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Cuando Dios suplió la necesidad de David, primero le llevó luz. Una gran fortaleza y habilidad no ayudan para nada si no podemos ver en medio de la lucha. Cuando Dios suplió las necesidades de David le trajo fuerza. Un hombre no debería ser capaz de luchar contra ejércitos, ni debería ser capaz de asaltar muros que protegen una ciudad. David conocía el principio de Efesios 6:10 mucho antes de que Pablo escribiera las palabras: fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Dios tiene una fuente de poder (su fuerza) que pone a nuestra disposición a través de la fe. No tenemos que ser fuertes en nuestra fuerza, pues podemos ser fuertes en su fuerza.
Cuando Dios suplió las necesidades de David le llevó protección. David podía ver con luz y sostenerse en la fuerza de Dios, pero aún necesitaba protección sobrenatural. La confianza de David fue el vínculo vital para recibir la protección de Dios. David pensaba en cómo las ciervas parecen saltar de un lugar a otro y nunca perder el equilibrio. Dios le dio el mismo tipo de habilidad para superar los desafíos que le presentaban sus enemigos. David pensaba en la fuerza necesaria para doblar un arco hecho de bronce. Dios le dio el mismo tipo de fuerza para superar los desafíos que le presentaban sus enemigos.
Para David, no solo se trataba de poder y habilidad. Era también sobre recibir la misericordia de Dios y disfrutar una relación con el Dios de la gran benignidad. Ésta también era una fuente de fortaleza para David. Tal vez podamos enfrentar al león; pero somos vencidos por el Cordero. Podríamos soportar la mordaz mirada del desprecio; pero cuando el dulce Señor nos ofrece su mirada de ternura inefable, salimos a llorar amargamente. David disfrutaba del lugar de victoria que tenía en Jehová. No era renuente en proclamarlo, ni por falsa humildad ni por la incertidumbre de poseer la victoria. Él sabía que los enemigos podrían volver a levantarse, pero miró hacia el campo de batalla y dijo, “Cayeron debajo de mis pies, y cuando estuvieron bajo mis pies, como lodo de las calles los pisé y los trituré”.
David no solo tuvo que luchar con problemas de enemigos, sino también con las contiendas de su propio pueblo, pero Dios también lo sostuvo a través de eso. David sabía que el trono le pertenecía a Dios. David decía, “El trono no es mío. No para tenerlo, no para tomarlo, no para protegerlo y no para quedármelo. El trono es de Jehová”. Por lo tanto, cuando David tuvo el trono, sabía que era Dios quien se lo había dado.
Cuando David pensaba en la gran victoria de Dios para él, no podía mas que adorar. El hizo hincapié en la idea, “Esta es la victoria de Jehová. El la ganó por mí. La gloria es para Él”. Vemos en este Salmo que David constantemente iba y venía de hablar acerca deDios (el que me libra) a hablarle directamente a Dios (Me libraste). David no parecía tener ningún problema en moverse entre los dos aspectos, lo que indica que hay lugar para ambos en la alabanza.
Ser salvo cantando es ser salvo en verdad. Muchos se salvan lamentando y dudando; pero David tenía tanta fe que podía pelear cantando y ganar la batalla con un cántico aún en sus labios. Pablo cita 2 de Samuel 22:50 (Salmo 18:49) en Romanos 15:9. David terminó el salmo entendiendo su posición en misericordia. Aunque anteriormente en el salmo proclamó su propia justicia, regresó al fundamento de la misericordia de Dios. La relación de David con Dios estaba basada en la gran misericordia de Dios, no sobre la propia justicia de David.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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