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La antigua palabra griega traducida como extraños significa literalmente “transferidos a otro dueño”. Esta transferencia de propiedad, de Dios a Satanás y a nosotros mismos, nos ha afectado en mente y comportamiento. Al pertenecer al linaje de Adán, nacemos siendo extraños delante de Dios. Luego, como individuos, cada uno de nosotros elegimos aceptar y abrazar esa alienación con nuestras malas obras. En Jesús ya no somos extraños. La diferencia entre un creyente y un no creyente no es solamente el perdón; hay un cambio completo de estado. La respuesta de Dios al problema de la alienación es la reconciliación, iniciada por Su obra en la cruz (ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte). En la obra de la reconciliación, Dios no se encontró con nosotros a mitad del camino. Él llega hasta el final para encontrarse con nosotros y nos invita a aceptarlo. En conjunto, estas palabras muestran que en Jesús somos puros y ni siquiera podemos ser acusados justamente de impureza.
La idea de presentarnos santos y sin mancha ante Dios nos lleva a pensar en la terminología usada cuando los sacerdotes inspeccionaban a los sacrificios potenciales. Somos presentados ante Dios como un sacrificio vivo. Aquellos que verdaderamente son reconciliados deben de verdaderamente perseverar. El principal enfoque de Pablo es el de continuar en la verdad del evangelio. Es importante para los cristianos continuar en una conducta piadosa, pero no somos salvos por nuestra conducta piadosa. Así que es aún más importante para los cristianos continuar en la verdad del evangelio puesto que somos salvos por la gracia a través de la fe.
Pablo escribió esta carta desde una prisión romana. Él podía ver que sus padecimientos obraban para el bien de otros, así que podía decir que sus padecimientos eran por los colosenses y los otros cristianos. La palabra aflicciones nunca es usada para los sufrimientos que Jesús padeció en la cruz. La mayoría de los comentaristas ven esto como una referencia a la aflicción que Jesús soportó durante su ministerio. Estas aflicciones aún no están completas, y en este sentido Jesús todavía “sufre” mientras ministra a través de su pueblo. Pablo no sufrió por sí mismo en la manera en que lo hubiera hecho un ascético. Más bien, sufrió por el bien del cuerpo de Cristo. Los ascéticos se enfocan en su santidad, en su crecimiento espiritual y en su perfección. Pablo siguió las pisadas de Jesús y fue una persona centrada en otros. Pablo encontró santidad, crecimiento espiritual y madurez cuando buscó estas cosas para los demás.
En el sentido bíblico, un misterio no es un acertijo. Es una verdad que puede ser conocida solamente a través de revelación y no por intuición. Ahora puede ser conocido, porque ahora ha sido manifestado a los santos. Esto nos recuerda que hay aspectos sobre el plan de Dios que no fueron revelados con claridad en el Antiguo Testamento. El misterio específico al cual Pablo se refiere aquí trata con muchos aspectos de la obra de Jesús en su pueblo, pero especialmente el plan de la iglesia: hacer un solo cuerpo de entre judíos y gentiles, tomados del “tronco” de Israel, sin embargo, no Israel. La maravilla y la gloria del Jesús que permanece y mora en nosotros no fue revelada con claridad en el Antiguo Testamento, especialmente que Él moraría en los gentiles. Por lo tanto, este aspecto de la obra de Jesús en Su pueblo era un misterio que no fue revelado hasta el tiempo de Jesús y de los apóstoles. La esperanza de gloria de los cristianos. No es nuestro arduo trabajo ni nuestra devoción a Dios, ni el poder de nuestra propia espiritualidad. En cambio, es la presencia permanente de Jesús: Cristo en vosotros.
El enfoque de la predicación de Pablo no era de sí mismo, ni de sus opiniones, ni siquiera sobre un montón de historias entretenidas. El predicaba de Jesús. Él quería todo el evangelio para todo el mundo. Él no se detendría en ningún área – era para todo hombre, y él la presentó en toda sabiduría. La meta del ministerio de Pablo era traer a la gente a la madurez en Cristo, y no que dependieran de él. Por lo tanto, el objetivo de esta epístola, y, de hecho, de toda la obra apostólica es amonestar y enseñar a cada hombre a que se presenten perfectos en Cristo, porque eso conlleva al perfeccionamiento de toda la iglesia. Este trabajo era para todo hombre. En contraste, los falsos maestros en Colosas “creían que el camino a la salvación era tan complicado que sólo podía ser entendido por unos cuantos, los cuales formaban en cierto sentido una aristocracia espiritual”.
La obra de Pablo estaba llena de la potencia poderosa de Dios. Pero la potencia de Dios en su vida no significaba que Pablo no hiciera nada. Él trabajó duro según la potencia de Él. La palabra luchando, cuya raíz puede significar “competir en los juegos”, lleva, a partir de entonces en Pablo, la idea de competición atlética: Pablo no realiza su trabajo a medias, esperando vagamente que la gracia llene los huecos en los que él es demasiado perezoso para trabajar.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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