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Por 40 años Moisés vivió como un pastor oculto en el desierto de Madián. Hasta este punto su vida era tan humilde que él no tenía ningún ganado al que pudiera llamar como propio – las ovejas pertenecían a su suegro. A través del desierto, Moisés llevó a las ovejas hasta Horeb, el monte de Dios, el cual después se llamó el Monte Sinaí. Horeb probablemente significa “desierto” o “desolación,” y este nombre nos da una idea del terreno. No fue solamente que Moisés vio una zarza ardiendo; aparentemente es común que una planta como esta tuviera una combustión instantánea en ese desierto. Sin embargo, dos cosas eran distintivas de esa zarza: Apareció el Ángel de Jehová en medio de ella y la zarza no se consumía. Lo que fuera que Moisés miró, no era nada normal. Para explicar lo que ocurrió aquí como un espejismo temporal, o la luz del sol reflejada en algunas hojas rojas, o incluso el fuego del campamento de algún Beduino, sería como sustituir su experiencia de los cuarenta años de Moisés en esta área y su asombro de que eso era algo ciertamente inusual.

Dios no habló a Moisés hasta que Él tuvo su atención. Regularmente la Palabra de Dios no toca nuestro corazón de la manera que podría llegar a hacerlo puesto que nosotros no prestamos atención. Moisés no vio a nadie en la zarza ardiente; aún así Dios, en presencia del Ángel de Jehová estaba allí llamando a Moisés de en medio de la zarza. Sin duda, esta es otra ocasión donde Jesús se aparece en el Antiguo Testamento antes de Su encarnación como el Ángel de Jehová, así como Él lo hizo muchas veces. Decimos que éste es Dios, en la Persona de Jesucristo, debido que de Dios el Padre se a dicho que ninguno a visto a Dios en ningún tiempo. El único Hijo, quien esta en el regazo del Padre, Él ha declarado conocerlo y que no hay hombre que a visto a Dios en la Persona de el Padre.

Las primeras palabras de Dios para Moisés fue llamarlo por su nombre. Esto muestra que a pesar de que Moisés era un pastor solitario y olvidado detrás del desierto, Dios sabía quien era él y era importante para Dios. La doble llamada (¡Moisés, Moisés!) implica importancia y urgencia, como cuando Dios llamó a ¡Abraham. Dios le dijo a Moisés que hiciera dos cosas para mostrar un honor especial a este lugar debido a la Su inmediata presencia: Que guardara su distancia y mostrara reverencia ante la presencia de Dios quitando el calzado de sus pies. Éste era un lugar santo; y debido a que Dios es santo siempre habrá una distancia entre Dios y los hombres. Aún en la perfección, el hombre nunca será igual a Dios, aunque si seremos capaces de tener una relación más cercana con Él.

Dios se reveló a sí mismo a Moisés al declarar Su relación con los patriarcas. Esto le recordó a Moisés que Dios es el Dios de pacto, y de que Su pacto con Israel aún era válido e importante. Éste no era un “nuevo Dios” que se encontraba con Moisés, sino el mismo Dios que trató con Abrahan, Isaac y Jacob. En los días de Moisés, algunos pudieron pensar de que Dios olvidó Su pacto durante los 400 años de esclavitud de Israel en Egipto desde los tiempos de los patriarcas. Sin embargo, Dios estuvo trabajando durante ese tiempo, preservando y multiplicando la nación. Moisés respondió como un hombre que sabía que él no sólo era una criatura, sino una criatura pecadora – él cubrió su rostro. Durante sus años en el desierto de Madián, Moisés debió de pensar muy seguido como él había asesinado a un egipcio y del orgullo que él tenía de pensar que él podría liberar a Israel por si mismo. Moisés pudo haber recordado mil pecados, reales e imaginarios – pero ahora, cuando Dios apareció, él respondió de una manera muy diferente de lo que pudo haber respondido hace 40 años atrás.

Dios había decidido dar a Israel la tierra de Canaán hace unos 400 años antes de estos eventos. En este punto la experiencia de Moisés se enfatizaba en la separación entre él mismo y Dios. Moisés no era el Dios eterno de los patriarcas. La separación entre Dios y Moisés era real; con todo Dios mostraría pronto Su cuidado y compasión a Moisés y al pueblo de Israel. Dios es santo, pero no necesariamente está lejos. Dios es santo; aún así a Dios le importa y se conecta a Si mismo a nuestras necesidades. Dios lo podría hacer todo Él mismo, pero es más común que la obra de Dios se haga con y a través de las personas, y nosotros somos colaboradores juntamente con Él.

40 años antes Moisés pensaba que sabía quien era él. Era un príncipe de Egipto y un hebreo, el instrumento de Dios para liberar a Israel. Después de cuarenta años de perseguir a ovejas en el desierto, Moisés ya no tenía la misma seguridad que alguna vez había tenido. La respuesta de Dios estaba intencionada para quitar el enfoque de Moisés en si mismo y la pusiera en donde debiera de estar – en Dios. Por lo tanto, Dios nunca le contesto a su pregunta de “¿Quién soy yo?” En lugar de eso, Él le recuerda a Moisés que “Yo estaré contigo.” Esta era una gran oportunidad para lidiar con el problema de “autoestima” de Moisés, pero Dios ignoró a las soluciones que nosotros usualmente le damos a este tipo de problema. Moisés solo tenía un problema de autoestima cuando él estaba muy confiado en su propia habilidad de librar a Israel. La señal que verdaderamente le dio Dios a Moisés bien pudiera no ser la de venir al Monte Sinaí (la cual no ocurrió sino después de muchos meses). La señal probablemente fue la anterior, la señal de la zarza ardiente y el encuentro con Dios allí.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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