En su aflicción, los hijos de Israel no fueron a Dios, ni a Moisés. En lugar de ello, fueron a Faraón a pedir ayuda. Ellos creían que su carga anterior era mejor que su actual miseria incrementada. Estaría mal el decir que Israel amaba la esclavitud, podemos ver en Éxodo 2:23 que los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, clamaron; y subió a Dios su clamor por su servidumbre. Faraón no mostró la más mínima simpatía y fue cruel. Él creía que el problema de Israel es que eran flojos; más trabajo y trabajo más duro los curaría de su flojera. Faraón odiaba a Israel y los quería en una perpetua atadura para servirle a él. Por lo tanto, ellos deberían de mantenerse callados y la agitación cesaría. Los líderes de los hijos de Israel no estaban felices cuando salieron de la presencia de Faraón, y ellos pensaban que era la culpa de Moisés y de Aarón. Los oficiales de Israel estaban certeros de que Dios estaba de su lado, y todo lo que diera lugar a la inmediata peor condición de Israel no era de parte del Señor.

Ellos le reclamaron a Moisés y a Aaron que su intervención los había hecho abominables delante de Faraón. Cuando Israel era un esclavo obediente de Faraón, ellos creían que él era su amigo. Ahora que la idea de la libertad había entrado, Faraón mostró lo que él sentía a través de toda su estancia. Satanás en ocasiones se muestra amistoso con nosotros cuando nosotros aceptamos su señorío; pero cuando empezamos a ser libres en Jesús, él por lo regular tratará de hacer las cosas difíciles para nosotros. Éxodo 4:31 dice Y el pueblo creyó; y oyendo que Jehová había visitado a los hijos de Israel, y que había visto su aflicción, se inclinaron y adoraron. Después del contraataque de Faraón, la fe, la emoción y la adoración de Éxodo 4:31 se desvanecieron rápidamente. En teoría, Dios podría liberar a Israel de Egipto sin que hubiera ninguna lucha de su parte. Aún así, Él sabía que eso no era bueno o lo mejor para ellos; que para que ellos hicieran la transición de esclavos a un pueblo libre de la tierra prometida, era absolutamente necesario la prueba y la lucha.

Moisés se volvió al Señor y preguntó ¿por qué afliges a este pueblo? Era una buena pregunta, y Moisés hizo bien el preguntar audazmente lo que había en su corazón a Dios. Lo que hizo mal Moisés fue olvidar lo que Dios había dicho en la zarza ardiente. El Señor le dijo, Mas yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir sino por mano fuerte. Pero yo extenderé mi mano, y heriré a Egipto con todas mis maravillas que haré en él, y entonces os dejará ir. (Éxodo 3:19-20)

Si Dios le diera a Moisés una explicación extendida para responder a la pregunta, podría ir como sigue: “Moisés, Yo traje aflicción porque Yo estoy más interesado que solamente liberar a Israel de la esclavitud; Yo los quiero transformar de un pueblo de esclavos a un pueblo ajustado a Mi tierra prometida. Esto no sucede rápidamente o fácilmente, y eso implica incontables expresiones de confianza y rendición. Confía en Mí en esta aflicción, y Yo lo usaré para el bien de Israel y para Mi gloria. En este periodo de prueba, los mismos temores regresaron a Moisés: “Yo no soy el hombre que Dios debe de enviar.” “Dios no lo logrará.” “Faraón y los egipcios son muy fuertes.” Aún había incredulidad y falta de enfoque en Dios la cual debía de trabajar en Moisés.

La agonía del alma por la cual Moisés estaba pasando bien pudo parecer como la muerte para él. Él murió a su autoestima, a sus edificaciones reales, al orgullo en sus milagros, al entusiasmo de su gente, a todo lo que un líder popular ama. Al estar él en la tierra sólo ante Dios, deseando estar de regreso en Madián, y pensando de él mismo el ser usado en poco, él estaba cayendo como un grano de mostaza a la tierra para morir, ya nunca más para atenerse a sí mismo, sino para llevar mucho fruto. Moisés probablemente pensó que el morir a si mismo había terminado después de 40 años de atender a las ovejas en Madián, pero no era así. Nunca lo es. Dios todavía utilizará la adversidad para entrenarnos a confiar en Él hasta el día que vayamos con Él al cielo. A pesar de la previa advertencia por parte de Dios, Moisés esperaba que todo saliera fácilmente. A pesar de todo, la liberación por parte de Dios era real, y muy pronto sería vista por todo Israel.

Llevando continuidad a la historia del capítulo anterior, Moisés se encontraba desanimado por que él creía que Dios estaba corto en actuar y en ayudar. La respuesta de Dios para Moisés muestra que Él quería que él supiera que el Señor esta en control de todo. Dios no solamente prometió que Faraón los dejaría ir; él los echaría de su tierra con mano fuerte. Esto parecía imposible después de la reacción inicial de Faraón hacia Moisés y al mensaje del Señor. Esta era la declaración divina transformada en respuesta a la declaración de la dificultad humana. Todo empezó con un solemne cargo a Moisés. Primeramente, fue una respuesta a la queja la cual el siervo de Dios pronunció en Su presencia. Era una respuesta de una aseveración divina y, por lo tanto, era necesariamente un mensaje de gracia.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.