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Aunque Urías había muerto y David estaba legalmente casado con Betsabé, el escritor bíblico aún se refería a Betsabé como la mujer de Urías. Esto se debe a que cuando el niño fue concebido, Urías aún estaba vivo y Betsabé aún era la mujer de Urías. Es la manera de Dios de decir: “La muerte de Urías y el matrimonio posterior no hacen que todo esté bien”. David estuvo en lo correcto al tomar el anuncio del juicio de Dios como una invitación a buscar fervientemente Su misericordia. Cuando el juicio de Dios se anuncia o está presente, no debemos recibirlo de manera pasiva o fatalista. Debemos clamar a Dios en arrepentimiento y pedir Su gracia y misericordia. La oración y el ayuno extraordinarios no cambian la mente de Dios. Pusieron a David en el lugar correcto para recibir lo que debía recibir de Dios, pero no “obligó” a Dios a cambiar Su plan.
La oración y el ayuno extraordinarios de David fueron respondidos. Tuvo una sensación de paz cuando murió el niño, sabiendo que hizo todo lo posible para buscar la misericordia de Dios en un momento de castigo. David confiaba en que se encontraría con su hijo en el cielo. Esta es una indicación de que los bebés y quizás los niños que pasen de este mundo al otro irán al cielo.
En el verso 24 es la primera vez que el escritor bíblico llama a esta mujer Betsabé, a excepción de una mera mención de su nombre en 2 de Samuel 11:3. Cada vez antes de esto, ella es llamada la mujer de Urías. Solo ahora, después del castigo por el pecado, ella es llamada Betsabé su mujer. Esto muestra que Dios no ordenó que David abandonara o dejara a Betsabé, a pesar de que su matrimonio con ella fue originalmente pecaminoso. Debía honrar a Dios en el compromiso matrimonial que hizo, aunque comenzó en pecado.
Pablo ordena el mismo principio en 1 de Corintios 7:17: Y como Dios llamó a cada uno, así haga. En parte, este principio en su contexto nos advierte sobre tratar de deshacer el pasado cuando se trata de relaciones. Dios nos dice que nos arrepintamos de cualquier pecado que haya y continuemos. Si usted está casado con su segunda esposa, después de haberse divorciado ilegalmente ante los ojos de Dios, y se vuelve cristiano, no piense que ahora debe dejar a su segunda esposa y regresar a la primera, tratando de deshacer el pasado. Donde el Señor lo ha llamado, camine sobre ese lugar ahora.
El gran amor y la ternura de Dios. No guardó rencor contra David y Betsabé. Los días de bendición y fecundidad no habían terminado para David. Los mejores hijos de David vinieron de Betsabé, porque ellos fueron el fruto de su humillación. Sorprendentemente, es este hijo – el hijo nacido de un matrimonio que comenzó en adulterio – el que será heredero al trono de David. Dios escogió a este hijo de entre todos los hijos de David para ser el heredero al trono y ser el ancestro del Mesías para demostrar la verdad de que Dios perdona a los pecadores arrepentidos. La gente puede no perdonar; nosotros podemos negarnos a creer realmente que somos perdonados. Pero Dios perdona a los pecadores arrepentidos. El nombre Jedidías significa, “amado por Jehová. Era la manera de Dios de decir que amaría y bendeciría a este hijo de David y Betsabé.
Joab estaba por derrotar por completo a los amonitas e incitó a David a regresar a la batalla diciendo: “Me atribuiré todo el mérito si no vienes y terminas esta guerra”. Joab luchó por más de un año para conquistar Rabá, y la victoria solo vino cuando David arregló las cosas con Dios. Había una razón espiritual oculta detrás de la falta de victoria en Rabá. El pecado de David en casa había obstaculizado el buen éxito de Joab en el extranjero y retrasado la conquista de esta ciudad de Rabá, que ahora está lista para ser tomada, para que David, reconciliado con Dios, pueda recibir la honra de la conquista. Esta fue la fase final de la restauración de David. Regresó a hacer lo que debió haber estado haciendo todo el tiempo – dirigiendo a Israel en batalla, en vez de quedarse en Jerusalén. David estaba en victoria una vez más. Su pecado no lo condenó a una vida de fracaso y derrota. Hubo castigo por el pecado de David, pero eso no significó que su vida estuviera arruinada.
El pecado de David no le costó su corona. Si hubiera rechazado a la voz de Natán el profeta, tal vez si lo hubiera hecho. Debido a que David respondió con confesión y arrepentimiento, aún había una corona para la cabeza de David. La caída de David debería poner en guardia a los que no han caído y salvar de la desesperación a los que sí.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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