Moisés tardaba en descender del monte: Esto turbó al pueblo de Israel. Es cierto que Moisés tardaba, pero Dios tenía un propósito maravilloso por la tardanza de Moisés, y muy pronto terminaría. Sin embargo, debido a que el pueblo no podía ver la razón de la demora, permitieron que les hiciera tropezar. Moisés se había ido por cuarenta días. Esto probablemente le pareció mucho tiempo al pueblo, pero poco tiempo a Moisés. Ciertamente, fue un breve período de tiempo en relación con la realización del plan de Dios para Israel. La forma en que manejamos los retrasos ordenados por Dios es una buena medida de nuestra madurez espiritual. Si permitimos que tales retrasos nos hagan caer en pecado o en la resignación al destino, entonces reaccionamos mal a Sus retrasos ordenados. Si permitimos que esos momentos profundicen nuestra perseverancia en nuestro seguir a Dios, entonces serán de buena utilidad.

El episodio de pecado descrito en este capítulo se inició con el impulso de la opinión popular. Este es un ejemplo de que la voluntad del pueblo no siempre es la voluntad de Dios. Cuando se trata de representar a Dios en el mundo y de servir a la humanidad, existe el peligro de comenzar por lo que la gente quiere o siente que necesita. El pueblo quería dioses que fueran delante de ellos, que los dirigieran a la Tierra Prometida. Ellos sabían que Jehová los había sacado de Egipto y sabían que Jehová Dios se había manifestado en el Monte Sinaí. Sin embargo, estaban dispuestos a confiar en un dios que ellos pudieran fabricar para terminar lo que Jehová había iniciado.

Dios le dijo a Moisés que recibiera una ofrenda voluntaria para recolectar materiales para el tabernáculo (Éxodo 25: 1-7). Antes de que Moisés descendiera del monte Sinaí y recibiera esta ofrenda ordenada por Dios, Aarón recibió esta ofrenda de oro para hacer un ídolo. El pueblo respondió generosamente. Por naturaleza, las personas son generosas en lo que dan a sus ídolos. Deberíamos ser aún más generosos con lo que le damos al Dios Viviente. Esto no fue el trabajo inspirado por el Espíritu en Bezaleel y Aholiab, que se menciona en Éxodo 31: 1-6. Este fue el trabajo de Aarón inspirado por el pecado. Lo pensó, fundió el oro, lo moldeó y le dio forma cuidadosamente con cincel. Becerro no es una buena traducción del hebreo egel. Se refiere a un novillo en sus primeras fuerzas; por ejemplo, la palabra puede describir a un animal de tres años. Aarón no ungió a esta cosa como su dios; simplemente estuvo de acuerdo con el pueblo mientras lo proclamaban como su dios. Probablemente se sintió halagado por la admiración que sentían por su creación. Un verdadero liderazgo hubiera clamado, ¡Esto es idolatría! Debemos de destruir este becerro de oro. Ustedes se equivocan al llamar dios a esta creación del hombre. Pero Aarón no era un verdadero líder. Él fue un ejemplo del que dirige siguiendo la opinión popular. Esto muestra la insensatez de la idolatría. Esta estatua de un becerro no existía el día anterior, sin embargo, la adoraban como el dios que los sacó de Egipto. Lo terrible es que ellos sirvieron a su ídolo con entusiasmo, energía y sacrificio personal. Las personas suelen encontrar la manera de levantarse temprano para las cosas que son realmente importantes para ellas. Esto muestra que Israel estaba dispuesto a dar su tiempo, su sueño y su dinero al servicio de este ídolo. Y se levantó a regocijarse: Esta es una manera elegante de hablar de la grave inmoralidad entre el pueblo de Israel. El verbo sahaq significa borracheras, orgías inmorales y juegos sexuales.

Dios llamó a Israel tu pueblo, en el sentido de que ellos pertenecían a Moisés, y no a Dios. Con esto Dios sugiere a Moisés que Él había o estaba a punto de rechazar a Israel. Dios describió a Moisés todo lo que estaba pasando, e incluso citó las palabras del pueblo en su idolatría. Dios sabia exactamente lo que pasaba. El pueblo ignoró a Dios, pero Él no los ignoró a ellos. Dios habló como si hubiera visto suficiente, e hizo una oferta excepcional a Moisés. Si Moisés accedía, Dios consumiría a Israel y comenzaría de nuevo con Moisés (y de ti yo haré una nación grande). Hipotéticamente, Dios podría haber hecho esto y aun así haber cumplido todas las promesas hechas a Abraham, Isaac y Jacob. Dios no pidió la opinión ni la participación de Moisés en este asunto. Él simplemente dijo a Moisés, “Déjame para poder hacer esto.” La impresión clara era que, si Moisés no hacía nada, el plan seguiría su marcha. Moisés se rehusó a no hacer nada. No dijo de manera fatalista: “Bueno, lo que sea que Dios quiera hacer, eso hará.” Él oró en presencia de Jehová, de acuerdo con lo que él creía que era el corazón de Dios. La oración de Moisés no fue larga, pero fue fuerte. No es la duración, sino la fuerza de la oración lo que atrae al cielo.

En su oración, Moisés le regresó el pueblo a Dios. “Señor, ellos te pertenecen a ti y no a mi. Yo no quiero ser el dios de este pueblo; sólo Tú puedes hacer eso. Moisés luego apeló a Dios sobre la base de la gracia. Señor, para empezar, no merecíamos ser sacados de Egipto. Lo hiciste por Tu gracia, no porque lo merezcamos. Por favor, no dejes de tratar con nosotros por gracia. Finalmente, Moisés apeló a Dios bajo el fundamento de Su bondad. “Señor, mantén Tus promesas. Eres un Dios bueno que siempre es fiel. No rompas Tus promesas a Abraham, Isaac e Israel”. Dios contestó la oración de Moisés. No debemos pensar en Moisés como alterando el propósito de Dios hacia Israel con esta oración, sino como cumpliéndolo: Moisés nunca se pareció más a Dios que en esos momentos, porque compartió la mente de Dios y Su propósito amoroso. Al vivir bajo el Nuevo Pacto, no tenemos menos privilegios en oración que los que tuvo Moisés. No tenemos menos acceso a Dios que el que tuvo Moisés. Lo único que podemos tener menos es el corazón de Moisés por el pueblo.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.