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Quizás esto argumenta que Salomón ahora miraba hacia atrás desde la vejez hasta los días de su juventud, antes de que una premisa debajo del sol afectara su vida y mente. Le deseaba algo mejor a sus jóvenes lectores. Salomón vio claramente que había un lugar en la juventud (aunque no solo allí) en los legítimos placeres y satisfacciones de la vida. Si el sentido de la vida no se encontraba en la búsqueda del placer, tampoco se encuentra en la sobriedad y la abnegación solo porque sí. Rab, un maestro judío del tercer siglo d.C., comentó: “El hombre tendrá que dar cuenta de todo lo que vio y no disfrutó” Aquí el Predicador llega a la respuesta de su premisa y de su libro. Uno puede vivir de acuerdo con su corazón y por lo que ve; pero no debemos pensar que nuestro propio corazón o nuestros propios ojos serán nuestro juez. Hay un Dios en el cielo que sobre toda tu vida y obras te juzgará. Aquí está el antídoto y la antítesis de la premisa debajo del sol. La vida se vive no sólo para esta vida sino también para la eternidad, sabiendo que el bien será recompensado y el mal será condenado perfectamente por el Dios que sobre todas estas te juzgará. Literalmente, Salomón hablaba del juicio, refiriéndose a nuestra gran responsabilidad ante Dios.
En la premisa debajo del sol, la adolescencia y la juventud son todo lo que importa. Esto no es cierto cuando vivimos a la luz de la eternidad y del Dios eterno. La idea del Creador es importante. Esta es la primera mención de Dios como Creador. Hasta este punto, el Predicador había trabajado duro para ignorar al Dios eterno ante el que uno debe presentarse en el futuro; sin embargo, también se había negado a pensar en el Dios Creador que existía antes que él. Esta ignorancia autoimpuesta aliviaba el sentido de responsabilidad ante el Creador, pero aun así se deberán rendir cuentas en la vida venidera. Salomón sabía que las personas en la juventud son a menudo los más propensos a descartar la realidad de la eternidad y el Dios eterno. El Predicador aconsejó a los jóvenes que recordaran a Dios y la eternidad antes de que sufrieran mucho al someterse a una premisa debajo del sol y todo el sinsentido asociado con ella.
La mayoría está de acuerdo en que lo que sigue aquí es una descripción poética de los efectos de la edad avanzada. Los brazos y manos que mantienen al cuerpo ahora comienzan a temblar. Las piernas y las rodillas comienzan a ceder. Se pierden dientes y se hace más difícil masticar. Los ojos se oscurecen. Los oídos se vuelven cada vez más débiles. El sueño se vuelve más difícil y uno se despierta fácilmente. El canto y la música son menos apreciados. Uno se vuelve más temeroso en la vida. El cabello se vuelve blanco. Los que antes estaban activos se vuelven débiles. Las pasiones y deseos de la vida se debilitan y decaen. La palabra traducida como ‘apetito’ no se encuentra en ningún otro lugar del Antiguo Testamento y su significado es discutido. Aunque, Kidner afirma: “Este es el punto de la expresión hebrea, “la baya de cabriola falla”. Esta baya era muy apreciada como estimulante del apetito y afrodisíaca. Al final de la edad avanzada del hombre está su morada eterna; no la tumba desconocida y la oscuridad. El Predicador ahora ha puesto la edad avanzada del hombre en conexión con la eternidad, no con la vanidad.
Salomón nuevamente suplica a su lector que se acuerde de Dios antes de que esta vida termine, y repitió una variedad de metáforas para describir el final de esta vida. La imagen apunta al valor de la vida (plata…oro), y al drama del final de una vida cuyos pedazos no se pueden volver a juntar. Y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio: Por eso es tan importante acordarte de tu Creador en esta vida; porque cuando acabe esta vida, uno responderá ante el Dios eterno y ante la eternidad. A modo de contraste, el Predicador volvió a su punto de partida. Habiendo examinado el sinsentido de la vida con una premisa debajo del sol, uno debe decir que la vida no solo no tiene sentido, es el máximo sinsentido (vanidad de vanidades).
La búsqueda del Predicador por el conocimiento no lo dejó menos sabio. Seguía siendo un maestro para el pueblo y un escritor de proverbios. El Predicador mantuvo su confianza en el poder de las palabras para enseñar, desafiar y cambiar a las personas. Era apropiada una confianza especial en esas palabras dadas por un Pastor, incluso si proveían de sabios o maestros.
Nos volvemos adictos a la investigación misma, enamorados de nuestras propias preguntas difíciles. Una respuesta lo estropearía todo. Dos mil años han pasado desde que esto fue escrito; y desde entonces se han añadido algunos millones de tratados, sobre todo tipo de temas.
Después de escribir gran parte del Libro de Eclesiastés desde una premisa común pero falsa, que excluía la responsabilidad eterna y al Dios de la eternidad, ahora el Predicador concluye, habiéndonos llevado al fin de todo el discurso. Salomón llegó a entender que valía la pena obedecer a Dios, y esta obediencia agradaba a Dios y cumplía el destino del hombre. Teme a Dios es un llamado que nos pone en nuestro lugar, y a todos los demás miedos, esperanzas y admiraciones en su lugar. De eso a esto debería ser la peregrinación de cada hombre en este mundo. Comenzamos en la vanidad, y nunca sabemos perfectamente que somos vanos hasta que lleguemos a temer a Dios y guardar sus mandamientos.
Si es el “principio de la sabiduría” también es el final, la conclusión; ningún progreso en la vida del creyente lo deja atrás. Este es el único lugar en Eclesiastés donde se mencionan los mandamientos de Dios. La última frase dice literalmente: “Porque esto es la totalidad del hombre”. Sin embargo, en otra parte de Eclesiastés, ‘la totalidad del hombre’ es un modismo hebreo para “todo hombre”. El sentido, por lo tanto, es “Esto se aplica a todos”. Hay, y habrá, una rendición de cuentas eterna para todo lo que hacemos. Esto es todo lo contrario de creer que todo es vanidad o sinsentido; significa que todo tiene sentido e importancia, tanto para el presente como para la eternidad. Si a Dios le importa tanto como esto, nada puede ser sinsentido.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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