El altar del incienso estaba hecho de madera de acacia recubierta de oro. Tenía 0,5 metros cuadradas y 1 metro de altura. Este altar también era transportado por el sistema de anillos y varas, al igual que el Arca del Pacto, la mesa de los panes de la proposición, y el altar de bronce con su rejilla. Este mismo estaba fuera del velo, junto con el candelabro de oro y la mesa de los panes de la proposición, en el lugar santo (no en el lugar santísimo). Por lo tanto, estaba muy cerca del Arca del Pacto, pero separado por el velo. La mesa de los panes de la proposición representaba la comunión con Dios, el candelabro hablaba del testimonio al mundo, y ahora el altar de oro habla de la ofrenda de adoración.

Rociados a lo largo de esta descripción del tabernáculo y los muebles, estaban los recordatorios del propósito del tabernáculo. Era un lugar para que el hombre se encontrara con Dios. A Aarón (y a otros sacerdotes después de él) se le instruyó que quemara incienso en este altar todos los días como parte de sus deberes sacerdotales normales, tanto por la mañana como por la tarde. El incienso es una imagen de la oración, en la dulzura de su olor y en la forma en que asciende al cielo (y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos, según Apocalipsis 5:8). El ministerio en el altar del incienso habla de cómo el pueblo de Dios debe acudir continuamente a Él en oración.

A los sacerdotes no se les permitía ofrecer a Dios lo que quisieran en el altar del incienso. El incienso extraño estaba prohibido. Era llamado el altar del incienso, pero nunca se colocaba sobre él sacrificio de animal ni libación, era un lugar para la sangre expiatoria. En el Día de la Expiación, Aarón tenía que ungir los cuernos del altar del incienso con la sangre del sacrificio expiatorio una vez al año. La oración no es el lugar en donde se hace el sacrificio de expiación; es el lugar en donde se disfruta el sacrificio de expiación. No nos salvamos a nosotros mismos a través de la oración; oramos debido a la obra de salvación de Jesús en la cruz. El Día de la Expiación era solo una vez al año, pero todos los días, cuando los sacerdotes traían la ofrenda de incienso por la mañana y por la noche, veían los cuernos del altar manchados de sangre. Este era un recordatorio constante de la obra de la sangre expiatoria.

Más adelante en el libro de Números, se registraron dos censos importantes de la nación de Israel. Aquí Dios hizo una provisión para hacer un censo sin recibir plaga. Un censo ponía en riesgo de plaga a Israel porque un censo (una numeración) significaba propiedad. Y esto hablaba en contra de los derechos de propiedad de Dios, porque en su pensamiento, un hombre solo tenía derecho a contar o numerar lo que le pertenecía. Israel no pertenecía a Israel; Israel pertenecía a Dios. Solo Él podía ordenar un conteo. Si se realizaba un conteo sin recibir el dinero de rescate, entonces el censo comunicaba la idea de que un rey, o un líder humano, poseía a Israel, siendo que le pertenecía únicamente a Dios. Este fue el problema de David en 2 Samuel 24: 1-25, cuando David tomó un censo sin el dinero del rescate y Dios mandó una plaga a Israel.

El censo debía incluir a todos los mayores de veinte años. Esta parece ser la edad israelita de la plena adultez en este sentido. Este dinero del rescate hablaba claramente: todos le deben a Dios; todos están obligados a Él. El Señor ordenó que todo varón mayor de veinte años pagara medio siclo como dinero de redención, confesando que merecía morir, reconociendo que estaba en deuda con Dios y trayendo la suma exigida como símbolo de una gran redención que con el tiempo se pagaría por las almas de los hijos de los hombres. Más tarde, el medio siclo se convirtió en un impuesto anual del templo. Esta no era una solicitud de una ofrenda voluntaria, ni era un diezmo proporcional. Esto era más como un impuesto fijo, donde todos pagaban la misma cantidad, ricos o pobres – debido a que esto era para hacer expiación. No era que el dinero fuera la expiación, sino que marcaba a los que eran expiados. En este sentido no es un patrón para nuestras ofrendas en el Nuevo Pacto.

El dar en el Nuevo Pacto debe de ser proporcional, bajo el principio de que nosotros debemos dar en proporción a nuestra bendición (1 Corintios 16:2). Este dinero era una imagen del costo de nuestra propia redención. El medio shekel no era un regalo en el sentido de una ofrenda voluntaria. Era un reconocimiento de redención, una señal de expiación, hecha y recibida. Aquí los ricos y los pobres se encontraban en perfecta igualdad. Este dinero era dado para servicio del tabernáculo. Se necesitaba una gran cantidad de plata para construir el tabernáculo, y esta fue la forma en la que se obtuvo.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.