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Moisés y Aarón entraron a la presencia de Faraón. Esta confrontación requirió una tremenda valentía, y Moisés y Aarón deberían de ser elogiados por haber obedecido en esto a Dios. Faraón para nada era un servidor público; todo el pueblo vivía para servirlo a él. Su poder y autoridad eran supremas y no había ninguna constitución o ley o ninguna legislación más alta o igual a él. Se decía que los Faraones eran hijos del sol; ellos eran los amigos de los grandes dioses de los egipcios los cuales se sentaban con ellos en sus propios templos para recibir adoración conjuntamente con ellos.
Una inscripción por parte de un Faraón en un templo antiguo egipcio nos da la idea: “Yo soy aquel que era, y es, y será, y ningún hombre a levantado mi velo.” El Faraón era más que un hombre; él se consideraba a sí mismo un dios, y los egipcios estaban de acuerdo. Al crecer en las cortes reales de Egipto, Moisés sabía bien esto; pero también sabía que Faraón era solamente un hombre. Con la autoridad del Dios viviente, y por eso Moisés confrontó a Faraón.
La demanda fundamental de Dios a Faraón; a través de Sus mensajeros Moisés y Aarón, fue la liberación de Su pueblo. Dios afirmó que Israel le pertenecía a Él, y no al Faraón; y, por lo tanto, ellos deberían ser libres. Aquellos que pertenecen a Dios deben ser libres, y no deben estar atados. Faraón sabía de muchos dioses, pero no reconoció al Señor del cual Israel era Su posesión. Por lo tanto, él se negó a la petición.
Faraón no tenía el corazón correcto, pero él hizo la pregunta correcta. ¿Quién es Jehová? Moisés había preguntado: ¿Quién soy yo? Las preguntas relevantes no se trataban acerca de Moisés o de Faraón. Si Faraón en realidad conociera quién era el Señor, él hubiera liberado a Israel con gusto. Moisés expuso la demanda que Dios le dio primeramente en Éxodo 3:18. Dios le presentó la pequeña demanda a Faraón primero, para que la petición fuera lo más atractiva y lo más fácil de aceptar. Él hizo esto para que Faraón no tuviera ninguna excusa para rechazar a Dios ni para que endureciera su corazón.
Faraón no solamente rechazó la idea de dar a los Israelitas tres días de descanso, él vio la misma petición como una perdida de trabajo. Faraón sabía que los intentos anteriores de bajar la población de Israel habían fallado. Ellos continuaban multiplicándose. Esto era bueno para Israel, pero malo para Faraón. Para castigar a Israel por la petición decidió darles más trabajo. Faraón pensó: “Al parecer tienen mucho tiempo para hacer estas locas peticiones – entonces deben de tener suficiente tiempo para trabajar aún más”. Faraón mandó que los Israelitas debían de recoger su propio material (específicamente paja) para hacer los ladrillos. La paja tiene un contenido ácido que hace a los ladrillos más fuertes. El uso de paja al hacer ladrillos en Egipto durante este periodo es confirmado por la arqueología. Ladrillos de todo tipo han sido encontrados en Egipto, algunos con paja regular cortada, algunos con raíces duras y sobras, y algunos sin nada de paja. Paja cortada era mezclada con barro para hacer los ladrillos más flexibles y fuertes al atar el barro primeramente y luego al descomponerse y liberar vapores ácidos. Los ladrillos del oeste son por lo regular hechos de barro y paja amasados juntos, y nos son puestos al fuego, sino que son secados completamente en el sol.
El efecto inmediato del trabajo de Moisés lo hizo más duro para Israel, no mejor. El confrontar las malvadas ataduras egipcias no sería fácil. Esta era una prueba significativa para Moisés e Israel. La libertad de todo Israel era el objetivo; todo Israel soportó esta difícil prueba antes de que la libertad fuera obtenida. Los trabajadores y sus líderes no confrontaron a Faraón, pero sí estaban conectados al trabajo de liberar a Israel de Egipto. Las cosas regularmente marchan atrás con los santos antes de que avancen hacia adelante, así como el maíz crece hacía abajo y luego se endereza hacía arriba.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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