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Meyer se imagina a Joab diciendo, “Mi amo puede cantar salmos con los mejores, pero cuando quiere que se haga una pieza de trabajo sucio, debe venir a mí”. Habiendo fallado en cubrir su pecado, David quería a Urías muerto. Muchos adúlteros desean secretamente que la muerte los libere para casarse con el objeto de su adulterio. Este es el corazón mismo del asesinato, incluso si el hecho no llega a realizarse. David tenía el poder de actuar según su deseo. David confiaba tanto en la integridad de Urías que lo hizo mensajero involuntario de su propia sentencia de muerte. Esta fue la suma de la traición y la villanía. Hizo de este muy noble hombre el portador de las cartas que prescribían el modo en que iba a ser asesinado.
David le ordenó a Joab que arreglara la muerte de Urías. Aunque fue oculto bajo la furiosa batalla, Urías ciertamente fue asesinado como si el mismo David lo hubiera matado en su propia casa. Si un niño iba a nacer, los labios de Urías, por lo menos, no deberían ser capaces de negarlo. David fue mejor siervo que rey; porque al ser un siervo, temió matar a Saúl su adversario, pero al convertirse en rey, mató vilmente a su más fiel amigo y obediente súbdito. Aunque nos lamentamos por el pecado de David, aun así, agradecemos a Dios que lo haya permitido, porque si no hubiera caído no hubiera podido ayudarnos cuando estamos conscientes de transgresión. No hubiera podido describir nuestro dolor con tanta minuciosidad sino hubiera sentido lo mismo. David vivió, en este sentido, tanto para los demás como para sí mismo.
Joab hizo exactamente lo que David le ordenó. Sabía que estaba mal, pero simplemente siguió las órdenes y asesinó a Urías por orden de David. Si no se confronta de inmediato, un pecado puede tomar un rumbo miserable. David complació sus deseos sensuales durante años e ignoró las advertencias de Dios y formas de escape. Permitió que la tentación se convirtiera en lujuria y la lujuria en adulterio. Cuando las consecuencias de su adulterio amenazaron con exponer su pecado, lo cubrió primero con engaño y luego con asesinato. Satanás nunca podría tentar a David con todo el paquete a la vez, pero lo engañó parte por parte.
¿Quién hirió a Abimelec hijo de Jerobaal?: Esta es una referencia a Jueces 9: 50-57, donde Abimelec fue asesinado por acercarse demasiado a los muros de una ciudad sitiada. La idea es que Joab sabía que era un mal movimiento militar acercarse tanto a los muros, pero lo hizo de todos modos por orden de David. Y murió también tu siervo Urías heteo: David escuchó estas palabras con alivio. Pensó que ahora podría casarse con Betsabé y dar una explicación plausible de su embarazo. La espada consume, ora a uno, ora a otro: Este era un proverbio sobre las fortunas de la guerra. Era una manera de decir, “Estas cosas pasan”. David dijo esto para su propia conciencia culpable tanto como para Joab.
No tenemos ninguna razón para creer que Betsabé sabía que David había arreglado la muerte de su esposo. Es probable que David le haya ocultado esto a Betsabé. Al mismo tiempo, se sintió parcialmente aliviada de escuchar que su esposo había muerto. Hay pocas dudas al respecto de que en el fondo de su corazón se sintió contenta, considerando el peligro de ser castigada por adúltera y sus esperanzas de ahora poder convertirse en reina. David ya había agregado esposas a su colección antes, así que ahora simplemente agregó otra. David ahora es una especia de héroe a los ojos del pueblo. Ha integrado a su harem a la pobre esposa embarazada, viuda de uno de sus capitanes caídos en batalla, para que la gente diga, “¡Miren la manera en que respalda a sus hombres! Cuida de sus viudas cuando son muertos en batalla. ¡Qué rey tan maravilloso!”
El estado del corazón de David en el intervalo de ese año se refleja en Salmos 32: 1-5: Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño. Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Este Salmo muestra que David estuvo bajo una intensa convicción durante este tiempo y que todo el gozo de su vida se evaporó. David conoció el estrés y la agonía de vivir una vida doble y falsa. No encontró alivio hasta que se arrepintió y se reconcilió con Dios nuevamente. Cuanto mejor es el hombre, más caro es el precio que paga por una corta temporada de placer pecaminoso. Él estuvo en esa terrible posición donde tenía demasiado pecado en él como para estar feliz con Dios, pero demasiado de Dios en él como para estar feliz en el pecado. Como David era un hombre conforme al corazón de Dios, Dios llevó a David al arrepentimiento y a la restauración.
Cuando hay más necesidad de confesión, a menudo hay una mayor tardanza en hacerlo. Así fue en el caso de David. Creo que puedo ver por qué no pudo pasar directamente del pecado a la confesión, porque el pecado impidió la confesión- el pecado cegó el ojo, atontó la conciencia y aturdió toda la naturaleza espiritual de David.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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