Ben-adad, sitió a Samaria. Un sitio tenía la intención de rodear a una ciudad; impedir la entrada y salida de la ciudad para evitar cualquier negocio e intercambio y; finalmente, dejar que la población muriera de hambre hasta que se rindiera. La estrategia de sitio privó exitosamente de comida a Samaria. El hambre era tan grande que la cabeza de un asno o el estiércol de palomas se volvieron tan caros que solo un rico podía comprarlos. Wiseman dice que estiércol de palomas es mejor traducido como “algarrobas”, y que cinco piezas de plata era más de la ganancia de un mes de un trabajador. Sin embargo, Poole escribe: “Ese estiércol de paloma, aunque esté más caliente de lo normal, podría ser más apto como alimento que otras cosas, pues es hecho de los mejores y más puros granos, y mantiene algo de humedad”.
El comerse a su propio hijo muestra lo terrible que era la hambruna. Las madres estaban tan hambrientas que se comían a sus propios hijos. Deuteronomio 28 contiene una extendida sección donde Dios advierte a Israel sobre las maldiciones que le sobrevendría si rechaza el pacto que Él hizo con ellos. Parte de ese capítulo describe los horrores cumplidos en este texto y dice:“Pondrá sitio a todas tus ciudades, hasta que caigan tus muros altos y fortificados en que tú confías, en toda tu tierra; sitiará, pues, todas tus ciudades y toda la tierra que Jehová tu Dios te hubiere dado. Y comerás el fruto de tu vientre, la carne de tus hijos y de tus hijas que Jehová tu Dios te dio, en el sitio y en el apuro con que te angustiará tu enemigo”. Estos terrores vinieron sobre Israel porque había desobedecido, rechazado a Dios, y abandonado el pacto que Él había hecho con ellos.
El rey estaba profundamente dolido y molesto; pero no consigo mismo, ni con Israel, ni con su pecado. El rey estaba enojado contra el profeta de Dios.
Aun así, fue lo suficientemente honesto como para admitir que su verdadera ira era contra Jehová. Aunque el rey de Israel culpaba a Jehová por la calamidad que había llegado sobre Israel y Samaria, Dios aún tenía mensaje para el rey y la nación — y era un buen mensaje. La promesa de Dios a través de Elías era que en 24 horas la situación económica de Samaria sería completamente revertida. En vez de escasez, habría tanta abundancia que los precios de la comida bajarían radicalmente en la ciudad. La puerta era el centro de comercio, así como la corte local de justicia. Según los estándares de ese tiempo, los precios mencionados no eran baratos; pero no eran nada en comparación con las condiciones de hambruna asociadas con el sitio. “Al día siguiente, las condiciones habrían mejorado tanto que los buenos productos estarían disponibles otra vez, aunque a un precio sustancial”.
El oficial del rey dudó de la profecía, y su duda estaba basada en varias suposiciones incorrectas. Primero, dudó del poder de Dios. Si Dios así lo quería, ciertamente podría hacer ventanas en el cielo y arrojar comida desde el cielo para la hambrienta y sitiada ciudad de Samaria. Segundo, dudó de la creatividad de Dios. En la mente del oficial del rey, la manera en la que la comida podía llegar a la ciudad era desde arriba, porque la ciudad estaba rodeada por un ejército hostil. Él no tenía ni idea de que Dios podía traer provisión de una manera totalmente inesperada. ¡Cuán a menudo se quiebra la fe de esta manera! Sabe quién es Dios, y que puede actuar, pero solo ve una manera, y se niega a creer que semejante manera se lleve a cabo. La provisión vino sin que se abrieran las ventanas de los cielos. Tercero, dudó del mensajero de Dios. Aunque la promesa era ciertamente difícil de creer, el oficial del rey pudo y debió haber creído porque la palabra vino de un hombre con un historial establecido de credibilidad. Cuarto. Tomando todo esto en cuenta, el oficial ilustra bien la conducta de la incredulidad: La incredulidad se atreve a cuestionar la veracidad de la promesa de Dios. La incredulidad dice: Esto es algo nuevo y no puede ser verdad. Esto es algo repentino y no puede ser verdad. No hay forma de que esto se pueda lograr. Solo hay una manera en la que Dios puede obrar. Incluso si Dios hace algo, no será suficiente.
A través de Eliseo, Dios pronunció un duro juicio sobre el incrédulo oficial del rey. Él vería la palabra cumplida, pero no se beneficiaría de su cumplimiento. Los incrédulos no disfrutan realmente de las cosas de esta vida. La mayoría de ellos se encuentran con que la riqueza no les otorga satisfacción, pues sus riquezas externas no pueden ocultar su pobreza interna. A muchos hombres les es dado tener todo lo que el corazón pueda desear, y aun así no tener lo que su corazón realmente desea. Tienen todo menos contentamiento.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
