Este era un joven de la asociación para entrenar profetas en Israel. Podemos imaginar que Eliseo le dio esta encomienda como una tarea escolar. Este joven profeta anónimo es identificado en la tradición judía como Jonás.

En este tiempo, Joram el hijo de Acab, era el rey de Israel. Esta era la dinastía de Omri, pero esta dinastía estaba por llegar a su final. El próximo rey sería Jehú, quien iniciaría una nueva —aunque breve— dinastía.

Aunque Israel había abandonado a Dios, Dios no había abandonado a Israel. Él aún tenía el derecho de interferir entre ellos. Designaría y permitiría a los reyes que Él escogiera, ya fuera para bendecir a un obediente Israel o para maldecir a una nación desobediente, según los términos de su pacto con ellos en el monte Sinaí.

Jehú es mencionado dos veces en las inscripciones cuneiformes en el Obelisco Negro de Salmanasar III. Dichas inscripciones también nos dan una fecha objetiva para este periodo en la cronología hebrea (841 a.C.)

Jehú era un comandante en el ejército de Israel, bajo el rey Acab y su hijo, el rey Joram. Jehú anteriormente fue ungido como futuro rey de Israel, él derrocaría a la dinastía de Omri y Acab (1 de Reyes 19:16-18). Sin embargo, eso fue bastante tiempo antes de esto, y ahora es ungido otra vez para mostrar que el tiempo de cumplimiento de la anterior profecía ahora se encontraba cerca. Él fue ungido, pero no debía tomar el trono inmediatamente. Tanto Saúl como David fueron ungidos reyes sobre Israel antes de que realmente poseyeran el trono.

La insistencia de Eliseo de que la ceremonia de ungimiento fuera secreta permitiría al nuevo rey elegir el tiempo indicado para levantar el estandarte de su rebelión sin alertar a Joram. La sorpresa evitaría que Joram se preparara para oponerse.

Jehú es el único rey del reino del norte (Israel) que fue ungido, tal vez para indicar que debía seguir la tradición davídica, como Saúl y David fueron ungidos por Samuel, para marcar al Espíritu de Dios dotándolos para la tarea.

El ungimiento del rey de Israel no era una costumbre establecida, ni una regla. Era hecho cuando las circunstancias estaban fuera de lo ordinario, o cuando podía haber alguna pregunta sobre su título a la corona.
Herir la casa de Acab: Esto fue más de lo que se nos dijo que Eliseo le comunicó a este hombre de la escuela de profetas que dijera. O Eliseo le dijo que dijera esto y no fue registrado anteriormente, o fue bajo la inspiración divina del Espíritu cuando hizo lo que Eliseo le dijo que hiciera, y dijo esto en una profecía espontánea a Jehú. Evidentemente, Dios tenía la intención de usar a Jehú como una herramienta de juicio contra la casa de Acab.

Fue fácil desestimar a este profeta y tomarlo por un loco y hablador demente. Era fácil tanto para Jehú como para sus asociados considerar a cualquier hombre que honrara a Dios como un demente. Aunque, Jehú sabía —y otros pronto lo supieron también— que el hombre era un verdadero profeta de Dios. Sin embargo, cuando Jehú emergió de la tienda con su cabeza empapada por el aceite, fue más sencillo pensar que el hombre que lo hizo estaba loco. Así los profetas de Dios siempre eran contados y llamados por el mundo demente.

Un momento antes estos hombres consideraron al profeta como un loco; ahora ven su mensaje con seriedad y proclamaron al reacio Jehú como rey de Israel. Esto muestra la sensación de insatisfacción que tenían con Joram. El acto de arrojar el manto era de reconocimiento, lealtad y promesa de apoyo.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse