El rey de Egipto les da ordenes a las parteras de matar a los niños varones hebreos. No debiéramos de esperar que estas dos mujeres fueran las únicas parteras de todos los hijos de Israel. Ellas quizás eran las líderes de una asociación de parteras. Sifra y Fúa son dos nombres semíticos, de algún tipo arcaico y su significado es: belleza y esplendor respectivamente. Podemos observar a la ordenanza de Faraón, consistentemente con el plan de odio por los judíos por parte de Satanás a través de los siglos, como un ataque en contra del Ungido de Dios y el plan máximo para Israel en Su plan de redención. Satanás sabía que el Mesías – la Simiente de la Mujer, el que le heriría en la cabeza vendría de los hijos de Israel. Por lo tanto, él intentó destruir en una generación la nación entera mediante la ordenanza de matar a los niños.

Las parteras probablemente temían a Faraón y su poder, pero ellas temieron más a Dios. Para ellas la decisión era clara. El gobierno civil demandaba algo que estaba claramente en contra de los mandatos de Dios. Las parteras hicieron lo correcto: ellas obedecieron a Dios en lugar de a los hombres. Fue como en Hechos 4:19, cuando Pedro les preguntó a las autoridades civiles: Juzguen si es justo delante de Dios obedecer a ustedes antes que a Dios. A pesar de que somos llamados a obedecer al gobierno y a las autoridades civiles nunca somos llamados a poner al gobierno en el lugar de Dios. Por lo tanto, si el gobierno nos dice que hagamos algo en contra de la voluntad de Dios, nosotros debemos de obedecer a Dios, primeramente.

Cuando Faraón las enfrentó ellas le dijeron al Rey que las mujeres hebreas son más robustas que ellas y cuando llegaban ellas ya habían dado a luz. Muchas personas asumen que las parteras hebreas mintieron a Faraón cuando dijeron esto. Sin embargo, este no es el caso. Las parteras bien pudieron decir la verdad – quizás era cierto esto acerca de las mujeres hebreas, aún así, las parteras no explicaron todas las razones del porque los bebes eran preservados. Mientras mayor era la persecución en contra del plan de Dios de multiplicar a los hijos de Israel en Egipto, Dios se hacía cargo de que el plan tuviera más éxito. Éste es un maravilloso ejemplo de la bondad y el poder de Dios. Faraón dijo, “menos”, y Dios dijo, “más.” Faraón dijo, “detengan”, y Dios dijo, “vayan.”

Si la batalla fuera únicamente entre Faraón y el pueblo de Israel, el Faraón hubiera claramente ganado. Pero la batalla real incluía a Dios en la ecuación, y eso cambió todo. Obviamente que Dios ganó esta batalla; pero Él ganó Su victoria a través de unos valientes individuos quienes estaban dispuestos a levantarse ante el poder de Faraón y a hacer lo que era correcto. Dios prosperó sus familias: Esta era la bendición de Dios hacia las parteras – Él permitió que tuvieran hijos propios. Usualmente las parteras elegían ese oficio porque no podían tener hijos propios.

Al ver que su plan no había funcionado, Faraón dio una orden más radical, de que todos los infantes varones deberían morir – y aparentemente los niños egipcios también (Faraón mandó a todo su pueblo)

El método que el Faraón mandó para matar a los niños de Israel se convirtió en la provisión divina para entrenar al libertador de Israel.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.