pero Faraón, su líder, continuó inamovible, con su corazón obstinado.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.