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No fue erróneo de Moisés el preguntar, primeramente, ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón? esta era una pregunta lógica considerando la gran tarea que se tenía. Y Dios respondió a esta pregunta más que adecuadamente en Éxodo 3:12: Yo estaré contigo. Después de eso, y en este pasaje, la pregunta de Moisés demostró incredulidad en lugar de una búsqueda sincera. En Éxodo 3:13, Dios prometió que los líderes de Israel escucharían a Moisés. Él dijo: Y oirán tu voz. Cuando Moisés hizo esta protesta él pudiera bien haber dicho: Pero, ¿qué si te equivocas Dios?
Estuvo bien cuando Moisés no tenía confianza en la carne; pero estuvo mal de que el desconfiara de Dios. En vista de la zarza ardiente, la voz de Dios, y el encuentro divino, no había lugar para que Moisés dijera, “Pero”. La verdad nunca estamos preparados para cuando Dios nos llama a servir en algo importante.
Dios le pregunta: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Esto refleja un precioso principio en cuanto a Dios se refiere en cómo usa a la gente – Dios uso lo que Moisés tenía en su mano. Los años que Moisés pasó atendiendo ovejas no fueron en vano. Esos años depositaron en la mano de Moisés cosas que él podría usar para la gloria de Dios. Dios no usó el cetro que estaba en la mano de Moisés cuando el vivía en Egipto, pero Él sí uso la simple vara del pastor. A Dios le gusta usar lo que tenemos en nuestra mano. La vara de Moisés partiría el Mar Rojo. Golpearía una roca de la cual saldría agua. Sería levantada sobre una batalla hasta que Israel ganara. Sería llamada la vara de Dios.
No solamente la vara de Moisés se convirtió en una culebra; se convirtió en una culebra real que era lo suficiente aterradora para que hiciera que Moisés huyera de ella. Vemos la fe de Moisés cuando él extendió su mano para tomar a la culebra justo como Dios se lo mandó. La cola es la parte más peligrosa al momento de tomar una culebra; aún así Moisés salió ileso. En este pequeño incidente Moisés aprendió el cómo hacer lo que Dios le decía que hiciera aún cuando fuera incómodo. Este milagro haría que los hijos de Israel se dieran cuenta de que el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob estaba con ellos y de que el Dios de pacto no se había olvidado de ellos.
Las dos primeras señales tenían que ver con una transformación. Algo bueno y de buen uso (una vara o una mano) fue hecho en algo maligno (una culebra y una mano leprosa), y significativamente fueron transformados a su estado original. Había un verdadero mensaje en las dos primeras señales. En la primera dijo: Moisés, si me obedeces, tus enemigos no tendrán poder. En la segunda señal dijo: Moisés, si me obedeces, tu contaminación puede ser hecha pura. Dudas en cualquiera de estas áreas le estorbaban a Moisés, y antes de que esas señales le hablaran a los demás, ellas le hablaron a Moisés. Este es el patrón con todos los líderes de Dios.
La palabra hebrea para lepra cubría un rango más amplio de enfermedades de lo que lo hace la palabra ‘cáncer’ de nuestros tiempos.
La tercera señal era simplemente una señal de juicio. Aguas limpias y puras fueron hechas sucias y sangrientas a través del trabajo de Dios y éstas no volvieron a su estado original. Esto muestra que, si los milagros de transformación no cambiaban los corazones de la gente, entonces quizás la señal del juicio lo haría. Y si aún no creyeren a estas dos señales, ni oyeren tu voz muestra que la señal de juicio solamente se mostraba cuando persistía la incredulidad a pesar de los milagros de transformación mostrados delante de ellos.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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