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El Predicador sigue hablando desde su premisa debajo del sol, veía la tragedia de aquellos a quienes se les dan grandes dones de Dios – pero que no tienen la oportunidad de disfrutar lo que Dios les da. Salomón entendía que esto era vanidad y un mal doloroso.
El Predicador sabía que un hombre podía tener todas las señales externas de una buena vida; pero aun así no estar satisfecho con el bien. Uno podría tener las cosas con las que los hombres sueñan, lo que en términos del Antiguo Testamento significaba hijos por veintenas y años de vida por mil; y aun así morir desapercibido, insatisfecho y sin que nadie lloré por nosotros. Como la ley Mosaica, el Predicador está cerrando todas las puertas menos la puerta de la fe.
Yo digo que un abortivo es mejor que él: Esta es una declaración amarga, del tipo que podríamos esperar de alguien que había sufrido como Job. Sin embargo, Salomón, con todas sus bendiciones y ventajas, sentía y conocía la misma desesperación de la vida que tuvo Job. La vida parecía tan sin sentido que sentía que hubiera sido mejor si nunca hubiera nacido. En la mente de Salomón, el niño que nace muerto – por trágico que sea – está mejor que el hombre que conoce la decepción aplastante de la comprensión de la falta de sentido, incluso que aquél viviere mil años.
Salomón escribe con su perspectiva debajo del sol, y comparte gran parte de la incertidumbre del Antiguo Testamento sobre la otra vida. El hombre trabaja por el pan que come, pero no sacia su alma. Salomón intuyó lo que ya había dicho Moisés y que Jesús repitió después: No solo de pan vivirá el hombre. La sabiduría misma no puede llenar el estómago de un hombre hambriento. A pesar de toda la superioridad del sabio en comparación con el necio, ambos experimentan hambre. Ser sabio no es una ventaja tan grande como comúnmente se piensa. Las necesidades de la vida son las mismas para ambos, y su condición en la vida es casi similar; sujeto a las mismas enfermedades, disolución y muerte.
El Predicador sabía que, en un mundo de tanta incertidumbre y ausencia de significado, lo que uno puede ver es siempre mejor que lo que uno simplemente desea. Es una visión fatalista de la soberanía de Dios. La idea es que Dios tiene todo el control, y sea lo que sea, es porque el Dios todopoderoso ya le ha dado nombre, seguramente lo ha predestinado todo y ha hecho al hombre demasiado débil para resistir. Razonar, quejarse y discutir no trae respuesta y lleva a una mayor frustración. La gran frustración de Salomón está enraizada en el entendimiento de que el hombre es hombre, Dios es Dios, y el hombre nunca puede contender con Aquel que es más poderoso que él. El Predicador sentía que la vida era un juego que no se podía ganar. Había demasiadas cosas que multiplican la vanidad que, en última instancia, no dejarían mejorar al hombre.
A menudo pensamos que sabemos lo que es bueno para nosotros; pero ¿realmente lo sabemos? En el transcurso de una vida, ¿qué es mejor: la riqueza o la pobreza? ¿Salud o enfermedad? ¿Fama u oscuridad? Muchos de los que tienen lo que comúnmente se considera el bien no son mejores por ello. Salomón miró a la vida y le pareció vanidad y una sombra. Miró a la muerte y solo vio oscuridad e incertidumbre. Hasta este punto hay poco alivio de la tragedia de la falta de sentido de la vida (y la muerte) debajo del sol.
Entonces, el capítulo se abrirá camino hacia un final deprimente e incierto, muy adecuado para el estado del hombre en sí mismo. Podemos explicar la falta de conocimiento de Salomón sobre la otra vida al comprender el principio de 2 Timoteo 2:10: que Cristo Jesús sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio. El entendimiento de la inmortalidad era, en el mejor de los casos, borroso en el Antiguo Testamento, pero es mucho más claro en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, podemos decir que Jesús sabía completamente de qué estaba hablando cuando describió el infierno y el juicio. Por lo tanto, confiamos en el Nuevo Testamento para nuestra comprensión de la otra vida, mucho más que en el Antiguo.
También entendemos que esto de ninguna manera quita la verdad de la biblia y el Libro de Eclesiastés. Lo que es cierto es que Salomón realmente escribió esto y realmente lo creyó (con su premisa debajo del sol); la verdad de la declaración misma debe evaluarse de acuerdo con el resto de la biblia.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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