En qué año Joás dio las órdenes para estas reparaciones, no sabemos con exactitud; pero el relato aquí da a entender que se habían dado hace mucho tiempo, y que nada se había hecho, simplemente por la inactividad y negligencia de los sacerdotes. Bajo la dirección del rey Joás, los sacerdotes le dieron al pueblo la oportunidad de dar. Incluso, los dadores dispuestos debían recibir una oportunidad. Joiada colocó un cofre de recaudación en el lado derecho del altar, dándole al proyecto de reparación una alta prioridad y una correspondiente alta visibilidad.
El rey Joás llegó al corazón del problema, el proyecto de reconstrucción estaba siendo estorbado por una pobre administración y un mal manejo financiero. A través de Joiada, el sacerdote, implementó un sistema mediante el cual el dinero sería apartado, guardado y sabiamente gastado en la reparación y en la compra de nuevo mobiliario para el templo. Cuando al pueblo se le aseguró que el dinero realmente sería usado para el propósito para el que era dado, respondió generosamente, y así arreglos similares fueron continuados por Josías. Tan exitoso había sido el programa del rey, y tan bien llevaron a cabo los interesados sus tareas que, incluso, hubo dinero de sobra para la provisión de utensilios sagrados para el servicio del santuario.
A través de la buena administración del proyecto, fueron capaces de encontrar hombres en los que se podía confiar para usar el dinero sabia y honestamente. El proyecto anteriormente había sido detenido, no por falta de dinero; sino por un pobre manejo del mismo. Se establece el punto en el que el proyecto tuvo éxito sin necesidad de quitarle nada a los sacerdotes. El templo no fue reparado ni amueblado a costa de ellos; ellos aún recibían dinero del dinero por el pecado y del dinero por la culpa.
En ese tiempo, el reino de Siria atacó a Judá con un ejército inferior; pero Dios los usó como un instrumento de juicio contra el desobediente Joás. El rey Joás fue herido en batalla fuera de Jerusalén. Segunda de Crónicas 24:23-24 cuenta la historia: A la vuelta del año subió contra él el ejército de Siria; y vinieron a Judá y a Jerusalén, y destruyeron en el pueblo a todos los principales de él, y enviaron todo el botín al rey a Damasco. Porque, aunque el ejército de Siria había venido con poca gente, Jehová entregó en sus manos un ejército muy numeroso, por cuanto habían dejado a Jehová el Dios de sus padres. Así ejecutaron juicios contra Joás. En vez de confiar en Dios, Joás intercambió la bendición anterior —los tesoros sagrados del templo— para proteger su capital y su reino del ataque sirio. Él estaba en una posición difícil: herido, con un ejército agresivo y exitoso dirigiéndose rápidamente a Jerusalén. Le resultó difícil confiar en Dios en esta posición difícil porque dejó de confiar en Dios en circunstancias más sencillas tiempo atrás.
No hay ningún registro de arrepentimiento de parte de Joás. Nunca regresó ni cumplió su brillante promesa temprana. Qué pocos de los pocos que comenzaron a vivir para Dios continuaron hasta el final! Es alarmante, y muestra que la bendición de Dios se alejó de este rey tiempo atrás, quien inició tan bien, pero fracasó en terminar bien. El asesinato de Joás a manos de sus oficiales o siervos implica que pudo haber sido el resultado de desafección después de la derrota contra Hazael. Así, la desobediencia trae su propia amarga recompensa; y lo que el pueblo de Dios siembra siempre, de una forma u otra, cosecha. Joás merecía abundantemente su poco glorioso y terrible final.
De esta manera termina un reino lleno de promesas y esperanza al inicio; pero vicioso, cruel y ruinoso al final. Nunca estuvo la mano de justicia de Dios más notablemente estirada en contra de un rey apóstata y un pueblo infiel que en este tiempo.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
