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Después del final despreciable del rey del Norte, su sucesor levantaría tributo y hallaría un final rápido. Esto se cumplió en el corto reinado de Seleuco III, el hijo mayor de Antíoco III. Él buscó imponer impuestos a su dominio (incluyendo la gloria del reino, la Tierra Santa) para incrementar los ingresos. Su plan para saquear el templo de Jerusalén fue puesto de lado cuando su embajador tuvo una visión angelical de advertencia. Seleuco III fue asesinado, probablemente por su hermano Antíoco IV conocido como Antíoco Epífanes.
El ángel le dijo a Daniel que después del corto reinado del último rey del Norte, el siguiente rey sería un hombre vil. Él no se le reconocería la honra del reino, pero tomará el poder por medio de halagos. Esto se cumplió en el sucesor de Seleuco III, llamado Antíoco IV. Él no llegó legítimamente al trono debido a que se sospechaba fuertemente de que él asesinó a su hermano mayor, el rey anterior. Su otro heredero potencial (el hijo de Seleuco III) fue aprisionado en Roma. Aparte del asesinato de su hermano mayor, Antíoco IV no utilizó el terror para obtener poder. Él utilizó los halagos, promesas suaves e intrigas. Él ofreció halagos a Eumenes, rey de Pérgamo, y a Atalo, su hermano, y obtuvo el apoyo de ellos. Él ofreció halagos a los Romanos, y envió embajadores para cortejar su favor, y para pagar los atrasos del tributo. Él ofreció halagos a los sirios, y se ganó su concurrencia. Antíoco IV tomó el título de Epífanes, el cual significa ilustre. Otros, de una manera merecida le llamaban Epímanes, el cual significa hombre loco.
El ángel le dijo a Daniel que el nuevo rey del Norte (el hombre despreciable de Daniel 11:21) intentaría un pacto engañoso con el rey del Sur. Esto fracasaría, y habría una gran batalla la cual no cambiaría el balance del poder. Esto fue cumplido cuando Antíoco Epífanes llevó la disputa entre dinastías, pero fingió una amistad y alianza para tomarlos con la guardia baja. A pesar de los grandes esfuerzos y las épicas batallas, Antíoco Epífanes no prevaleció, y su ejército fue destruido. La derrota de Antíoco Epífanes en su segunda campaña en contra de Egipto fue importante debido a que Egipto derrotó a Antíoco con la ayuda de Roma. Al final de todo, Antíoco Epífanes y su reino estuvieron bajo el dominio de Roma. En una batalla famosa, la Flota de Roma derrotó a la flota de Antíoco Epífanes. Después de la batalla, un general Romano dibujó un circulo alrededor de Antíoco en la tierra y demandó saber si él se rendiría y pagaría tributo a Roma; y demandó saberlo antes de que él saliera del círculo. Desde ese punto en adelante no había duda: Antíoco Epífanes tomaba sus órdenes desde Roma, y estuvo bajo el dominio de Roma. Esto fue cumplido en la traición en contra de Antíoco IV a través de sus propios consejeros.
Cuando el varón despreciable regrese a su tierra, él atacaría la tierra, el pueblo, y el templo de Israel. Sería un tiempo de gran coraje y gran traición entre el pueblo de Dios. Esto se cumplió cuando Antíoco Epífanes regresó a Egipto, amargado por la derrota. Él desahogó su enojo en contra de Jerusalén, la cual ya estaba sacudida debido a que Antíoco vendió el cargo del Sumo Sacerdote y persiguió al pueblo judío para que se conformara a la cultura griega, olvidando la fe y las tradiciones de sus padres. Al fracasar en su invasión en Egipto, Antíoco Epífanes regresó a casa solamente con un gran botín para calmar su orgullo herido. Porque vendrán contra él naves de Quitim: Esta era la flota de apoyo de los Romanos, quienes ayudaron a los egipcios a hacer volver a Antíoco Epífanes. Antíoco Epífanes colocó una imagen de Zeus en el templo del altar. Él demandó sacrificio a esta imagen, y luego profanó el templo al sacrificar un cerdo en dicho lugar. “En verdad era una abominación, la cual trajo una condición de desolación en el Templo, pues nadie vendría a adorar en lo absoluto. Cuando Antíoco Epífanes regresó a Jerusalén, el pueblo judío fue dividido. Algunos olvidaron su pacto con Dios y abrazaron la cultura griega. Aquellos que conocían a su Dios se mantuvieron firmes en la justicia a la luz de una persecución increíble. En su ataque a Jerusalén se dice que Antíoco IV mató a 80,000 judíos, tomó a otros 40,000 como prisioneros, y vendió a otros 40,000 como esclavos. Él también saqueó el templo, robando alrededor de Mil millones de dólares, según cálculos modernos. Este terror únicamente duró lo que Dios había señalado, y Dios tenía un propósito aún para tal persecución y blasfemia.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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