Yo soy Jehová. Al recordarle a Moisés el gran nombre de Dios, Él confirmó que el Dios que hace pacto y que guarda el pacto permanecía, y Él mismo cumpliría absolutamente su promesa a Moisés. Cuando toda la ayuda humana a fallado, y el alma, exhausta y desesperada ha perdido la esperanza en el hombre, Dios se acerca, y dice: YO SOY. Los patriarcas fueron privilegiados de conocer al Dios que hizo el pacto, pero para ellos no vieron su total cumplimiento. Los patriarcas conocían a Dios como el Hacedor del pacto. Moisés y la generación del Éxodo conocerían a Dios como el Único que cumpliría el pacto. Los patriarcas conocían el nombre de Yahveh; que es usado unas 160 veces en Génesis, pero no la gran aplicación a la que se refiere el Yo Soy el cual guarda y cumple el pacto cuando dice: También establecí mi pacto con ellos. Los patriarcas solamente tenían las promesas, no las cosas prometidas.

En suma, aunque los patriarcas conocían al Dios Omnipotente (El-Shaddai), ellos no le conocían a Él tan extensamente ni íntimamente de la forma que Él se revelaría a Si mismo a Moisés y a su generación. Para nosotros, Dios quiere ser más que el Dios Omnipotente – Él quiere que nosotros le conozcamos a Él personalmente, como al Dios que hace promesas y las cumple, en el cual podemos confiar para cualquier cosa. Los creyentes se debieran de preguntar a si mismos si en realidad conocen a Dios por dichos nombres. La suprema necesidad en cada hora de dificultad y depresión es una visión de Dios. El verle a Él es el ver cualquier otra cosa en una proporción y perspectiva apropiada. Dios había recordado Su pacto; ahora Moisés era llamado a recordar a su Dios.

La declaración previa parecía ser más para Moisés. La siguiente palabra sería dada para beneficio de todo Israel. Yo soy JEHOVÁ: Dios se fue al extremo para confirmar su pacto con los hijos de Israel. En siete separadas promesas de Yo haré, Dios dijo: “Yo voy a hacerlo. Pueden confiar en mí.” Las promesas eran gloriosas, igualmente en su aplicación espiritual para los creyentes de hoy: Yo los sacaré, los libraré de su servidumbre, los redimiré, los tomaré por mi pueblo, Seré su Dios, los meteré en la tierra que les daré por heredad. Cada uno de estos verbos hebreos, están en tiempo futuro, pero tan cierto estaba Dios en su cumplimiento que fueron vistos como si ya se hubieran cumplido. Hay un fuerte contraste con las cinco declaraciones de Yo haré de Satanás en escritas en Isaías 14:13-15. La gran diferencia es que Satanás estaba sin poder para llevar a cabo sus “Yo haré”. Dios es más que suficiente para cumplir Sus promesas. Por primera vez, Moisés le diría a Israel lo que Dios había prometido – no solamente el liberarlos de la servidumbre de Egipto, sino el de darles también la tierra prometida a los patriarcas.

Yo Jehová: Con esto Dios concluyó su promesa al recordarle a todos de que el era quien hace el pacto y lo guarda. Después de que Moisés habló las palabras que Dios le dijo, los hijos de Israel aún estaban atrapados en una incredulidad miserable. Ellos probablemente pudieron decir que ellos no dudaban de Dios, pero que si dudaban del mensajero – Moisés. A causa de la congoja de espíritu, y de la dura servidumbre: Esto es por lo cual Israel dudaba de Dios y de Su mensajero. Los siglos de esclavitud les hizo pensar como esclavos en lugar del pueblo del pacto. Faraón era más grande a sus ojos de lo que Dios era.

La NVI lo traduce débilmente “su desaliento”; pero era la presión interna ocasionada por una angustia profunda – como niños sollozando y jadeando por respirar. Muchos cristianos se encuentran en el mismo lugar. Se les dificulta el confiar en Dios y el creer que Él esta allí para ellos. Es por eso que Pablo dice que no debemos conformarnos a este mundo, sino el ser transformado en la renovación de nuestra mente. Los hijos de Israel necesitaban renovar sus mentes, y nosotros lo debemos hacer también. Ezequiel 20:5-9 muestra el porque Dios se veía tan pequeño y Faraón tan grande en el corazón de Israel durante ese tiempo. Ezequiel explica que ellos confiaban en los dioses de sus opresores, adorando a los dioses de los egipcios. Esto es por lo cual ellos no confiaban en Dios ni en su mensajero Moisés. La razón por la cual Dios no juzgo a Israel en ese tiempo era porque Él no quería profanar Su nombre entre los Gentiles.

Dios le dijo a Moisés que repitiera lo que él sin éxito había hecho antes (Éxodo 5:1-2). Moisés sintió que esta aproximación había fallado ya una vez, así que no había ningún sentido en repetirlo. Esta aproximación también falló en persuadir al pueblo de Israel; al parecer nunca funcionaría con Faraón. Note el motivo del desaliento de Moisés: Siendo yo torpe de labios. Previamente, él se opuso debido a que él creía que él no era elocuente (Éxodo 4:10). Ahora él se oponía porque él creía que no era digno de este trabajo. “Esa inhabilidad nació de un sentido de impureza, y no de su falta de elocuencia.” Entonces Jehová habló a Moisés y a Aarón y les dio mandamiento: Dios quería que Moisés fuera persistente en su obediencia; no el mirar a Faraón, no el mirar a los hijos de Israel, ni siquiera el mirarse a si mismo – sino el mirar a Dios y sólo a Dios. Moisés quería renunciar después del primer encuentro. Dios debía de tratar primero con su corazón antes de que Moisés estuviera listo para lidiar con todos los desalientos que vendrían por delante mientras dirigiera al pueblo de Israel a la tierra prometida. Dios estaba construyendo resistencia en Moisés, la habilidad de mantenerse en el plan de Dios aún cuando pareciera que no funcionaba. Esto es fe; esto es soportar pacientemente en el Señor. Moisés debía de entender de que esta era la voluntad de Dios, no solamente unas sugerencias para Israel y Faraón. Este era Su mandamiento divino la cual se cumpliría, de una manera o de otra.

¡Camina con cuidado aquí! Este es un territorio de entierro privado, el último lugar de descanso de los fundadores de la familia de la cual el mundo esta profundamente en deuda por su servicio sin precio. (F.B. Meyer)

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.