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Daniel 9 es uno de los más sorprendentes y significativos pasajes proféticos en la Biblia, y empieza con el entendimiento de Daniel y la aplicación de la profecía. Daniel miró atentamente algo al leer la palabra de los profetas de Dios. La profecía debe mirarse atentamente – quizás no en cada detalle, pero ciertamente en sus puntos principales. Él miró atentamente esto en los libros – las palabras específicas registradas en los libros inspirados por Dios. Daniel no podía leer 2 Timoteo 3:16, pero sí creía la verdad de ello: Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, Estos versículos muestran a Daniel como un estudiante diligente de la Escritura, la cual edificó su vida de oración en la Palabra de Dios. Daniel sabía que una oración efectiva viene de conocer y de orar sobre la palabra de Dios y nuestras circunstancias presentes. Su estudio en la profecía le mostró un número en específico – los 70 años descritos en Jeremías 25:11-13 y Jeremías 29:10, y su conocimiento de los tiempos le llevó a conocer esos pasajes aplicados en su tiempo.

Es importante el notar que Daniel tomaba estos años como literales. En ninguna manera fueron entendidos como años simbólicos. Daniel sin duda también estaba familiarizado con las profecías de Isaías en cuanto a Ciro (Isaías 44:28-45:4). El debió estar animado al ver a un hombre llamado Ciro que se levantará hacia el poder sobre Persia. Daniel creía que Dios cumpliría setenta años de cautividad, y aún él oró apasionadamente de que Dios haría lo que Él prometió hacer. Daniel sabía que las promesas de Dios invitan nuestras oraciones y participación.
Pero una segunda razón importante es que Daniel le pidió a Dios, en Su misericordia, que tomara el primer punto de partida más para determinar el comienzo de los 70 años. Hubo tres olas de cautividad: 605 A.C. – Jerusalén fue atacada y Daniel y otros cautivos fueron llevados a Babilonia. 597 A.C. – Jerusalén fue atacada, y el tesoro del templo fue tomado. 587 A.C. – Jerusalén cae y la nación es exiliada. Daniel quería prevalecer en oración, pidiéndole a Dios que tomara el primer punto de partida para determinar los 70 años. Él quería que la misericordia de Dios llegara a Israel lo antes posible. Aquí aún quedaban tres o cuatro años antes de que se cumplieran 70 años desde 605 A.C. Esto no era muy pronto para que Daniel empezara a orar. Aún en las disposiciones eternas de Dios, Dios tiene un rol esencial en la cual las personas pueden participar. El plan eterno de Dios esta declarado, pero aún Jeremías hizo una profecía; Daniel hizo una oración, y Ciro hizo una proclamación. Por medio de su herencia de la tribu o historia familiar, Daniel no estaba calificado de una manera singular para el ministerio de la intercesión. Él no pertenecía a una familia de sacerdotes como Ezequiel, y él no tenía una carrera de profeta como Isaías o Jeremías. Pero, como todos nosotros, él podía orar. De hecho, el llamado de Daniel y su cargo en la vida le hacían menos propicio de que él fuera un hombre de oración. Él era un oficial de alto rango en el gobierno quien, casi certeramente, tenía un itinerario muy ocupado – pero él se tomó el tiempo y la energía para orar.
Esto implica determinación en la oración. Daniel tenía una meta para alcanzar por medio de la oración, y él se acercó a Dios como un hombre que no sería negado. Él hizo esto porque él estaba correctamente convencido que su oración estaba en la voluntad de Dios, y él sabía que no estaba motivado en un deseo egoísta. Daniel no se quedó pasivo mientras el plan profético de Dios se revelaba delante de él. En su acercamiento hacia Dios él hizo un ruego, pidiéndole a Dios que llevara a cabo Su promesa en la manera que Daniel pensaba que traería más gloria a Dios. En ayuno, cilicio y ceniza: esto reflejaba el corazón humilde de Daniel al acercarse a Dios. Ayuno, cilicio y ceniza son símbolos de humillación y lamento. Daniel comenzó su oración como todos debiéramos hacerlo – reconociendo la grandeza y bondad de Dios. Algunas veces nos acercamos a Dios como si Él fuera una persona tacaña la cual debe ser persuadida a darnos algo. Pero Daniel sabía que el problema no estaba con Dios. Dios guarda el pacto y la misericordia con los que le aman.

Mientras Daniel confesaba el pecado de Israel, él oraba como si él fuera tan malo como el resto de Israel. Esta era una confesión de nosotros, no ellos. En este sentido, las oraciones que hablan de ellos en realidad nunca llegan a Dios; oraciones genuinas que dicen hemos, hacen que uno se vea correctamente, y ve a nuestros compañeros santos con compasión. Daniel sabía que el pecado de Israel no era la culpa de Dios; Dios era absolutamente justo y sin culpa. En lugar de quejarse Daniel confesó. Durante los tiempos de gran avivamiento entre el pueblo de Dios, el Espíritu Santo siempre trae una profunda convicción y consciencia del pecado. Cuando eso se responde con razón, la confesión se hace apropiadamente. Daniel no sacó ni la menor excusa sobre el pecado de Israel. Estamos propensos a hacer excusas para nuestro pecado, y a menudo damos excusas en nuestras “confesiones”. Daniel se dio cuenta que aún en Su juicio en contra de Israel, Dios era totalmente fiel a Su Palabra. Él prometio que maldiciones caerían sobre un Israel desobediente (en pasajes como Levíticos 26 y Deuteronomio 28), y así ocurrió.

Aún cuando ellos enfrentaban una gran prueba y calamidad, Israel no oró por el favor de Jehová. Cuando sentimos pruebas o dificultades, nos debiera de conducir inmediatamente hacia la oración – cuando no somos impulsados, esto debiera ser una llamada de atención a la dureza de nuestro corazón. Él recuerda el estándar del poder de Dios del Antiguo Testamento, la liberación de Egipto. El estándar del Nuevo Testamento del poder de Dios es la resurrección de Jesús.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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