Yo hago pacto: Este era el pacto de Dios, al cual invitó a Israel a unirse. No negoció los términos con Israel. En cambio, dictó los términos al pueblo a través de Moisés. El plan de Dios era glorificarse a Si mismo a todas las naciones a través de Israel, y mostrar su gloria a través de las grandes cosas que hizo entre ellos. Israel tenía una elección en cuanto a esas grandes cosas. Ya sea que las grandes cosas fueran bendiciones tan impresionantes que cada nación sabría que solamente Dios había bendecido a Israel (como en el caso de Salomón). O, que las grandes cosas serían maldiciones tan terribles que cada nación sabría que Dios había castigado a Israel y, sin embargo, los mantuvo como una nación (como fue el caso del exilio). De cualquier manera, Dios se glorificaría a sí mismo a través de Israel entre las naciones.

Cuando Dios dice: Haré maravillas, esto parece referirse a lo que Dios hizo al ponerlos en posesión de la tierra de Canaán, al provocar la caída de los muros de Jericó; al hacer que el sol y la luna se detuvieran, y así sucesivamente. Dios prometió hacer lo que Israel no podría hacer por si mismo – echar a las naciones de Canaán, permitiendo que Israel tomara posesión de lo que Dios había prometido darles. Como se dijo anteriormente en Éxodo 23:24 al mostrar que la cultura de los cananeos era tan corrupta que estaba más allá de la redención. Dios no quería que Israel asumiera ninguna de las prácticas pecaminosas que se encuentran en la cultura de los cananeos.

Había una conexión definida entre la adoración de los dioses cananeos y la inmoralidad sexual. Muchos de los dioses cananeos eran dioses de la fertilidad y eran adorados con prostitutas rituales y sexo.

No te harás dioses de fundición. La repetición de este mandamiento (la idea está en Éxodo 20: 4, el segundo mandamiento) era especialmente significativa a la luz de la debacle del becerro de oro. Ninguna imagen moldeada podría acercarse a mostrar la gloria de Dios, ni siquiera en el sentido parcial de lo que vio Moisés en el monte Sinaí.

La fiesta de los panes sin levadura: Mencionada por primera vez en Éxodo 12: 14-20, esta fiesta habla de la pureza que Dios deseaba entre Israel delante de Él, cuando toda levadura – un símbolo del pecado – era desechada e Israel andaba en una pureza simbólica.

Todo primer nacido, mío es: Aquí Dios repitió las leyes con respecto al primogénito y su dedicación a Él, declaradas por primera vez en Éxodo 13: 11-13 y 22: 29-30.

Ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías: Dios dio este mandato en el contexto del trabajo diario (Seis días trabajarás) y la observancia de la fiesta (celebrarás la fiesta…). La idea es de que todos deben de tener algo en que trabajar y algo que dar a Jehová.

Dios ordenó que en tres fiestas cada año (Pascua, Pentecostés y la Fiesta de los Tabernáculos), cada hombre israelita se reuniera delante de Jehová. Aquí Dios incluso prometió una protección sobrenatural para un Israel obediente cuando fueran a las fiestas. Ninguno codiciará tu tierra, cuando subas: ¡Qué prueba más manifiesta fue esta del poder y la providencia particular de Dios! ¡Cuán fácil hubiera sido para las naciones vecinas tomar posesión de toda la tierra israelita, con todas sus ciudades cercadas, cuando no quedaba nadie para protegerlas sino mujeres y niños! ¿No fue esta una prueba permanente del origen divino de su religión? La levadura es a menudo una imagen del pecado en la biblia. Por lo tanto, estaba prohibido incluir cualquier tipo de levadura en un sacrificio de sangre (como se indicó anteriormente en Éxodo 23:18).

Cuando Israel entró en Canaán, tenían la responsabilidad especial de hacer una ofrenda por las primicias a Dios, además de su ofrenda regular de las primicias. Darle a Dios lo primero y lo mejor lo honraba como el Buen Proveedor de todas las cosas. No cocerás el cabrito en la leche de su madre: Este mandato se repite en Éxodo 23:19. Era un mandato de no imitar los crueles rituales paganos de fertilidad practicados entre los cananeos.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.