Nabucodonosor se espantó: Era asombroso que cualquiera sobreviviera por un momento dentro del horno cuando otros perecieron en la puerta. La Septuaginta dice en Daniel 3:24 que la atención de Nabucodonosor fue tomada cuando escucho a los hombres cantando alabanzas en medio del horno. Nos podemos imaginar que el rey ordenó que los echaran al horno y que no tenía la intención de ver otra vez, creyendo que ellos serían consumidos inmediatamente. Mientras él se alejaba con una mirada de satisfacción en su rostro, él inmediatamente se detuvo al escuchar cantos que venían del horno. A una distancia segura del calor vehemente, él se asomó adentro – y vio cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego. Si este canto en el horno es cierto, nos recuerda de Pablo y Silas, cantando en la cárcel de Filipos Hechos 16: 25.

Nabucodonosor nos dice quien era la cuarta persona – el hijo de los dioses. Jesús literalmente estaba con ellos en la peor de sus pruebas. No sabemos si Sadrac, Mesac, y Abed-Nego sabían que el hijo de los dioses estaba con ellos en su prueba de fuego ardiendo. Algunas veces estamos conscientes de la presencia de Jesús en nuestras pruebas, y otras veces no – pero Él esta allí sin más ni menos. Dios nos puede librar de una prueba, o Él puede milagrosamente sostenernos y darnos fuerza en la prueba. Nabucodonosor también observó que los cuatro hombres estaban sueltos en el fuego. El fuego únicamente quemó las cuerdas que les ataban.

Antes de que ellos salieran del horno, Nabucodonosor reconoció que estos varones servían al verdadero Dios; el Altísimo. La prueba no tuvo poder alguno sobre ellos porque estaban totalmente sometidos al poder y voluntad de Dios. Antes del tiempo de Jesús, ellos sabían la verdad de la promesa de Jesús: Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo. Juan 16: 33. Esto demuestra que tan competa fue su liberación.

Todo este hecho ilustra algo así como una especie de visión del futuro de Israel durante la Gran Tribulación. Nabucodonosor es como el Anticristo, quien fuerza a todo el mundo hacia una religión de idolatría. Su imagen es como la descrita en Apocalipsis 13, la cual se le ordenará a todo el mundo que la adore. El horno de fuego ardiendo es como la Gran Tribulación, la cual será de gran aflicción para los judíos. Los tres varones hebreos son como el remanente de Israel, quien será preservado a través de la tribulación. Los ejecutores que perecieron son como aquellos en liga con el Anticristo, quien Jesús matará a su regreso. El misteriosamente ausente Daniel es como la iglesia, ni si quiera estará presente para este tiempo de gran tribulación.

Nabucodonosor le dio la gloria a Dios, pero él reconoció que este gran Dios no era su Dios. Él aún era el Dios de estos tres varones valientes. Nabucodonosor sabía mucho acerca de Dios – pero él aún no le conocía personalmente. Sadrac, Mesac y Abed-nego se rindieron ellos mismos completamente hacia Dios; cuerpo, alma y espíritu. Era el tipo de sujeción de la cual Pablo escribió en Romanos 12:1: Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. Todo este hecho es una poderosa ilustración del principio de Romanos 12:1. Vemos a Satanás intentando hacer que el creyente se incline hacia su imagen idealizada de lo que los hombres y mujeres deberían de ser. Los cristianos se deben de resistir a esto con todo lo que tienen, y deben perseguir el ideal de Dios. En esto, cumpliremos Romanos 12:2: No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.

Los tres varones hebreos no pidieron a Nabucodonosor que hiciera el decreto el verso 29, y ellos probablemente no querían que lo hiciera. Una adoración forzada no es buena, ya sea hacia un ídolo o hacia el Dios verdadero. El ver a Dios obrando en la vida de Su pueblo fue un testimonio extremadamente efectivo para Nabucodonosor. Pablo expresó la misma idea en 2 Corintios 3:2-3: Ustedes mismos son nuestra carta, escrita en nuestro corazón, conocida y leída por todos. Es evidente que ustedes son una carta de Cristo, expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios viviente; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne, en los corazones.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.