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La poesía de esta lista – que describe las diferentes estaciones y facetas de la vida – es hermosa. Sin embargo, también arroja una sombra oscura porque nos recuerda lo inevitable de los problemas y del mal, y la implacable monotonía de la vida. Su incesante reiteración de las palabras, “Un tiempo… un tiempo… un tiempo”, pretende indicar su sentido de la monotonía de todas las cosas, más que de su variedad. Cualquiera que sea nuestra habilidad e iniciativa, nuestros verdaderos amos parecen ser estas estaciones inexorables: no solo las del calendario, sino esa marea de eventos que nos mueve ahora a un tipo de acción que parece adecuado, y después otro que pone todo en reversa. Una mala faceta responde a cada buena faceta. El Predicador entendía que, aunque hay cosas buenas en la vida, de las cosas malas no se puede escapar.

Salomón no nos dijo que había un tiempo para matar. Significativamente, la palabra hebrea que se usa aquí para “matar”, no es la palabra reservada para el asesinato en el sexto mandamiento, donde la premeditación parece estar a la vista. El comentarista puritano inglés John Trapp parecía desconfiar de este tiempo de bailar y dijo: “Aquí no hay nada para bailes mixtos inmodestos. Donde hay baile, allí está el diablo”. Bailando, dice otro, es un círculo, cuyo centro es el diablo, pero afanosamente inflando el fuego de la lujuria, como con Herodes, ese viejo verde”.

En el mundo antiguo, comúnmente esparcían piedras en la tierra de un enemigo para obstaculizar la agricultura. La calidad poética de la lista muestra que incluso los aspectos trágicos y oscuros de la vida se pueden presentar de manera ingeniosa – y poderosa. Esta lista también nos muestra la necesidad de aprovechar al máximo el tiempo que Dios nos da. Muchos hombres pierden su alma, como Saúl su reino, por no discernir su tiempo. Esaú llegó demasiado tarde; también lo hicieron las vírgenes insensatas. Si pasa el vendaval de la gracia, se cierra la puerta, si se levanta el puente elevadizo, no hay posibilidad de entrada.

El Predicador hizo el tipo de pregunta que había hecho antes; pero esta vez encontró una respuesta en el trabajo que Dios ha dado al hombre. Todo lo hizo hermoso en su tiempo: Este sentido del equilibrio considera el listado poético en el apartado anterior. Salomón pensó en lo bueno y lo malo tal como fueron descritos y entendió que Dios todo lo hizo hermoso en su tiempo. El Predicador entendió que el hombre tiene una conciencia y un anhelo por lo eterno, y que Dios ha puesto esto en el corazón de ellos. Podemos decir que la eternidad está en nuestro corazón porque estamos hechos a la imagen de un Dios eterno. Dios hizo al hombre a su propia imagen; y nada atestigua con mayor seguridad la grandeza de nuestro origen que aquellas facultades del alma que son capaces de anhelar, concebir y gozar del Infinito, de lo Inmortal y de lo Divino. Todo apetito en la naturaleza y en la gracia tiene su propia satisfacción. El conocido misionero y autor Don Richardson, usó la frase eternidad en el corazón de ellos para describir el fenómeno de las analogías redentoras en la mayoría de las culturas aborígenes. Casi todas las culturas tienen tradiciones, costumbres o formas de pensar que reflejan la verdad bíblica básica, y los misioneros pueden usarlas para explicar el evangelio.

Aunque Dios le ha dado al hombre un anhelo y una conciencia de la eternidad, Dios no ha revelado mucho acerca de su obra eterna. Esto mantiene vivo el anhelo de la eternidad en el corazón del hombre como un anhelo por cumplir. Las vastas investigaciones del Predicador no han encontrado nada en el ámbito terrenal finito que pueda satisfacer el corazón humano de forma intelectual o práctica.

Aquí El Predicador escapa – muy brevemente – a su forma de pensar debajo del sol. No es la mera mención de Dios lo que trae el escape; es también el conocimiento de que Dios es eterno y que esto es importante para nosotros (lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres). He entendido; muestra que la seguridad de tal vida es su garante divino… ve tal vida… como el propósito de Dios.

Hay al menos tres aspectos de la acción de Dios resaltados en Eclesiastés 3:14:
·      Las acciones de Dios son permanentes (será perpetuo).
·      Las acciones de Dios son efectivas y completas (sobre aquello no se añadirá).
·      Las acciones de Dios son totalmente seguras (ni de ello se disminuirá).

Todo esto lleva por parte del hombre al temor, no a un terror cobarde ante lo monstruoso o lo desconocido, sino más bien al contrario, reverencia y admiración aterradora por Dios. Y Dios restaura lo que pasó: Nuevamente, esto refleja un breve escape de la forma de pensar debajo del sol. Si Dios juzga el corazón y las obras del hombre, entonces todo tiene sentido.

Dios no tiene empresas fallidas ni hombres olvidados. Una vez más, se ha demostrado, de pasada, que la desesperación que describe no es suya y no tiene por qué ser nuestra.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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