Los líderes de Siria una vez trataron de capturar o matar a Eliseo. Como Dios libró milagrosamente al profeta tantas veces, ahora era respetado y bienvenido en las cortes del rey sirio. Él fue especialmente bienvenido debido a la enfermedad del rey. Queriendo saber el resultado de su actual enfermedad, el rey de Siria le preguntó al profeta, y con su extravagante regalo hizo lo que pudo para motivar un mensaje favorable. Ya sea que el profeta lo haya recibido o no, no se menciona aquí; pero lo más probable es que no, debido a su antigua práctica, y porque las razones que entonces influyeron en él ahora tendrían el mismo peso. Dios le dio a Eliseo una percepción no solo respecto a la salud del rey de Siria. También vio las inevitables maquinaciones políticas que se desarrollarían, en última instancia, ordenadas por Dios.
Eliseo dijo, correctamente, que el rey sanaría de su enfermedad. Sin embargo, también vio que el mismo siervo con el que estaba hablando en ese momento maquinaría un asesinato y tomaría el trono. Así es como la afirmación de Eliseo fue verdadera. El rey, ciertamente, se recuperó de su enfermedad, y también murió pronto; pero no por enfermedad. Hubo entonces una dramática y personal confrontación entre este profeta y el alto oficial del rey de Siria. Eliseo lo miró fijamente porque tenía un conocimiento profético de eventos venideros, y de cómo este hombre atormentaría a Israel en el futuro. El profeta miró fijamente y durante mucho tiempo a los ojos de Hazael. Parecería que miró mucho más dentro del alma del hombre que cualquier otro; tal vez, más de lo que el mismo hombre estaba consciente.
Dios le dijo a Eliseo más acerca de la situación próxima de lo que él quería saber. Él le mostró al profeta que el mensajero del rey, después de que tomara el trono del presente rey de Siria, haría mal a los hijos de Israel. El don y llamado profético de Eliseo a veces era más una carga que una bendición. Podía ver claramente lo que le sucedería a Israel a través de Hazael, pero era incapaz de detenerlo. Mientras más cerca vivimos de Dios, más merecemos ser conocidos como hombres y mujeres de Dios, y más fluirán nuestras lágrimas por la caída de las hijas de nuestro pueblo. Sus lágrimas eran por sí mismas señales de su comprensión de la necesidad de esos severos juicios que deben caer sobre la nación culpable; pero también eran el resultado de su profundo amor por su pueblo.
Tal vez, Hazael había planeado este asesinato y simplemente actuó como si no supiera nada ante el anuncio de Eliseo. Tal vez, aún no lo había planeado, y no conocía la malvada actitud de su propio corazón. De cualquier manera, su ofensiva fue inapropiada. Él debió haber tomado esta advertencia como una oportunidad para ser confrontado y hacer bien, en vez de voltear la acusación hacia Eliseo. Nuestra ignorancia de la depravación de nuestros propios corazones es un hecho alarmante. Hazael no creyó que era lo suficientemente malo como para hacer alguna de las cosas que se anticiparon aquí. A nosotros como cristianos, si alguien nos hubiera dicho que amaríamos tan poco a nuestro Salvador como lo hemos hecho; si cualquier profeta nos hubiera dicho, a la hora de nuestra conversión, que le serviríamos tan débilmente como lo hemos hecho, posiblemente no lo hubiéramos creído.
Tal vez, nos preguntemos si Eliseo debió haberle dicho esto a Hazael; tal vez pensemos que el puso en marcha el autocumplimiento de una profecía y en realidad inspiró el asesinato del rey de Siria. Sin embargo, hay muchas razones para pensar que Eliseo hizo exactamente lo correcto cuando le dijo esto a Hazael: Eliseo no le dijo a Hazael cómo moriría el rey; no le reveló que sería a través de un asesinato, tampoco le dijo a Hazael cómo se convertiría en el rey de Siria; no le dijo que asesinaría al rey. Eliseo fue en contra de su propia compasión e intereses patrióticos al decirle esto a Hazael, lo que hace más probable que lo haya hecho incitado por Dios. Y tal vez, esperaba que esta increíble profecía tocara el corazón de Hazael y lo alejara del mal que podría cometer después contra Israel.
En realidad, Dios conocía las acciones de Hazael, pero no hizo que Hazael lo hiciera. “Fue absolutamente predicho que Hazael sería el futuro rey de Siria. El profeta conoció el hecho bastante bien, y claramente divisó los medios; de otra manera ¿por qué miraría la cara de Hazael y lloraría? Dios sabía de antemano la maldad que haría cuando llegara al trono; sin embargo, esa previsión no interfirió en el más mínimo grado con su libre albedrío”. Hazael habla de la respuesta del profeta a medias, pues al darle seguridad a su amo podría obtener una oportunidad más adecuada para ejecutar su traicionero plan. Hazael hizo una mala inferencia de la profecía de Eliseo y tomó el trono. El debió haber tomado el anuncio del profeta como una advertencia para examinar su propio corazón, y en vez de eso actuó con mucha maldad y fue totalmente responsable por sus acciones.
La predestinación de Dios no destruye el libre albedrío del hombre, ni aligera la responsabilidad del pecador. Es verdad, en el asunto de la salvación, cuando Dios viene a salvar, su gracia gratuita prevalece sobre nuestro libre albedrío; pero en cuanto al pecado, el hombre es libre — libre en el sentido más amplio del término, pues nunca es forzado a hacer ninguna obra mala, sino que es dejado para que siga las pasiones turbulentas de su propio corazón corrupto, y continúe con las tendencias predominantes de su propia naturaleza depravada. Una antigua inscripción asiria, llamada la inscripción de Berlín, dice: “Hazael, el hijo de nadie, tomó el trono”. Esta denominación indica que él fue un usurpador sin ninguna línea dinástica.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
