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Dios le dio al rey de Persia en el primer año de su reinado, un sentido de urgencia acerca de la liberación del exilio, concedida cuando Jehová despertó su espíritu. Ciro hizo un decreto dándole a los judíos exiliados en su imperio el derecho de regresar a Jerusalén y reconstruir el templo en 538 A.C. La mayor parte de este libro, aunque lleva el nombre de Esdras, habla de los pioneros que regresaron del exilio a Jerusalén. No conoceremos a Esdras hasta el capítulo 7. Es muy posible que el profeta Daniel fuera instrumento para este despertar de Ciro. Él pudo haber mostrado al rey las profecías de Jeremías, que se refiere al castigo de Babilonia y al fin del exilio de Israel. Y si él le mostró a Ciro tales profecías, casi por seguro que él incluyó Isaías 44:28-45:5, que menciona por nombre a Ciro algunos 150 años antes que naciera. Sabemos que los reyes persas pusieron mucha atención a las profecías: Cambises a los oráculos egipcios, Darío y Jerjes a los oráculos griegos. La diferencia entre historia ‘sagrada’ y ‘profana’ no es que una está bajo Su control directo y la otra no. Lo que fue verdad para Ciro y su política es tan verdad para cualquier nación de la tierra. ¡Ojalá que los políticos y todos los hombres reconocieran el hecho tan claramente como este historiador lo hizo! La política de Ciro de cooperar con las religiones locales y de ayudar a que regresaran del exilio ha recibido confirmación arqueológica explícita de las inscripciones mismas del rey; especialmente del famoso, Cilindro de Ciro.

Un aspecto notable del imperio persa fue su integración de gran diversidad de personas en un solo sistema administrativo, mientras mantenía al mismo tiempo una tradición de respeto por sus costumbres locales y sus creencias. Un extracto de el así llamado Cilindro de Ciro, da su propia versión de esto: “Regreso a esas ciudades sagradas, los santuarios que han estado en ruinas por mucho tiempo, las imágenes que (se usaron) para vivir en ellas y establecidas para sus santuarios permanentes. Yo (también) reuní todos sus (antiguos) habitantes y los regresé (a ellos) a sus lugares de origen. Que todos los dioses a quienes he reestablecido en sus ciudades sagradas le pidan diariamente a Bel y Nebo por mucho tiempo por mí; a Marduk, mi señor, puedan decir ellos: ‘Ciro, el rey que los adora, y Cambises, su hijo.”

El mandato de Ciro no solo permitió el regreso de la gente exiliada, sino también una reconstrucción del templo destruido. Los libros de 1 y 2 de Crónicas terminan con este maravilloso y notable aliento de regresar y reconstruir Jerusalén. Esto era ánimo necesario y útil para los primeros lectores de Crónicas, permitiéndoles ver su conexión con el plan general de Dios de los tiempos. Tristemente, solo un pequeño porcentaje decidió regresar del exilio; pero aquellos que lo hicieron necesitaban el ánimo para saber que estaban haciendo una valiosa contribución a la obra de Dios. En pasajes tales como Isaías 10:22, Dios prometió que un remanente regresaría del exilio – y solo un remanente. Después de las deportaciones solo los pobres de la tierra, los viticultores y granjeros fueron dejados. Ellos ocuparon la tierra vacante. Unos pocos refugiados que huyeron a diferentes áreas también regresaron. Por los siguientes cincuenta años aquellos que fueron dejados se ganaban una vida precaria bajo el yugo de Babilonia (Lamentaciones 5:2-5), sujetos a malos tratos y trabajos forzados. El tema central para el libro de Esdras es la reconstrucción del templo. Comenzando con el decreto de Ciro, la intención no era meramente regresar y reocupar Jerusalén, sino reconstruir el templo. Los exiliados regresan como iglesia. El fin de su peregrinaje es un lugar sagrado. La obra que deben tener como objetivo para alcanzar es impulsar la adoración de su Dios.

La aventura en sí fue larga, peligrosa, y costosa. Ellos regresaron a una ciudad en ruinas sin hogares propios, caminos, o instituciones de la ciudad, no tenían todos los recursos materiales necesarios, no todos regresaron a Jerusalén, sino se esparcieron por toda la provincia de Judea. Tenían muchos enemigos y la tierra en realidad era posesión de otro imperio. Una diferencia importante entre las deportaciones de los babilonios y los asirios es que los babilonios no reemplazaban a los deportados con recién llegados paganos. Así Judá, aunque devastada, no estaba contaminada con politeísmo al mismo nivel que Israel. Yamauchi menciona una inscripción en una cueva de este periodo, encontrada en Khirbet Beit Lei, cinco millas al Este de Laquis. La inscripción dice, “Yo soy Yahweh tu Dios: Aceptaré las ciudades de Judá y redimiré a Jerusalén.” Se ha sugerido que esto puede reflejar la mentalidad de regresar de un exilio, expresando su confianza en la fidelidad de Dios de restaurar a pesar de la desolación de Jerusalén.

Sesbasar príncipe de Judá que aparece en el versículo ocho, fue un líder importante en esta primera parte del restablecimiento de Judá. Algunos creen que él era un compañero de Zorobabel y otros creen que ellos simplemente dos nombres para la misma persona. Este probablemente era el nombre caldeo de él quien era originalmente llamado Zorobabel: el primero significa gozo en aflicción; el ultimo, un extraño en Babilonia. El postrero pudo ser designado para referirse a su estado de cautiverio; el primero a la perspectiva de liberación.

El recuento cuidadoso de los artículos regresados demuestra cuán valiosos eran y con qué cuidado eran tratados. Lo que falta notablemente de la lista es alguna mención de los artículos más significativos del templo – el altar del incienso, la mesa de los panes de la proposición, el altar de bronce, el candelabro de oro, y especialmente el arca del pacto. Estos artículos fueron presuntamente perdidos en la historia de la destrucción del templo por los babilonios. Ellos muestran que la generosidad de Ciro en la restauración de tan gran tesoro era genuina y considerable. Pudo haberse dicho que después que los tesoros permanecieron tirados en un templo pagano durante dos generaciones los dueños originales habían perdido cualquier derecho sobre ellos. Podría haberse dicho que ellos habían sido contaminados por esa larga estadía entre las abominaciones de la idolatría babilónica. La restauración de ellos quitó todas esas ideas.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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