El rasgar sus ropas y usar cilicio (un material áspero, de tipo yute) eran expresiones de profundo luto, usualmente por la muerte de un ser querido. Ezequías recibió esta noticia sobre el Rabsaces con seriedad, sabiendo qué tan dedicado estaba este enemigo a conquistar por completo Jerusalén. La reacción inicial de Ezequías fue buena. Vio la situación como realmente era. A menudo, cuando estamos pasando por algún tipo de prueba o dificultad, lo manejamos pobremente porque nunca vemos la situación con precisión. La situación de Jerusalén era desesperada y Ezequías lo sabía. Había una buena razón por la cual Ezequías era tan humilde delante de Jehová. Ciudad tras ciudad había caído frente a Senaquerib y largas líneas de deportados serpenteaban ya su amargo camino al exilio — ¡y todo por culpa de Ezequías! Él siguió la lunática política de rebelión y fue hechizado por las promesas egipcias. Pero, incluso, cuando un asunto es culpa nuestra, podemos orar al respecto. Y siempre se puede confiar en que el Señor se compadecerá de su pueblo.

La segunda reacción de Ezequías fue aún mejor. No permitió que su duelo y su pena lo llevaran a rechazar el poder y la ayuda de Jehová. Él sabía que este era un tiempo aún más necesario que nunca de buscar a Jehová. Cuando dice: “entró en la casa de Jehová”, no debemos pensar que el rey Ezequías entró en el lugar santo, el cual estaba prohibido para todos menos para los sacerdotes. Simplemente, significa que Ezequías fue a los patios de la casa de Jehová para buscar a Dios en el lugar que estaba abierto para él como hombre de Israel.

Lo tercero que hizo Ezequías también fue bueno. El rey buscó la palabra de Jehová, dada a través de Su profeta . Ezequías puso las palabras en la boca de sus mensajeros para expresarle a Isaías la calamidad total de la situación. Esta era una expresión proverbial para un desastre — una mujer tan exhausta por el parto que no puede completar el nacimiento, por lo que es probable que la madre y el niño mueran. Ezequías sabía que su única esperanza era que Dios se ofendiera con las blasfemias del Rabsaces y se levantara contra él.  El rey dijo: Isaías, ora por nosotros. Nuestra nación está devastada por esta invasión asiria, y solo queda Jerusalén. Isaías estaba consciente de que hablaba como profeta de Jehová. Sin titubear, habló como si estuviera hablando por Jehová Dios del cielo. Podemos estar seguros de que Isaías no se tomó esto a la ligera. El destino de la nación, y toda su credibilidad como profeta, dependían de lo que dijo. Él, hablando por Jehová, estaba por hacer una osada predicción. Su profecía sería totalmente “comprobable”. Si sucedía o no sucedía, Isaías sería conocido como un verdadero profeta o como un falso profeta en poco tiempo. Tal vez podemos sentir una gentil reprimenda en las palabras de Jehová: “Ezequías, es bueno que me busques con tanta pasión. Pero las palabras del Rabsaces son solo palabras. No tengas miedo de ellas”.

¡Cómo deben de haber animado a Ezequías estas palabras! Antes tenía la esperanza que quizá Jehová oirá todas las palabras del Rabsaces y sus blasfemias al Dios viviente. Ahora, Jehová habló a través del profeta Isaías y dijo que, ciertamente, había oído esas palabras. Era evidente que Dios había tomado esta ofensa como personal. “Siervos” es una expresión totalmente desacreditadora: los chavales/lacayos del rey de Asiria—podríamos decir los recaderos— del rey de Asiria. Jehová Dios le aseguró a Ezequías que él lidiaría con el Rabsaces. Él había escuchado su blasfemia, y traería juicio contra él. Significativamente, en este mensaje inicial del profeta, no había mención de la liberación de Jerusalén o de la derrota del ejército asirio. Dios enfocó este mensaje contra el Rabsaces personalmente.

El rumor que se soltó era, que Tirhaca había invadido Asiria. El ángel del Señor fue el que mató a ciento ochenta y cinco mil de ellos en una noche. Esto debió de haber parecido a Ezequías como el cumplimiento de la promesa de Jehová a través del profeta Isaías. El Rabsaces dejó Jerusalén y Ezequías debió haber pensado: “Ahora regresará a su propia tierra y será asesinado, tal como Jehová lo prometió. ¡Por fin! ¡Gracias Jehová!”. Mientras el Rabsaces estaba lejos, los asirios se enteraron de que las tropas egipcias (bajo las órdenes del rey de Etiopía) estaban avanzando por el sur. Esta sería la intervención egipcia que Asiria temía, y en la que muchos en Judá confiaban. Como Isaías profetizó, no resultaría en nada. En realidad Tirhaca solamente era un príncipe en ese tiempo, pero como asumió el trono en el 690 a.C., el título “rey” es usado proféticamente. El Rabsaces no estaba en Jerusalén, pero eso no lo detuvo de intentar provocar miedo, desánimo y desesperación en Ezequías. Él envió una carta al rey de Judá para atacarlo desde lejos. Si leemos con un ojo de fe, las palabras del Rabsaces a Ezequías debieron haber fortalecido la confianza del rey de Judá. Al contar al Dios de Israel entre los dioses de las naciones, el Rabsaces blasfemó contra Jehová e invitó a juicio. Él nombró varias ciudades que el ejército asirio había conquistado y destruido por completo: La lista de ciudades-estado que habían sido expulsadas, exterminadas o completamente destruidas, nos recuerda que no solo Israel utilizaba este método en la batalla.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse