El sumo sacerdote también llevaba puesto un pectoral, que era algo parecido a un chaleco y que tenía 12 piedras preciosas, montadas en engaste de filigrana de oro. Era una prenda de gran belleza. Posiblemente tenía una especie de bolsillo donde se guardaban el Urim y el Tumim. No sabemos como funcionaban el Urim y el Tumim tenían algo que ver con las predicciones y el determinar cual era la voluntad de Dios. Las piedras preciosas del pectoral nos hablan del hecho de que Cristo nos lleva hoy en Su corazón, porque El nos ama. Como elocuentemente se declara en el Evangelio de Juan 3:16, Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna. Aquellas piedras preciosas, montadas sobre oro, nos describen Su gran amor hacia nosotros.

Sobre el borde de la capa del efod estaban, como un adorno más, las campanillas de oro puro y las granadas. De esta manera, cuando el sumo sacerdote estaba de servicio, aquellas campanillas hacían oír su sonido en el momento en que se dirigía hacia el Lugar Santo. La granada simboliza la vida fructífera del creyente y las campanillas nos hablan del testimonio público de esa vida. Cuando el sacerdote se encontraba en el Lugar Santo, los israelitas podían decir: “Bueno, él está allí, en el lugar de la adoración, sirviendo a nuestro favor. Sabemos con certeza que se encuentra allí porque podemos oír el sonido de las campanillas”. Esto es, precisamente, lo que la adoración debería significar para nosotros. Nuestro Sumo Sacerdote está representándonos a nosotros en la presencia de Dios. Esta realidad tendría que atraernos hacia la persona de Cristo.

En una ocasión, un creyente estaba escuchando a un predicador que exponía la Palabra de Dios y, cuando el sermón terminó, se le acercó y le dijo: “Bien, hoy hizo Ud. sonar la campana” El sermón había sido como cualquier otro, pero el oyente era una persona a la que le encantaba estudiar la Biblia y entonces, al escuchar la proclamación de la Palabra de Dios, sentía que se encontraba en la presencia de Dios.

Escuchar, pues, el sonido de las campanillas debió ser una experiencia maravillosa. Considerando en conjunto las vestimentas de los sacerdotes y, en especial, las del sumo sacerdote, vemos que nos ofrecen una imagen majestuosa. Y en la placa de oro puro o diadema, que llevaría sobre la parte delantera de su turbante para que estuviese siempre sobre su frente y que lo consagraba como sacerdote grabaron, a manera de sello, las palabras “SANTIDAD AL SEÑOR”, queriendo decir, en realidad, “consagrado al Señor”. Esta referencia a la santidad tiene que ver con la vida interior, pero lo importante es que significa que el sumo sacerdote estaba totalmente consagrado al servicio del Señor. Como dijimos al principio, la palabra “santo” implica a cualquier cosa que esté separada, apartada, para ser utilizada por Dios.

Tenemos que reconocer que todos aquellos que proclaman o enseñan la Palabra de Dios, en un sentido figurado, es como si llevaran sobre su frente, en el lugar más visible de su cuerpo, aquellas palabras grabadas. El gran significado espiritual de aquel lema, llevado a la práctica en la vida de servicio y obras de los creyentes, hará que todo lo que hagan para Dios sea efectivo y fructífero.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.