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La antigua palabra griega traducida como sujetas es esencialmente una palabra tomada prestada de los militares. Literalmente significa “estar sometido en rango”. Sabemos que, como persona, un soldado puede ser más inteligente, más talentoso, y una mejor persona que un general. Pero aún así está por debajo del rango del general. Él no esta tan sometido al general como persona que como al general por el hecho de ser el general. De la misma manera, la esposa no se somete al esposo porque él se lo merezca. Ella se somete porque él es su esposo. La igualdad de los hombres y las mujeres ante Dios, de la cual Pablo escribió en Gálatas 3:28, no ha sido retractada: pero tampoco significa igualdad de oficio o función. Por lo tanto, someterse significa que eres parte de un equipo. Si la familia es un equipo, entonces el esposo es el “capitán” del equipo. La biblia nunca ordena ni recomienda una sumisión general de las mujeres a los hombres. Se ordena únicamente en el ámbito del hogar y a veces de la iglesia.
Dios no ordena qué los hombres tengan una autoridad exclusiva en las áreas de la política, los negocios, la educación y otras áreas. Ha habido dos interpretaciones principales “erróneas” de esta frase, Como conviene en el Señor, y cada una favorece a cierta “posición”. La interpretación que “favorece” al esposo dice que una esposa se debe sujetar a su esposo como si él fuera Dios mismo. La idea es “te sometes a Dios en absolutamente todo sin dudarlo, por lo que debes someterte a tu marido de la misma manera absoluta. Pero esto está mal. Dicho de forma sencilla, en ningún lugar la Escritura dice que una persona deba sujetarse a otra de esa manera. Hay límites para la sujeción que un empleador puede esperar de ti. Hay límites para la sujeción que un gobierno puede esperar de ti. Hay límites para la sujeción que los padres pueden esperar de sus hijos. En ningún lugar las Escrituras enseñan una sumisión incondicional, sin excepción– excepto a Dios y solo a Dios. Violar esto es cometer el pecado de idolatría. En la interpretación que “favorece” a la esposa dice: “Yo me someteré a él siempre y cuando él haga lo que el Señor quiere”. Y entonces es el trabajo de la esposa decidir lo que el Señor quiere. Esto también está mal. Es cierto de que hay límites a la sumisión de una esposa, pero cuando la esposa entiende como conviene en el Señor de esta manera, entonces se degenera a un caso de “Me someteré a mi esposo cuando esté acuerdo con él. Me someteré a él cuando él tome buenas decisiones y las lleve a cabo de una buena manera. Cuando él toma una mala decisión él no está en el Señor, así que yo no me debería de someter a él. No es conveniente hacerlo así. Dicho de una manera sencilla, eso no es sumisión en absoluto. No se espera que las esposas se sujeten porque son del “tipo sumiso”. Se espera que se sujeten porque es conveniente en el Señor. Esto no tiene nada que ver con la inteligencia del esposo, con sus dones o capacidad. Esto tiene que ver con honrar al Señor Jesucristo. Las palabras de Pablo a los esposos salvaguardan sus palabras a las esposas. Aunque las esposas deban someterse a sus maridos, nunca excusa a los maridos a actuar como tiranos sobre sus esposas. En lugar de eso, un marido debe amar a su esposa, y la antigua palabra griega traducida aquí como amarla es ágape. En el mundo antiguo, según las costumbres judías, griegas y romanas, todos los poderes y privilegios pertenecían a los maridos con respecto a las esposas, a los padres con respecto a los hijos, a los amos con respecto a los esclavos. No había poderes o privilegios complementarios para las esposas, los hijos o los esclavos. Agape ama aun cuando hay deficiencias obvias y evidentes, aun cuando el receptor sea indigno del amor.
Pablo tiene en mente a los hijos que aún están bajo el techo de sus padres y bajo su autoridad. Estos no solamente deben honrar a su padre y a su madre, sino que también deben obedecerlos, y obedecerlos en todo. Cuando un hijo ha crecido y está fuera de la casa de sus padres, ellos ya no están bajo la misma obligación de obediencia, pero la obligación de honrar a su padre y a su madre permanece. Cuando un hijo respeta la autoridad de su padre, está respetando el orden de autoridad dado por Dios en otras áreas de la vida. Los hijos tienen la responsabilidad de obedecer, pero los padres – aquí puestos como uno solo en padres– tienen la responsabilidad de no exasperar a sus hijos. Los padres pueden exasperar a sus hijos al ser demasiados duros, al ser muy demandantes, al no perdonar, o solamente mostrar ira. Esta dureza puede ser expresada a través de palabras, a través de acciones, o a través de comunicación no verbal. Esto nos recuerda lo importante que es sazonar nuestra paternidad con mucha gracia. Tal vez deberíamos ser tan bondadosos, amables, perdonadores y pacientes con nuestros hijos como Dios lo es con nosotros.
A medida que los cristianos se revisten del nuevo hombre, mostrarán una actitud propiamente sumisa hacia sus amos – en un contexto moderno, hacia su patrón o supervisor. Este es otro campo del orden de autoridad de Dios. Los empleados tienen un papel ordenado por Dios de obediencia y sumisión a sus empleadores o supervisores. Siempre estamos tentados a trabajar tan duro como tengamos que hacerlo, pensando que solo tenemos que complacer al hombre. Pero Dios quiere que cada trabajador vea que, en última instancia, trabajan para Él. Por lo tanto, ellos deben hacerlo con corazón sincero, temiendo a Dios. Dios promete recompensar a aquellos que trabajan con ese tipo de corazón. Cuando un trabajador cristiano tiene un desempeño pobre en su trabajo, él no debe de esperar una blanda exigencia de su jefe, especialmente si el jefe es cristiano. Ser un cristiano nos hace más responsables, no menos responsables.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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