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Salomón se quejó de que en su vida sin sentido ha visto sufrir a los buenos y prosperar a los malvados. Salomón se lamenta: no es justo. A la luz de la aparente vanidad de la vida, Salomón aquí recomienda un enfoque equilibrado para vivir. Sé justo, pero no demasiado; sé sabio, pero no demasiado; haz mal, pero no demasiado; sé insensato, pero no demasiado. La justicia no siempre paga. La maldad a veces lo hace. Por lo tanto, la moralidad debe ser una cosa de cálculo. Este es un enfoque común de la vida, pensar que todo es bueno con moderación. Esto tiene algo de verdad, pero no define una vida sabia o buena. Debemos recordar que tanto Jesús como Pablo (así como muchos otros) no fueron considerados individuos equilibrados en su época. Su comprensión de la eternidad y la responsabilidad los hizo – en opinión de muchos – desequilibrados.
El hombre sabio – incluso con una premisa debajo del sol– verá y apreciará el valor de la sabiduría, que da mas fuerza que diez poderosos que haya en una ciudad. Un hombre sabio entiende la pecaminosidad del hombre – y su propia pecaminosidad. Sabiamente, el Predicador sabía que tendemos a tomar demasiado en serio las palabras de otros sobre nosotros. La gente suele decir cosas sin cuidado que en realidad no sienten a profundidad; decimos tales cosas sobre los demás y no quisiéramos que aplicaran su corazón a lo que dijimos. En su libro Discursos a mis estudiantes, Charles Spurgeon dedicó un capítulo a este versículo, que tituló “El ojo ciego y el oído sordo”. En ese capítulo, dio un sabio consejo a los pastores y obreros cristianos de que a veces (si no a menudo) simplemente deben pasar por alto las cosas desagradables e irreflexivas que otros dicen y hacen. No nos gustaría ser juzgados por nuestros peores momentos; no debemos juzgar a los demás por los suyos.
Así como el Predicador da sabios consejos para vivir, él entendía que su deseo de ser sabio no siempre se cumplía con la verdadera sabiduría. La admisión honesta del fracaso en encontrar la sabiduría – de verla de hecho retroceder con cada paso que uno da, descubriendo que ninguno de nuestros sondeos llega nunca al fondo de las cosas – este es, si no el comienzo de la sabiduría, un buen camino para ese comienzo. Dada su premisa de debajo del sol, su vida sin sentido no podría volverse significativa por el logro de la sabiduría.
En su insatisfactoria búsqueda de sabiduría, Salomón entendió que una mujer podía ser un peligro y una trampa. Era importante no dejar que eso sucediera; el que agrada a Dios escapará de ella. Sabiendo que Salomón escribió esto, nos hace desear saber más acerca de cuándo escribió esto; en qué momento de su vida. Lo sabemos por 1 Reyes 11:4: Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios. Seguramente, el mismo Salomón fue atrapado en estos lazos, redes y ligaduras.
Aquellos que piensan que Eclesiastés es la declaración del arrepentimiento de Salomón y la evidencia de que volvió su corazón a Jehová su Dios, esta sección es la forma en que Salomón dice: “Entendí mi error y me alejé de él”. Aquellos que no están seguros del arrepentimiento de Salomón colocarán el escrito de Eclesiastés más temprano en su vida.
Con todo, es una pregunta fascinante, y una (en la mente de este escritor) que no tiene una respuesta definitiva: ¿Fue Salomón alguien que agradó a Dios al escapar de esta trampa, o fue él el pecador que quedó en ella preso? Salomón podía encontrar un hombre raro entre mil con sabiduría; pero ni siquiera una mujer. Esto habla más de la elección de Salomón de la compañía femenina que de la sabiduría relativa de hombres y mujeres. Su búsqueda infructuosa de una mujer en quien confiar puede decirnos tanto sobre él y su enfoque, como sobre cualquiera de sus conocidos.
Descubrió que un harén no proporcionaba la compañía adecuada para el hombre. ¡Cuánto mejor hubiera sido con una buena esposa, como la que se menciona en Eclesiastés 9:9 y Proverbios 31! Salomón entendió que Dios hizo al hombre sin pecado, pero el hombre – desde el tiempo de Adán – ha buscado muchas perversiones de pecado y rebelión contra Dios. Tomamos la declaración de Salomón “Dios hizo al hombre recto” no para referirse a cada individuo, sino al hombre tal como fue creado originalmente, a Adán y Eva en el Jardín del Edén. “Él no fue creado pecador, ni neutral, sino recto, una palabra usada del estado del corazón que está dispuesto a la fidelidad o la obediencia” Dado que la futilidad no fue la primera palabra sobre nuestro mundo, ya no tiene que ser la última.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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