Ezequías llegó al trono de Judá justo al final del reino de Israel. Tres años después del inicio de su reinado, los ejércitos asirios sitiaron Samaria, y tres años después de eso el reino del norte fue conquistado. El triste destino del reino del norte fue una lección valiosa para Ezequías. Vio de primera mano lo que pasaba cuando el pueblo de Dios rechazaba a su Dios y a su palabra, y adoraba a otros dioses. Quizás, el más complicado de todos los problemas cronológicos de la Biblia ocurre en este capítulo. A pesar de los muchos ingenuos intentos de resolver estas dificultades, la armonización de esta información sigue siendo un problema controvertido.

En el  año 729/8 a.C., fue el año en que Ezequías se volvió co rregente con Acaz. Su regencia como rey único inició en el 716/5 a.C. y culminó en el 687/6 a.C. Compare este con el versículo 13 donde su año número catorce como gobernante único es una fecha verificable (701 a.C.) en los anales de Senaquerib. Ezequías fue uno de los mejores reyes de Judá; por lo tanto, tuvo un reinado largo y bendecido en su mayoría. Él fue uno de los reformadores más celosos de Judá; prohibió, incluso, la alabanza en los lugares altos. Estos eran altares populares para sacrificio establecidos conforme lo deseaba el adorador, no según la dirección de Dios. Dios nunca estuvo contento con esta práctica, pero ninguno de los otros buenos reyes había encontrado el valor para prohibirlo. Ezequías lo hizo.

Números describe cómo durante un tiempo de plaga de serpientes sobre toda la nación, Moisés hizo una serpiente de bronce para que la nación la mirara y fuera salvada de la muerte ocasionada por la mordida de las serpientes. La afirmación en 2 de Reyes nos dice que esta serpiente de bronce en particular había sido preservada durante 800 años y había llegado a ser adorada como Nehustán. Ezequías, en su celo, hizo pedazos este artefacto de bronce y puso fin a la adoración idólatra de este objeto. Esta serpiente de bronce fue algo maravilloso —cuando el afligido pueblo de Israel la miraba, era salvado. Fue, incluso, una representación de Cristo, como Jesús mismo lo dijo en Juan 3.  Al mismo tiempo, el hombre pudo tomar algo tan bueno y tan usado por Dios y convertirlo en un ídolo peligroso. De la misma manera, algunas veces las cosas buenas se vuelven ídolos y, por lo tanto, deben ser destruidas. Por ejemplo, si la cruz verdadera de Jesús o sus ropas de entierro fueran descubiertas, y estos objetos se volvieran distracciones idólatras, entonces sería mejor para esos objetos ser destruidos. Si alguna vez en este mundo hubiera una reliquia de gran antigüedad y de autenticidad incuestionable, una reliquia que ya tenga unos cientos o miles de años, sobre la cual no haya ninguna pregunta en cuanto a que es indiscutiblemente, aun así, debe ser rota en pedazos. El pueblo de Dios también debe estar en guardia contra la idolatría en la actualidad. Hay muchos peligros de idolatría en la iglesia moderna: Hacen ídolos de los líderes, de la educación, de la elocuencia humana, de las costumbres y hábitos del ministerio. Crean formas de adorar un ídolo.

El nombre Nehustán significa “pedazo de latón” y es una manera de restarle importancia a este objeto que fue convertido en ídolo. “Así que, Ezequías lo transformó de un objeto de falsa adoración a basura de metal”. Tal fue el veneno de la idolatría israelita, que la mordida de la serpiente de bronce fue peor que la de las serpientes salvajes. Ezequías fue único en su pasión y en su confianza personal en Dios. Esto es aún más increíble cuando consideramos que su padre Acaz fue uno de los peores reyes que tuvo Judá. Es notable que un hombre como Ezequías pudiera ser el hijo de Acaz. Sin embargo, debemos recordar que toda su vida estuvo bajo la influencia de Isaías.

Debido a la fiel confianza de Ezequías en Jehová, Dios lo bendijo en todo. Esto cumplió con una promesa hecha mucho tiempo atrás a David y a su descendencia: si obedecían a Dios, su reino siempre estaría seguro. En este tiempo, Asiria fue lo suficientemente poderosa como para derrotar al reino de Israel del norte. Sin embargo, el reino de Judá se mantuvo fuerte, porque Dios bendijo al confiado y obediente rey. Él se quitó ese yugo de subyugación y tributo al que su padre se había sometido perversamente, y retomó esa totalmente independiente soberanía que Dios había establecido sobre la casa de David. Más adelante, Sedequías fue reprendido por su rebelión contra el rey de Babilonia. Pero fue un caso diferente, y muestra que a veces la rebelión es justificada y a veces no. Ezequías también encontró éxito en subyugar a los agresivos vecinos de Israel. Trabajó por una Judá fuerte, libre e independiente.

Cuando Samaria fue tomada fue una experiencia aleccionadora para el Reino de Judá. La cruel devastación traída por los asirios mostró las calamidades que podían venir sobre el pueblo de Dios a causa de la desobediencia. Desde ese momento, el reino del sur no solo sería conocido por el nombre de “Judá”, sino también por el nombre antiguo “Israel”. El pueblo del reino del norte no era menos israelita ni descendiente de Abraham por sangre que las personas del reino del sur. Por lo tanto, esto le mostró claramente a Judá que, si ellos dejaban de escuchar y poner por obra los mandamientos de Dios, también enfrentarían juicio.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse