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Había una descendencia remanente de los más pobres y bajos de la tierra que se había abandonado en el exilio, combinados con los pocos que se habían movido a un área grande y desolada. Estas personas no estaban felices de que Judá y Benjamín habían regresado a Judá y por eso ellos eran enemigos. Estos son los Samaritanos primitivos, los que fueron traídos a las tierras del reinado de Israel actual después de la caída hacia los asirios, quienes se casaron entre sí con los que quedaron del exilio. En las dos generaciones del exilio después de la caída del reino de Judá, también se habían expandido un poco a la tierra de Judá.
Los samaritanos continuaron como un pueblo hasta los tiempos del Nuevo Testamento. Ya que los samaritanos tenían una conexión con el pueblo de Israel, su fe era una combinación de la ley y rituales de la Ley de Moisés y varias supersticiones. La mayoría de los judíos en el tiempo de Jesús despreciaban a los samaritanos, aún más que a los gentiles – porque ellos eran, hablando de manera religiosa, “mestizos” quienes tenían una fe ecléctica y cruzada. Este contexto es esencial de entender para la parábola del Buen Samaritano. El ruido de la ceremonia de dedicación al final de Esdras 3 tomó la atención de estas personas dispersas, señalándoles que los judíos que habían regresado se tomaban muy enserio el restablecimiento de su presencia permanente en Judá. Ellos querían ser compañeros en la construcción del templo, pero aun así no dejaban de ser enemigos. Querían ayudar en la construcción del templo para arruinarlo o para manejarlo a su conveniencia. La propuesta de unirse para construir el templo era una movida política; ya que, en las ideas antiguas, la cooperación en la construcción de un templo era incorporación a una unidad nacional. El cálculo, sin duda, era que los que habían regresado del exilio podían unirse con samaritanos de los cuales había mayor cantidad, prontamente serian absorbidos entre ellos.
Ellos hacían sacrificios sin templo ni sacerdocio, lo cual era obviamente contrario a lo que Dios mandaba. Para los samaritanos, Yahveh era uno de los muchos dioses poderosos. Su idolatría representaba un grave peligro, porque Israel fue exiliado por su idolatría. Esto era un compañerismo peligroso para los que regresaron del exilio. Es muy importante ver que su respuesta fue unificada. Todos los que habían regresado del exilio habían acordado en dar esta respuesta a los samaritanos. Hicieron esto sabiendo que tenían permiso (hasta el mandato) del Rey Ciro, y sabían que carecían de recursos humanos y financieros. Podemos imaginarnos que había unos cuantos pragmatistas que pudieron haber dicho, “Necesitamos toda la ayuda que podamos tener. Podemos guardarnos de las influencias impías que puedan traer.” En circunstancias débiles o de inicio al construir hay una tentación muy seria de aceptar cualquier ayuda e ignorar los peligros de asociaciones imprudentes e impías. Así que se convirtió en un acto de fe hacia Jehovah el rechazar la alianza enredosa. Hombres de fe han cometido este error a menudo, y se han asociado con otros que no comparten su fe, y por lo tanto, en el sentido más profundo se oponen a sus empresas. Estos líderes no fueron engañados. Ellos ya habían detectado el peligro.
Pero el pueblo de la tierra intimidó al pueblo de Judá, y lo atemorizó para que no edificara. Sobornaron además contra ellos a los consejeros para frustrar sus propósitos, todo el tiempo de Ciro rey de Persia y hasta el reinado de Darío rey de Persia. Esta respuesta al rechazo de asociarse reveló sus intenciones malvadas. Si no podían atacar el trabajo a través de una alianza destructiva, tendrían que atacar la obra desalentando a los trabajadores, causándoles problemas, y cabildeando contra ellos en la corte del Rey Ciro.
Hay otros dos reyes descritos en este capítulo: Asuero (Jerjes, quien reinó entre 485 y 465B.C.) y Artajerjes I (quien reino entre 464 y 424B.C.). Aun después de que el templo fue terminado bajo Zorobabel, los samaritanos continuaron a oponerse al trabajo de la reconstrucción de la ciudad de Jerusalén, y esta resistencia continua sigue siendo brevemente relatada en la sección de Esdras 4:4-23. Los adversarios samaritanos contra el pueblo de Judá buscaron detener el trabajo de esta manera al mal influenciar al rey en contra de los trabajadores. Asuero, el que conocimos en el libro de Ester. . . Al mencionarse aquí, simplemente nos hace saber el tiempo que ha trascurrido, el cual todavía no había refrescado el antagonismo del enemigo. Pero evidentemente nada salió de este atentado. Empezando en Esdras 4:8 y continuando hasta 6:18, todo está escrito en arameo (en vez de hebreo) en lugar de hebreo; Esdras 7:12-26 también está escrito en arameo. La carta probablemente fue dedicada a un escriba persa, quien tradujo y la transcribió al arameo. Sabemos que el templo fue terminado antes por varias razones. Una es que sabemos que el mismo Zorobabel quien dio inicio a la obra también la vio terminada, (Zacarías 4:9). Otra es que algunas personas quienes vieron el glorioso templo de Salomón también vivieron lo suficiente para ver el templo de Zorobabel terminado. (Hageo 2:3). No es necesario enfatizar que los muros y los cimientos son los de la ciudad, y no del templo; pero ambas obras son confundidas a menudo. Para el reinado de Artajerjes, el templo ya había estado de pie por medio siglo.
Los enemigos acomodaron sus palabras hábilmente para reclamar que estaban apoyando y protegiendo al rey. Su ataque por medio de la carta fue hábil, llena de mentiras y verdades. Era cierto que Jerusalén era un pueblo con un pasado pecaminoso; aun así, con estos exiliados que regresaron, verdaderamente era el pasado y no el presente. Sin embargo, esa verdad fue irrelevante por causa de una gran mentira – la mentira de que los judíos y los obreros de Jerusalén tenían una intención de rebeldía. En un patrón similar, nuestros adversarios – Satanás y sus ángeles, los enemigos de nuestra alma – a menudo nos atacan con una combinación de mentiras y verdades. Nos hablan de nuestro gran pecado (una acusación que usualmente es verdad), pero mienten del trabajo aún más grandioso de Jesús. Así que satanás también nos acusa delante de Dios (Apocalipsis 12:10), el trae su reporte de acusaciones en contra de nosotros delante del Gran Rey.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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