Ester mostró gran tacto incluso cuando finalmente hizo su petición. Ella no se identificó de inmediato como judía, condenada a la masacre – incluso como también Amán ocultó la identidad del grupo al que deseaba condenar cuando hizo su pedido. Ester también mostró sabiduría en cómo enmarcó su petición. Ella apeló a nivel personal, sabiendo que no había hecho otra cosa más que complacer al rey.

Tal vez Asuero debería haber sabido que en realidad fue él mismo quien autorizó tal plan. Él fue quien autorizó a Amán para llevar a cabo este complot, aunque lo hizo por ignorancia. Ester expuso la verdad sobre Amán; que no era un siervo fiel del rey, sino un enemigo y adversario, más interesado en su propia fama y estatus que en el beneficio del rey. Amán nunca imaginó que Ester era judía; ahora estaba ante el rey siendo justamente acusado de tramar el asesinato de la esposa del rey. Ahora se puede ver la sabiduría del extraño pedido de Ester de invitar a Amán a estos banquetes; maximizó el impacto tanto sobre el rey como sobre el mismo Amán.

El rey se llenó de ira probablemente porque ahora se daba cuenta de que Amán lo había engañado al obtener este decreto para matar a los judíos y ponerlo en marcha. A pesar de todas las súplicas de Amán, solo se metió en problemas más graves – ¡ahora era acusado de agredir personalmente a Ester! Un escrito judío dice que el ángel Gabriel empujó a Amán para que cayera sobre el lecho de Ester justo cuando el rey Asuero regresaba a la habitación. La cabeza de Amán fue cubierta como una preparación para la ejecución.

Como en el caso de las personas ejecutadas en Ester 2: 23, Amán probablemente no fue colgado con una cuerda alrededor de su cuello; fue empalado en una enorme estaca como un antiguo precursor de la crucifixión. Amán encontró su fin en el mismo instrumento que había destinado para la muerte de Mardoqueo; fue atrapado en su propia trampa contra Mardoqueo. Dios a menudo obra de esta manera y debemos orar como lo hizo el salmista: He aquí, el impío concibió maldad, se preñó de iniquidad, y dio a luz engaño. Pozo ha cavado, y lo ha ahondado; y en el hoyo que hizo caerá. Su iniquidad volverá sobre su cabeza, y su agravio caerá sobre su propia coronilla (Salmo 7:14-16). Quizás el mayor ejemplo de esto fue cuando Satanás pensó que había ganado haciendo que la multitud crucificara a Jesús, pero la cruz resultó ser el instrumento de su derrota.

La muerte de un sustituto satisfizo la ira del rey. En el caso de Mardoqueo y Amán, fue el culpable el que murió en lugar del inocente; en el caso de nosotros y de Jesús, es una cuestión del inocente muriendo en lugar de los culpables.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.