Ester mostró valentía en su disposición de presentarse ante el rey sin ser convocada por él. Esto requirió un valor especial porque el rey Asuero no tenía una buena reputación de tratar bien a sus reinas. También mostró tacto al no dejar escapar su principal petición de inmediato. Primero quería ganarse la confianza del rey, y quería que Amán en el banquete finalmente expusiera su maldad.

El rey Asuero repitió la oferta a la reina. Era más una expresión proverbial que una oferta literal cuando ofreció hasta la mitad del reino. Ester aplazó la petición por un día más, prometiendo revelar su petición en un segundo banquete al día siguiente.

Puede ser que Ester no encontrara valor para presentar su petición y utilizara los sucesivos banquetes como táctica dilatoria. Algunos de nosotros somos muy indecisos, pero del indeciso silencio de esa mujer pendía mucho más de lo que parece a primera vista. Sin duda deseaba revelar su secreto, pero las palabras no llegaban. Dios estaba en ello; no era el momento adecuado para hablar y, por lo tanto, se vio obligada a posponer su revelación. Me atrevo a decir que se arrepintió y se preguntaba cuándo podría llegar al punto, pero el Señor tenía un plan mejor.

¡Miserable Amán! Siendo honrado tanto por el rey como por la reina de Persia, había llevado a un extremo su maldad tan solo por la desaprobación de un hombre que no se rindió ante él. Esta es una descripción precisa de cuán vacías son las recompensas de este mundo. Las inseguridades profundamente arraigadas de Amán y la necesidad de ser honrado por todos significan que nunca podrá ser feliz; Dios quiso que esta hambre de aceptación en cada uno de nosotros fuera satisfecha finalmente en Jesucristo – porque somos aceptos en el Amado como lo dice Efesios 1: 6, aceptados ante Dios por lo que somos en Jesús.

Dios no permitiría que la furia de Amán entrara en acción hasta que todas las piezas adecuadas estuvieran colocadas en su lugar para derrotar finalmente su plan. El problema de Amán no era Mardoqueo, era el vacío en su propio corazón. Incluso si resolviera el “problema de Mardoqueo”, no llenaría el vacío en su corazón. El alma fue hecha para Dios, y nada más que Dios puede llenarla y hacerla feliz.

Para los amigos de Amán, no era suficiente castigar al pueblo de Mardoqueo (recordemos que el genocidio contra los judíos ya está puesto en movimiento), o simplemente matar a Mardoqueo. Querían que Amán pidiera una ejecución pública y humillante de Mardoqueo en una horca de 25 metros (75 pies) de altura. La horca mencionada aquí; como ya lo hemos indicado antes, no era para colgar a una víctima, sino para matarla violentamente y exhibirla. Se coloca una estaca puntiaguda en el suelo, y se toma al culpable, se coloca sobre la punta afilada y luego se tira de sus piernas hacia abajo hasta que la estaca que entró por las posaderas pase por el cuerpo y salga por el cuello. Una especie de castigo más terrible, en el que la venganza y la crueldad pueden saciar hasta lo último de su malicia. El culpable vive un tiempo considerable en agonías insoportables.

Nunca debemos subestimar el poder destructivo y distorsionador del odio. El mismo odio irracional y violento que hizo que Amán quisiera ver a Mardoqueo ahorcado hasta su muerte es el mismo odio irracional y violento que hizo que el hombre quisiera colgar a Jesús en una cruz.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.