Las buenas noticias de los leprosos fueron comunicadas de la manera más sencilla posible. Fueron de una persona a otra, hasta que alcanzaron al rey.
Esta fue la reacción sensata ante las buenas noticias que iniciaron con el reporte de los leprosos. El reporte podía ser verdadero o no; lo más lógico era probarlo y ver.
Hay aquí una gran lección espiritual para nosotros. En este momento usted y yo estamos disfrutando de la Palabra de Dios. Hoy es un día de buenas noticias y nosotros nos sentamos y nos deleitamos con esa Palabra, ¿No tendríamos que salir a comunicarla a otros? ¿Qué está usted haciendo para compartir la Palabra de Dios con aquellos que se mueren espiritualmente de hambre? Debemos, pues, ocuparnos de hacer llegar la Palabra divina a los corazones necesitados. Dios espera que cada uno de nosotros use los talentos que Él nos ha concedido para proclamar el mensaje de las buenas noticias de la Palabra de Dios. No debemos guardar silencio en esta hora de desesperada necesidad espiritual.
Cuando se descubrió que eran verdaderas las buenas noticias que iniciaron con el reporte de los leprosos, no había forma de detener al pueblo. Como conocían su necesidad, se alegraron de recibir la provisión que Dios había enviado para suplir esa necesidad. Después de que los leprosos comunicaran las buenas noticias, los israelitas fueron al campamento sirio abandonado y encontraron suficiente comida como para alimentar a un ejército de varios miles de soldados, debido a la enorme abundancia de alimentos que allí había. Los vendedores de Samaria hicieron grandes ventas y fue posible comprar alimentos baratos.
El oficial del rey se mofó de la posibilidad del cumplimiento de la predicción del profeta; y, sin duda, tuvo muchos acólitos. Pero el reporte de los leprosos se expandió. Habían conocido, probado, y tocado. Así que la profecía de Eliseo se cumplió literalmente y el príncipe ayudante del rey que había dudado, murió atropellado por el pueblo, tal como lo había predicho el profeta de Dios. A través de Eliseo, Dios anunció los precios exactos de los mercados de Samaria, y la profecía se cumplió exactamente como fue dicha.
Tal vez, el rey puso al principe en la puerta para reprender a su oficial. Este hombre tendría que dirigirse personalmente al pueblo para responder acerca de la provisión que él mismo dijo que nunca llegaría, porque no podía entender cómo Dios podría proveer a pesar del sitio.
La predicción sobre el oficial fue tan verdadera como los precios de la comida en los mercados de Samaria. Debido a su incredulidad vio a otros disfrutar de las bendiciones, pero él no pudo hacerlo.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse
